Dec 28

 

Siendo niña o niño nadie te habló del amor por ti mismo. Seguramente a tu alrededor estaban demasiado ocupados sobreviviendo en el día a día. Pero ese es uno de los puntos más importantes de nuestra existencia. Nacemos totalmente receptivos y alineados con lo que de veras nos importa. Capaces de mostrar nuestras necesidades a los demás. En permanente escucha con nuestro fuero interno. Pero a fuerza de ver como afuera no hay una respuesta a esas demandas, las vamos anulando. Y poco a poco vamos atrofiando esos canales de conexión con nuestro corazón.

Un día llegamos a adultas y descubrimos que tenemos la autoestima por los suelos. Nos vendieron la moto de que cuando encontráramos a nuestra media naranja nos sentiríamos completas o completos. Pero ya no podemos creerlo. La realidad es que nadie va a darnos el amor que no obtuvimos siendo niños. Nadie excepto nosotras y nosotros mismos.

 

Mis palabras de hoy son para animarte a incluir en tus propósitos del año nuevo qué acciones concretas vas a introducir -casi cada día- para mostrarte Amor, del incondicional.

 

¡Eso se reflejará directamente en las otras áreas de tu Vida!

 

Yo me pido y -ya me encargo yo de que así sea- más sol, más tierra y más sonrisas nacidas de la nada en cada uno de mis días.

 

Eso último ha sido un regalo que me trajo la Vida este año: Aprender a elevar la vibración gracias a la sonrisa!

Lo del sol y los pies (o todo el cuerpo) a tierra es algo que seguramente conozco y conoces desde niños… pero por parecer tan sencillo y al alcance, muchas veces olvidamos.

 

¡Abrazos cálidos!

 

Cristina Romero

 

P.D: Desde este mes también me encontrarás escribiendo el editorial de la revista Mente Sana 😉

* Si te gustó este post, quizás te apetezca releer o descubrir el post de Hacerte el Amor tu misma (no solo en lo sexual)

 

Oct 10

Hace cosa de un año que no te escribo desde mi web. Quizás hasta te hayas olvidado de que antes me acercaba a esta ventanilla al mundo para reflexionar en voz alta. Yo misma me había olvidado, como también me había olvidado de muchas otras cosas…

Cosas sencillas, cosas invisibles, cosas de esas que no sueles escribir en una lista de tareas pero que son las que van haciendo poso en tu corazón y lo alimentan como las hojas secas a la tierra.

Durante este año, desde que volví de Argentina, he dedicado muchos esfuerzos y energías en cosas que eran valiosas (no digo que no) pero que si me dan a elegir… prefiero poner como no prioritarias a partir de ahora. Y como el Universo siempre está esperando a que decidamos y nos posicionemos y nos decantemos por un lado de la balanza…

Fue elegir y todo se reorganizó solo para que yo pudiese vivir más en sintonía con lo que de veras me importa.

A veces parece que vivamos como si tuviéramos más vidas…

A veces parece que vivamos de puntillas.

A veces parece que vivamos en modo piloto automático.

A veces parece que vivamos pensando que somos eternos.

A veces parece que vivamos anestesiados.

Esperando que la vida nos de un ultimátum: O vives de verdad, en cuerpo y alma, o seguirás muerta en vida hasta que ya no haya más tiempo.

A algunos es la enfermedad (propia o ajena) la que les rescata del letargo.

A otros es un accidente o un cambio drástico ocurrido fuera de ellos.

Digamos que es la vida la que mueve ficha para que algo dentro de nosotros se despierte.

En mi caso no ha sido así.

Ha hecho falta que vea lo que sí quiero en mi vida y la de los míos y me alinee con ello.

Algo así como escuchar al fin lo que yo sí necesito y quiero.

Qué facil es para los adultos vivir vidas prestadas…

Vidas que nos van grandes, o pequeñas, o que no son realmente las nuestras, las que nuestro ser nos empuja a vivir con todo nuestro fuego.

Mi corazón se expande. Al fin he vuelto a escucharlo…

Me doy cuenta de lo difícil que es acompañar a la infancia plenamente, si los adultos vivimos a medias.

Sabemos lo importante que es que ellos sigan conectados a sus corazones y vivan en armonía con lo que para ellos es valioso e importante pero pretendemos acompañarles dando la espalda a nuestro fuero interno.

