Dec 13

¡Hola!

Aquí te traigo el cartel del Ciclo de Talleres “ENAMÓRATE DE TI” y te animo a escribirme contándome todas tus dudas.

Falta un mes y estoy preparando emocionada todas las sorpresas que te esperan…

Todavía quedan plazas disponibles para las tres opciones (vernos en Barcelona, vernos en Premià de Mar o vernos on-line desde cualquier parte del mundo!!)

¡Abrazos!

Cristna Romero

¡Enamórate de ti!

May 5

 

De vez en cuando recibo preguntas acerca de la presencia de los padres en los Proyectos de Educación Libre. Desde mi experiencia como maestra y madre, pero sobre todo desde mi experiencia en Proyectos donde los padres siempre son bienvenidos.

Y para este tema siempre me muestro igual de radical.

Sí. yo siempre les dejaría la puerta abierta.

Nos hemos acostumbrado a la idea de que los niños y las niñas pasen horas separados de su madre y su padre pero eso es una cuestión cultural, social, pero no responde a una necesidad – ni a una demanda- de la infancia.

Que hayamos interiorizado y dejado de cuestionar el sistema educativo actual, en el que tras un periodo de “adaptación” la madre o la figura de apego ya no sea bienvenida junto al niño, no nos haga justificar lo injustificable.

Que los niños se acaben adaptando a una situación que no prioriza sus necesidades y sí las de este Sistema capitalista y adultocentrista no nos haga perder la perspectiva…

La familia es el mejor lugar para crecer.

Los niños necesitan a sus figuras de apego (su madre, su padre…) y podemos tratar de que estén lo mejor posible junto a otros adultos y así puede llegar a estar, pero su familia nunca estará de más. Siempre será una presencia beneficiosa para los niños.

Vivimos en un mundo donde se hace necesario poner más amor en circulación, cuidar de los vínculos rotos, inseguros, que tienen nuestros niños… Pero nuestra sociedad los quiere alejar precozmente de los brazos y del cuerpo de la madre, promocionando la institucionalización de la criatura humana.

Para dejar fuera a la madre o al padre de un niño, me pueden argumentar que hay falta de espacio para todos.

Que los maestros o educadores se sienten más libres y cómodos trabajando solos…

Pero que nadie nos venda la moto de que a los niños les va mejor para el desarrollo de su autonomía estar sin sus padres.

Los niños –y ojo que hablo de cualquier edad- si pudieran decidir algo, si alguien les preguntara, preferirían que alguna de sus figuras de apego estuviera cerca. O al menos de tanto en tanto…

Es este Sistema económico el que ha organizado la vida de las personas en función de criterios de alta productividad y bajos costes. Es este Sistema Educativo el que ha organizado una modalidad “a granel” en la que varios (o muchos) niños de edad similar están acompañados por una persona adulta. Mientras así sus padres pueden volver al engranaje.

L@s maestr@s (que a su vez muchas veces han dejado a sus propios hijos en manos de otr@s compañer@s) son las personas encargadas de sostener este difícil equilibrio.

Y qué decir de lo difícil y doloroso que es empatizar con un niño y su madre que no quieren separarse, cuando tú misma no te has podido permitir seguir junto a tu hij@…

Por mucha buena voluntad que tenga esa persona y por muchas ganas que tenga de atender las necesidades de esos niños y niñas, ¡qué beneficioso resultaría el apoyo de los familiares de esos niños!

Desde mi experiencia eso siempre ha resultado enriquecedor y positivo para todos los niños.

Tanto con niños de 2 a 6 años en Moixaina, como con niños de 6 a 12 en la Escuela Liberi.

Para los niños que estaban acompañados allí por sus propios familiares y para los que no. Porque siempre hay quien me argumenta: “Es que no todas las familias podrían estar, así que lo mejor es que no esté nadie…”. Pues según mi experiencia, cuando hay un adulto disponible y con la actitud de cuidar, no solo se beneficia el niño de su familia, sino todos los demás. Y también aumenta la tranquilidad de la persona que trabaja como acompañante, pues se sabe acompañada.

