Nov 25

Quieres que tus hijos crezcan con una gran autoestima y sabes lo importante que es amarte sin condiciones tú primero.

Es tiempo de desaprender tantas ideas que no nos ayudan a ser felices…

Tiempo de liberarnos de todo lo que no somos para descubrir y construir quienes queremos ser…

Y aquí te traigo con alegría mi nueva propuesta!

Un CICLO DE TALLERES DE AUTOESTIMA PARA MADRES Y PADRES y toda persona que trabaje con niños.

Porque el mejor regalo para tus hijos es ser ejemplo de alguien que se ama con sus luces y sus sombras…

COMPRENDO EL ORIGEN DEL DESAMOR PROPIO. La familia patriarcal, la culpa y la mentira del amor romántico.
CUIDO DE ESE ESPEJO QUE ES MI HIJO. El arte de estar abierta a aprender a su lado y de dar lo que no recibimos.
APRENDO A MIRARME CON AMOR. Cómo quererme si soy en realidad tan imperfecta…
DESCUBRO QUIÉN SOY SIN MIEDO Y SIN MÁSCARAS. Cómo ser auténticamente yo misma…
CAMBIO EL SUFRIMIENTO POR EL PLACER.  Desaprendizaje físico, mental, emocional y recableado cerebral.
RESCATO MI CREATIVIDAD. Y recupero la fortaleza y la vitalidad perdidas…

 

Una misma propuesta en tres modalidades:

Opción 1: Un sábado por la mañana al mes en un grupo de unas 15 personas en Barcelona (junto metro Navas)

14 de  Enero –  4 de febrero –  4 de marzo – 1 de abril –  6 de mayo – 3 de junio

Opción 2: Un sábado por la mañana al mes en un grupo de unas 15 personas en Premià de Mar

21 de  Enero –  11 de febrero –  11 de marzo – 22 de abril – 13 de mayo – 10 de junio

Opción 3: Un sábado por la tarde (hora española) al mes online desde tu casa

28 de  Enero –  18 de febrero – 18 de marzo – 29 de abril –  20 de mayo – 17 de junio

 

Precio del ciclo completo de 6 talleres (presencial u online): 300 euros a ingresar para reserva de plaza

Para más información no dudes en escribirme a: cristinaromeroinfo@gmail.com

¡Será un placer compartir esta experiencia contigo!

Abrazos

Cristina Romero

 

Dec 22

Actualmente las madres y los padres quedan fuera del sistema que ha diseñado nuestra sociedad para educar a nuestros niños.

Nuestra legislación permite y fuerza la separación madre-hijo… Permite que las madres entreguen a sus hijos día tras día a una institución que les diga cómo ser.

Nuestra legislación contempla como obligatorio esta separación y nos asegura plaza dentro de este sistema. (He conocido varios casos de madres que, aun pudiéndose quedar más tiempo junto a su hijo, por no perder la plaza en determinado centro educativo, lo han llevado antes de necesitarlo para volver a trabajar)

Y luego está el miedo a ser penalizado por no llevar a tu hijo a la Escuela…

Nuestra legislación penaliza a una familia que no se ha separado…

El Sistema Educativo cobra (impuestos) y paga (a los profesionales de la educación) por cada niñito que acoge y educa y le dice a su madre…

Ahora tú también puedes volver a formar parte de este engranaje… Vuelve a trabajar, sé productiva y olvídate de tu cría hasta la hora de recogerlo-.

Yendo en contra de nosotras y de nuestros hijos, los acompañamos a la Escuela y los dejamos allí.

A menudo mañana y tarde, día tras día, año tras año, a pesar de que ambos necesitemos lo contrario.

Nuestra sociedad valora muy poco nuestro trabajo como madres y padres. Se valora de ti otro tipo de aporte a la sociedad. Como madre o padre eres menos apreciado que por tu profesión. Te dicen que vuelvas a ocupar tu lugar en el mundo laboral, que tienes menos recursos para cuidar de tus hijos que los que tienen otros… Y que estarán mejor sin ti.