¡Será más fácil que la educación y la crianza nos cambien que que las cambiemos nosotros! 🙂

Gracias desde aqui a todos los niños del mundo (especialmente a mis tres soles Pau, Teo y Elvis) por tener tanta paciencia con los adultos y tanta confianza en que algún día, al fin, nos pondremos a su altura para volver a ver lo que de veras es importante en esta vida. Y volveremos a encontrar el camino.

Cristina Romero

 

 

 

Mar 14

La maternidad (como la paternidad) es un billete de vuelta a casa, a esa casa en la que aún viven tus padres de cuando eras niña y que siempre está dentro de ti. Allí encontrarás a tu Niña interior.
Puedes decidir no usar esta oportunidad para Sanarla y Sanarte. Pero tu hijo te invita incansable a realizar ese viaje de vuelta. A Sanar a través de ese nutrirle y amarle.
A veces rehúyes toda una vida ese reencuentro. Te parece demasiado doloroso.
Intuyes que tu Niña Interior sigue ahí, dolida y magullada desde hace tanto tiempo… Enfadada o triste por lo que anheló y nunca recibió.
Aún ahora te acompaña esa duda… ¿merecías o no ese Amor?
Estamos en un mundo pensado y diseñado desde un lugar muy alejado de las verdaderas necesidades infantiles.
De adultos vivimos toda una vida de desconexión con nuestros verdaderos anhelos. Así nos han contado y mostrado que era el mejor camino.
Y de repente la llegada de nuestro hijo, te permite descubrirte como no te conocías.
Descubres ante el llanto o la gran demanda de ese bebé, tan conectado con sus propias necesidades, unas enormes ganas de salir huyendo. O de acallar también sus necesidades…
Crees que no puedes satisfacerlo ni escuchar su dolor… pues te lleva al tuyo propio, al de esa bebé que no recibió todo lo que necesitaba, que la auparan y amamantaran cuanto necesitaba.
Te dices que no puedes. Estás tan tentada a decirle que pare, que eres incapaz de darle lo que te pide…
Tranquila, elijas lo que elijas no es bueno ni malo, es tan sólo experiencia en el camino de la Vida.
Pero si te quedas, si decides sostener y nutrir a ese ser, respetarlo y amarlo sin condiciones, aún apoyándote en tu propia historia como niña… descubrirás en ti todo el potencial nutritivo del universo.
Y puede que por el camino conectes de nuevo con tus verdaderos deseos y necesidades… Y puedas así reenfocarte hacia el verdadero camino de tu Alma.
Quiero compartir contigo que existe la posibilidad en ese proceso (como yo misma creí) de que decidas hacer las cosas “mejor” que tu madre… que te propongas ser “mejor” madre que la tuya…
Pero quiero contarte que ese pensamiento no puede crear raíz en este universo. Ninguna experiencia puede ser comparada con otra y menos en términos de mejor o peor.
Claro que viniste con todas las herramientas para hacer frente a cualquier reto de amor que te propongas, por imposible que parezca. Pero es desde la comprensión y el agradecimiento por las vivencias que nos preceden, que podemos recuperar toda nuestra luz y nuestro potencial.
Y así, gracias a la maternidad, un maravilloso día, a través de tus aparentes errores e incoherencias, comprendes que tu madre también hizo las cosas de la mejor manera que supo y que pudo.
Puedes abrirte al fin -lejos de juicios- a comprender y abrazar esa manera peculiar y única de amarte y acompañarte, que está tan ligada a su vez a como tu misma madre fue acompañada.
Tu hijo no espera que seas una madre perfecta, ya sabe que lo eres.
Espera que lo ames y te ames sin condiciones. También espera que con su amor por la abuela, sepas abrirte a amarla con un amor grande de nuevo.
Tu hijo te lleva con su manita amorosa a viajar de nuevo hacia tu hogar, a sentirte en paz con todo lo que allí viviste. A comprenderlo y abrazarte. Sólo así podrás Sanarte y comprender que no hay nada que culpar, tampoco que perdonar, a los seres que te acompañaron en el camino.
Tu Niña Interior necesita que al volver a casa hagas las paces con tu mundo, que la abraces y la nutras a ella con todo tu amor y tu confianza en la vida. Está agradecida a tu hijo por la oportunidad de Sanación que os regala con su llegada.