Pero los educadores tenemos muchos límites mentales al respecto. Queremos trabajar con niños pero no con sus padres. Y para mí son un pack indivisible.

Es en tribu que los niños pueden crecer desarrollando su potencial para ser felices.

Las madres y los padres también tenemos que acortar distancias, sin abrumadoras expectativas en la otra persona. Quizás tenemos que aprender a sentirnos en el mismo barco, nadie mejor que nadie, todos a favor del bienestar y la felicidad de la criatura humana…

Dejando a un lado los juicios, las críticas y la falsa idea de separación.

Estar acompañados es una necesidad de los niños, pero va más allá.

Las madres (y los padres) también necesitamos otras madres con quienes compartir nuestro pesar y nuestras dudas, nuestros anhelos y nuestra alegría… Eso a su vez se une a que los niños junto a otros niños no nos demandan tanto y se sienten alegres al compartir experiencias con otros iguales…

Imagen de la Tribu

Todos necesitamos crecer en Tribu.

Ojalá que en las Escuelas haya espacio suficiente para todos, que encontremos lugares con naturaleza y donde los padres quepan desahogadamente… ¡Eso es de lo más necesario a la hora de buscar un espacio para los niños!

Espacios donde quepa la Tribu.

Pero las Escuelas nunca quieren ser espacios de crianza. Prefieren separar a los niños de sus madres y encargarse de su educación.

A mí me parece absurdo.

Es posible una convivencia armoniosa. Estoy de acuerdo en que los adultos estén enfocados y con mirada a las necesidades de los niños. En que sea claramente un espacio prioritario para los niños: conscientes de que nuestra voz y nuestro cuerpo adultos convivan respetuosamente en el espacio con los más pequeños. Pero sin rigideces y normas estrictas que anulen la naturalidad y la vitalidad de los adultos.

(Los acompañantes, sin darnos cuenta, muchas veces recortamos a los adultos en exceso para cuidar a los niños, y acabamos ofreciéndoles migajas de adultos, no adultos reales, de carne y hueso)

Es la propia Tribu la que moldea la actitud más beneficiosa para todos, por contacto directo, por ósmosis, sin demasiada necesidad de normas y charlas a los que llegan por primera vez.

Vienes, ves, respiras el ambiente y lo captas. Poco a poco encuentras tu lugar en un espacio donde nadie te va a juzgar y donde eres bienvenido. Para todo el horario y todos los días o cuando tú puedas, aunque sea un momentito.

Siempre habrá madres, padres o abuelos que quieran pasar un rato junto a los niños y yo no desestimaría esa ayuda y ese regalo para los pequeños en ningún momento.

Que sean las circunstancias laborales o vitales quienes limiten esa presencia, pero no los educadores, quienes, al fin y al cabo, velan por las necesidades de alimento afectivo de la criatura humana…

Y recordemos que el mejor hábitat para crecer los niños es su familia y no la Escuela. A no ser que coincidan.

Cristina Romero

 

Dec 6

Recuerdo que una noche mientras escribía el “Pintará los soles” me quedé dormida en el sofá con el ordenador a media frase y tuve un sueño muy especial…

Yo era un dragón volador, blanco y con larga cola, que estaba también en el mismo sofá y me iba volando por el pasillo hacia la cama…

Sentí claramente un gran poder, una gran fuerza vital, una inmensa alegría…

Al llegar volando a la cama vi a mi compañero Sergio y a mis dos hijos dormidos felizmente en la cama familiar…

Fue un sueño fugaz como una estrella, pero tan real que me desperté bañada en sudor y con una energía y una alegría infinitas.

La sonrisa de aquel dragón permaneció dentro de mí por largo tiempo… y me dejó el recuerdo vibrante de su poder…

El mismo poder que habita en todo ser humano que  llega a este mundo… Y que puede que inmerso en este entorno y  este sistema acabe por olvidar… (a veces desde las primeras experiencias vitales)

Dentro de este sistema hostil se encuentra el actual modelo de Escuela tal y como la conocemos…

Y quizás pienses que no existe otra forma de “educar”… Pero de veras… ¡Existen otras experiencias, otros caminos… para acompañar en plenitud a la infancia..!

Y es mi intención compartir esa otra mirada contigo, desde mi nuevo libro:

Imagen de la portada del libro "Una rEVOLución en la escuela - Despetando al Dragón Dormido" "

Un libro para toda aquella persona que acompaña a la infancia… para recordar  a cada oveja su gran poder como Dragón… (Si el entorno y el Sistema le han hecho olvidar)

El libro ya está disponible en pre venta desde la web de la Editorial OB STARE

Y desde la página del libro en facebook te invito al sorteo de dos ejemplares:)

Es mi deseo que este libro contribuya al cambio que ya está latente y que nuestros niños tanto necesitan… (y que como adultos que les acompañamos  anhelamos tan profundamente…)

Es tiempo de revoluciones… internas y externas… Y la Escuela, inmersa en el Sistema Educativo actual, está haciendo la suya… Desde cada niñ@, desde cada maestr@, desde cada padre, desde cada madre…

¡Gracias por tu propia rEVOLución!

Aquí te dejo la CONTRAPORTADA, el Indice y el Primer Capítulo:

Contraportada del libro “Una Revolución en la Escuela”

ÍNDICE
Introducción
Interrogantes y peticiones infantiles antes de entrar en la escuela
Capítulo 1: El programa de aprendizaje interno
Capítulo 2: Aprender desligado de enseñar
Capítulo 3: La libertad de aprendizaje
Capítulo 4: Una mirada histórica
Capítulo 5: El Amor en la escuela
Capítulo 6: El lugar de la familia
Capítulo 7: De maestros a acompañantes
Capítulo 8: Los dragones dormidos
Capítulo 9: Sobre estrategias escolares invisibles adormilantes
Capítulo 10: El despertar
Capítulo 11: Qué esperar de un Dragón

Capítulo 1: El programa de aprendizaje interno

Lo único que interfiere en mi aprendizaje
es mi Educación, Albert Einstein.
Los adultos estamos tan acostumbrados a dirigir y guiar a los niños que incluso creemos que les estamos ayudando. Con toda la buena intención, buscamos cómo rellenarles su día a día con nuestras propuestas y actividades de lo más interesantes y estimulantes para que no se aburran, para que aprendan mucho, para que tengan una buena educación…
Desconocemos que les estamos distrayendo y alejando de su propio programa interno de aprendizaje. Y que cada vez esperarán más que les entretenga desde afuera en lugar de conectar con su escucha interna. Pero los niños vienen capacitados para guiar óptimamente su aprendizaje desde adentro. Si los adultos que los acompañamos así se lo permitimos…
Cuando un niño empieza a ser guiado en lo que «le conviene» aprender, pospone su propio programa interno de aprendizaje y delega el desarrollo de su potencial de su plan de ruta en manos de los adultos. Los adultos se convierten entonces en «quienes saben», y tienen la responsabilidad sobre el propio aprendizaje.
Un niño que desde siempre ha sido respetado en su libertad de aprendizaje es sencillamente capaz de escucharse y seguir los dictados de su corazón. Cuando un niño ha sido continuamente motivado desde el exterior, dirigido desde afuera, aprende a acallar su corazón y esperar indicaciones ajenas.
Pero eso sucede desde la desconfianza de los adultos, según los cuales los niños vienen a perder su tiempo jugando y haciendo cosas que no les convienen. Como si jugar no se correspondiese con un sofisticado mecanismo evolutivo desarrollado por nuestra especie que permite elaborar y comprender el mundo de una manera sencilla y fascinante para los niños…
Los adultos, desde los despachos, elaboramos «currículums» y «programaciones» y pensamos «qué, cómo y cuándo» tenemos que «enseñar» a los niños para que aprendan. Creemos que si no decidimos todo eso, los niños no aprenderán «lo que tienen que aprender».
Nuestras intervenciones educativas están basadas en la desconfianza o el miedo: hacia los niños, hacia nosotros, hacia la vida. El Sistema Educativo que conocemos es un modelo que en su esencia desconfía de la humanidad y de su capacidad de aprendizaje. Es un sistema que limita, modela, dirige, estira y recorta a los niños.
Los adultos dirigimos y pretendemos controlar la vida de los más pequeños. Les decimos qué hacer, qué aprender, por una inconsciente falta de respeto a ellos, a la humanidad, a la vida.
Desvalorizamos todo el gran potencial que llevan dentro para construirse a sí mismos. Desconocemos u olvidamos que cada ser humano dispone de un programa de aprendizaje propio, interno, valioso, único, vivo, legítimo… que necesita ser protegido. Estamos demasiado ocupados y preocupados con nuestros propios objetivos y proyectos para los niños como para permitir y concebir que existan los suyos. Y mucho menos que sus propios deseos o inquietudes sean más adecuados que los que podamos proponerles nosotros…
Pero vayamos poco a poco…
¿Qué es aprender?

¡Gracias y feliz lectura!

Cristina Romero

Jun 14

Hoy me gustaría compartiros una gran experiencia de mi trabajo junto a las familias. Participo desde hace varios años en un proyecto llamado “Anima’t, juga amb ells!” (¡Anímate, juega con ellos!) donde madres, padres e hijos comparten el juego en un espacio escolar junto a dos psicomotricistas.

Se trata de una actividad extraescolar donde no dejas a tu hijo, sino que te apuntas para vivirla junto a él.

Es un regalo para esos niños poder disponer de un tiempo de juego libre junto a sus padres, donde los protagonistas son ellos, su cuerpo, sus emociones, sus necesidades y sus demandas… Dentro de su propia escuela. Todos sin zapatos, con colchonetas, cojines, telas, algunas estructuras de madera, pelotas y poco más.

Imagen padre e hijo en un Anima't

Los padres muchas veces no tenemos tiempo para jugar disponibles con nuestros hijos… Les llevamos al parque para que jueguen con otros niños y en casa nos persiguen con ganas de jugar mientras nosotras vamos haciendo otras cosas…

Nunca parece llegar el momento en que acabemos de hacer todo lo pendiente y al fin tengamos tiempo para dedicarles…

Pero esta actividad extraescolar es como un momento sagrado en la agenda semanal para nuestros hijos. Sin atender al móvil ni otros asuntos…

Para los niños es un espacio de descarga de tensiones acumuladas durante el día, de llenarse de la mirada de mamá o papá (¡o incluso ambos!) y un espacio-tiempo donde  poder escucharse y expresar todo aquello que llevan dentro: a veces enfado, a veces tensión, a veces inseguridad y necesidad de afecto o atención… pero también ganas de construir y crecer con el otro, ganas de saltar obstáculos o volar más lejos…

Cada niño es el protagonista y sus padres están allí para acompañarlo en el juego que él o ella libremente proponga…

Hay familias que construyen casitas, otras juegan a piratas, o a hadas… Hay quien decide saltar hoy de más alto o quien pide que su madre le lleve en tren arrastrándole en una tela…

Hay niños que prefieren colgarse del techo dentro de  esas mismas telas y a modo de crisálida, volver a evocar la sensación que recuerdan de su vivencia en el vientre materno…

Imagen madre e hijo participando en un Anima't

La experiencia dura aproximadamente una hora y media durante unas 6 o 12 sesiones.

Yo he tenido la gran fortuna de participar durante años en muchos “Anima’t” como psicomotricista y en alguno también como madre… y me siguen pareciendo un regalo…

Para cada sesión, en la mochila llevo unos calcetines y mucha confianza en cada niño y en cada madre, grandes dosis de escucha y respeto por el momento vital de cada uno y también la atención puesta en mis propios límites, en los del espacio y en los de cada uno para cuidar de la seguridad de todos los participantes. Bueno y también una barrita de Arnidol (un práctico aplicador de árnica y harpagocitos) que ayuda a que cuando ocurre algún accidente, cada pequeño pueda recibir el mimo mágico de su madre o su padre y seguir jugando –cuando él o ella lo considere-…

Cuando un niño se cae o se golpea, le presto toda mi atención y procuro no usar ningún tipo de estrategia desconectora de la situación, sin invitarle a que deje de llorar con indicaciones más o menos sutiles diciéndole que “ya está, si no es para tanto, si no ha sido nada…” ni ”shhh”… “ya” o ”venga vamos a jugar, que se nos acaba el tiempo”…

Me he dado cuenta de lo poderosos que son esos momentos si son respetados, donde puedan llorar tranquilamente, con la excusa de un golpe, por toda la tensión acumulada durante horas, días, meses y hasta años…

El golpe a menudo es una excusa, sí, como una válvula abierta en la olla exprés.

Y si como madre, padre o psicomotricista, tenemos la paciencia para acoger ese dolor y mimarlo con un masajito de árnica y sostenerlo, sin juicios, comprendiendo la importancia de ese tiempo… ocurre el gran milagro. Y tras la inesperada lluvia todo luego más brillante en ese niño… Que surge de la experiencia con más equilibrio y más confianza, con una sensación colmada de bienestar y cuidado.

Las psicomotricistas estamos allí de apoyo. Como esa mirada que te permite ser y vivir aquello que necesitas, sin juicios. Sin juicios para con los niños, pero sobretodo sin juicios para con sus padres…

Como psicomotricista es vital ese momento en que tienes la oportunidad de transmitir lo importante  que es la confianza en SU saber hacer, en escucharse a si mismos… Tanto los hijos, como los padres…

“Tú eres la especialista”, parecen decirte con su mirada el primer día las madres y los padres cuando llegan. Pero es un objetivo de mi acompañamiento devolver ese poder a la familia, como grandes especialistas en su propio hijo. “Las madres y los padres saben, son los especialistas en acompañar a su hijo”.

Y ese objetivo va de la mano del otro, del de valorar que quien sabe lo que más le conviene hacer y experimentar es cada niño. El adulto está disponible para sus propuestas, pues son esas las que le llevan directamente a donde necesita pasar para seguir creciendo según su propio programa interno… “El niño sabe, y si se lo permitimos, se va convirtiendo en el mejor especialista sobre si mismo”.

Matizaría que en realidad ya nace siendo el mejor especialista sobre si mismo, pero a menudo desde afuera le han dicho tanto “lo que le conviene” y “lo que toca” que ha ido mirando hacia fuera en lugar de hacia si mismo…

Imagen niñito y familias al fondo en la sala de trabajo psicomotriz

Venir al “Anima’t” no es necesario para ningún niño, ni ninguna madre, pero sin duda ha contribuido a fortalecer vínculos afectivos y ha ayudado a proporcionar más bienestar en el día a día de muchas familias…

Esta sociedad se olvida de lo importante por parecer tan simple: Los hijos necesitan a sus padres.

Si esta experiencia te parece interesante, puedes solicitar una parecida –o la misma- allí donde te encuentras, pero sobretodo recuerda que lo más importante YA está a tu alcance: un tiempo SAGRADO de disponibilidad para jugar con tus hijos, a lo que ellos quieran. A poder ser desde el cuerpo, sin demasiados objetos intermedios.

Descalzarse, tumbarse o revolcarse por el suelo, unos cojines, algún colchón y una sonrisa pueden ser ingredientes útiles. (¡Ah! Y la barrita de Arnidol junto a tu disponibilidad para acompañar el llanto y el dolor de tu hijo)

Si lo que deseas es más información sobre el Proyecto  “Anima’t, juga amb ells!” contarte que fue creado por Montse Castellà, maestra y psicomotricista, pionera en creer en la importancia del trabajo como psicomotricistas de apoyo a las familias y no únicamente en el trabajo con niños…

Este programa destinado a familias con hijos desde meses hasta los 6 años de edad, se ha llevado a cabo en Jardines infantiles (0-2) y Escuelas de Educación Infantil (públicas, concertadas y privadas) gracias a varios Ayuntamientos y Escuelas de Cataluña como el Ayuntamiento de Montcada i Reixac, el Ayuntamiento de Sabadell o el Ayuntamiento de Barcelona.

Desde aquí mi agradecimiento a Montse, a mis compañeras psicomotricistas Txell, Sandra y Dolors y sobretodo a todas las madres, padres, abuelas, niños y niñas que todos estos años se han animado a jugar conmigo…

¡Ha sido un gran placer!

Cristina Romero

May 21

Ayer volvimos de Madrid. En un viaje repleto de Magia y sincronicidades.

Para los PRACTICANTES DE SUEÑOS que compartieron conmigo el Taller del sábado, darles de nuevo las GRACIAS y decirles que Sergio pudo llegar a casa.

Y para los que no estabais allí contaros que a última hora, en la rueda de cierre final del Taller, Sergio, que estaba sentado a mi lado cuidando de Elvis (ya de 9 meses), lanzó un alarido y cayó redondo… Con las manos en la espalda.

Por sincronicidades fue a caer de morros junto a una barrita de Arnidol, que quizás Elvis había sacado de mi bolsa. Es como una especie de barra pinta labios pero que contiene Árnica y harpagocitos y que sirve para aliviar el dolor y las contusiones de la piel.  Uso este recurso mágico con los niños a menudo. Pero hasta entonces no con Sergio. Sorprendida, pero con el mismo mimo que gasto con los niños, se la apliqué generosamente por las lumbares.

-“Parece que Sergio también quiere decir algo”- dijo una Practicante de Sueños

-“Ya no sé cómo llamar la atención”- dijo el propio Sergio, divertido, completamente espachurrado en el suelo…

Y yo que no creo en las casualidades, que siempre trato de escuchar lo que me está diciendo la Vida, vine a parar al mismo punto en el que ando últimamente dando vueltas: que en la crianza respetuosa una gran sombra es la pareja.

De hecho, es mi gran agujero negro.

La pareja como sombra porque no nos damos cuenta, ciegas muchas mujeres renacidas como madres, y ciegos muchos hombres renacidos como padres, que tendemos a desequilibrar la balanza y a descuidarnos. Ejerciendo violencia invisible para con nuestro compañero o compañera de viaje. Esa violencia que no da respuesta a las necesidades del otro.

Digo también que la pareja es mi agujero negro por ser ese aspecto de mi misma donde a menudo, por no estar ubicada en el lugar sistémico adecuado, me desvitalizo o dejo de percibir todo el torrente de energía que me corresponde.

De pequeña vi a mi madre dedicarle toda su mirada y su energía al trabajo y sobretodo a la pareja. Ella es una mujer que cuida mucho del hombre que está a su lado. Y eso es algo que de algún modo siempre me incomodó.

Ahora comprendo que algo dentro de mí hizo la lectura equivocada de esta vivencia infantil… Como si en ese sentirme fuera, yo entendiera que era cuestión de elegir: O la pareja o los hijos.

Como si no fuesen compatibles.

Y yo elegí a los hijos. Seguramente para tratar de compensar la propia vivencia infantil. Sin darme cuenta de que eso también era desequilibrio y desatención. Para con mi pareja, para conmigo que tanto me nutro de ese compartir complicidades con mi compañero de Vida e incluso para con mis hijos. Pues los hijos se nutren del Amor de sus padres. De ahí provienen y esa es la matriz que más les nutre.

Los niños me necesitan. Pero me necesitan feliz, nutrida, disponible y presente.

Yo sé cuanto tiene que ver Sergio en que yo me encuentre así.

Desde el Amor compartido con mi pareja, yo surjo nutrida y capaz de ofrecer lo mejor de mi misma a mis hijos y al mundo. Y no hablo solamente del acto sexual, hablo de cómo me nutre cada instante de unión con forma de conversaciones, miradas, bromas, besos o abrazos en el día a día.

Sergio es mi mejor amigo, quien mejor me conoce y con quien más yo misma me siento.

Pero también es quien a menudo dejo para el cuarto puesto en el ranquing…

Es cierto que tampoco dispongo de mucho tiempo para mi misma y que además procuro atender las necesidades de mis tres hijos pequeños… Pero yo siento que hay algo desajustado, dentro de mí. Quizás simplemente la mirada.

Tan pegada a mis hijos, necesito caminar un paso hacia atrás para poder incluir a mi compañero –además de a mis hijos- en mi mirada. Y me da a mí que ese re enfoque también beneficiará a mis hijos.

En las parejas que tienen hijos y que el apego madre-bebé es visto como un mero obstáculo a saltar, donde se da importancia tempranamente a recuperar el tiempo en pareja, se tiende a desatender las necesidades de los niños a favor de las del padre. En la sombra está esa violencia ante las necesidades infantiles.

Pero en la crianza con apego a veces se tarda tanto en volver la mirada a la pareja, que cuando se mira puede que se esté ya tan lejos y desvitalizados…

La pareja, tras la llegada de los hijos necesita reconstruirse. Y necesita ser considerada como valiosa y Sagrada. El Amor de la pareja es la fuente que da de beber a toda la familia.

Yo no lo viví así de niña, porque mi sensación era que mis padres se miraban tan de cerca que en su perspectiva yo no estaba incluida…

Ayer de nuevo Sergio y su dolor de espalda me hicieron caer en la cuenta de que aún necesito seguir reajustándome… No es fácil, sin demasiados referentes a los que agarrarme… Pero ahora siento claramente que es vital y prioritario.

A Sergio le dolió la espalada en medio de un Taller que yo ofrecía sobre vivir y llevar a la práctica aquello que anhelamos. Simbólicamente la espalda está relacionada con los apoyos.

Entre las muchas cosas que me dijo esta experiencia, surgió esta gran pregunta: ¿Apoyo a mi pareja para que viva sus Sueños?

Titubeé mentalmente.

Cuando llegue a viejita y esté al lado de Sergio quiero poder responder claramente que sí, que estuve a su lado todo este tiempo para contribuir a su felicidad, para apoyarle en vivir todo aquello para lo que ha venido a brillar en este mundo… Sea eso lo que sea.

Apoyándole en SUS Sueños, en los que tienen que ver con él y con lo que le hace vivir pleno y satisfecho.

Si me hubiera hecho la pregunta: ¿Apoyo a mis hijos para que vivan sus Sueños? La respuesta afirmativa brotaría con más facilidad…

Ese respeto, esa libertad y esa confianza por la Vida de mis hijos, a menudo se transforma en control cuando me dirijo a su padre…

Esa es mi incoherencia. La parte de mí que necesita transformarse. El lugar donde el Amor pequeño necesita expandirse y convertirse en un Amor grande, incondicional. Amando de veras lo que el otro ES y me muestra. Pues aunque no tengo dudas de lo muchísimo que quiero a mi pareja, podría asemejarlo a ese querer a los hijos que recorta sus alas en lugar de animarles a desplegarlas…

Aquí está mi gran tarea. Y lo curioso del caso es que elegí nacer de una maravillosa mujer de quien tengo mucho que aprender de su entrega y disponibilidad para con su pareja.

Pero como todo siempre guarda su perfección, agradezco las elecciones que tomé hasta ahora en mi camino. De nada me arrepiento. La Vida son experiencias cosidas a una y yo no quisiera recortar ninguna. Tan solo me digo que ahora llega el tiempo de extender mi mano y cogerme a la mano de mi compañero de Vida. Ese con quien hace justo una semana celebramos 18 años juntos (más tiempo juntos que solos en nuestras Vidas). De su mano, que es lo que me pide el corazón y el cuerpo, si me paro a escucharlos…

Se me ocurrió así también, que de vez en cuando, en este Despertar en la Luz Cuidando del Alma Infantil podría dedicarle palabras y energía también a la pareja. A la importancia de escuchar y atender las necesidades de otro adulto… No solamente las de los niños.

Y por supuesto también – para equilibrar toda la balanza- escribir y poner energía al Cuidado de quien Cuida. A ese Amor y ese respeto por una misma… Ese dar valor e importancia a los propios Sueños…

Tengo en mi bolsillo la barrita de Arnidol y me gusta imaginarla como una extensión de mi cuidado, disponible para acompañar a toda la familia (aunque en un principio la compré pensando solamente en los pequeños).

Sergio estará tres días de reposo en la cama. El médico se lo ha recomendado esta mañana. Y yo por mi parte voy a tomármelo como una gran oportunidad que me regala la Vida para cuidarle.

¡Abrazos y GRACIAS por leerme! (A mi me hace tanto bien escribir…)