Tú te ocupas de trabajar por el sistema y este ya cuida de tus hijos…

No está contemplado que los padres acompañen a sus hijos…

Esa es aparentemente tarea de personas especialmente formadas para esa labor…

Además no solo es intercambiable la figura materna por cualquier otra con titulación específica, sino que ¡Es preferible esa otra a la materna!

A mí me parece muy fuerte esta idea establecida, pero a mí alrededor contemplo como nadie la cuestiona.

Hemos hecho nuestros eslóganes como “Todos por una educación de calidad” o “Todos por una buena educación para nuestros hijos”

Pensando que lo que más les beneficia son más horas junto a los que saben sobre mí hijo, junto a los profesionales de la educación…

Pero una persona con titulación académica que crea saber lo que le conviene a mi hijo puede mostrar poca empatía, poca afectividad poco respeto por sus procesos…

Pero ahora nadie cuestiona esta idea y olvidamos que hubo una vez en que el lugar más cercano a los niños fue ocupado por su familia. Ésta que hace tiempo fue substituida por profesionales…

Ahora tan solo les acompañamos hasta la puerta de la Escuela. Por las tardes y las vacaciones.

Las madres al parecer ya no saben, ya no pueden.

La sociedad nos obliga a entregar a nuestros hijos, nosotros sus padres no podemos, no sabemos, no debemos acompañarles…

En las Escuelas de Educación Infantil normalizamos (pretendemos mostrar como lo más normal) que los hijos se separen de sus madres.

¿Pero te has planteado que la Escuela se creó como una necesidad paralela a la necesidad laboral de que madres y padres trabajen?

En algún momento histórico se consolidó la idea de que es mejor separar a los niños de sus madres para “educarlos mejor” alejados de ellas.

Poco a poco se fue instalando en nosotros la idea de que los niños aprenden más y mejor, tienen una mejor educación junto a otros que no sean sus propios padres.

“Los niños están mejor en una institución que con su familia.”

Una vez la sociedad acogió esta idea, dejó de cuestionarla y la asumió como establecida.

La sociedad que hemos creado, parece preferir niños y niñas junto a profesionales de la educación, alejados del corazón y el apoyo de sus padres y madres. Alejados del lugar donde los dragones crecen despiertos…

Eso sirvió y sirve para justificar muchísimas actitudes por parte de los profesionales de la educación.

Y a los profesionales de la educación, que erróneamente creemos poseer un conocimiento superior que las madres acerca de sus hijos, nos cuesta soltar también esta idea.

Pero la Escuela es una necesidad externa al niño. El niño no necesita a la Escuela.

El niño no necesita una Escuela cuando cumple 3 años, pero tampoco cuando cumple 6, ni siquiera cuando cumple 12…

Los niños tienen unas necesidades, que van cambiando a medida que van creciendo, unas necesidades que a menudo no necesitan ser cubiertas en la escuela.

Bien. Y En el caso de que el niño necesitara de esa institución, no sería separadamente a sus padres.

Los padres y las madres están capacitados para acompañar con presencia, escucha y respeto las necesidades educativas de sus hijos y a buscar junto a ellos los recursos necesarios para dar respuesta a esas necesidades.

Los padres se quedan fuera por la necesidad de los equipos docentes, que así están acostumbrados a organizar, hacer y deshacer junto a los niños. Alejados de los padres. Siendo los únicos referentes.

Los padres se quedan fuera por una necesidad del sistema productivo, que así hemos precariamente organizado… Pues cuando tenemos hijos, en muchos casos, ambos progenitores necesitan incorporarse a su puesto para poder tirar adelante económicamente.

Pero que esas circunstancias no nos hagan perder de vista que si estamos separados de nuestros hijos y nos quedamos fuera de la Escuela, es por una necesidad ajena a la de nuestros hijos.

Y a este punto me gustaría tratar el tema de la autonomía, que parece estar tan ligada a los motivos por los cuales los profesionales de la educación preferimos niños sin sus padres…

No, tampoco es porque nuestra presencia interfiera negativamente en su aprendizaje o en el desarrollo de su autonomía…

Los padres no interferimos en el desarrollo de su autonomía por acompañarles en la Escuela.

En cambio quiero resaltar la importancia del vínculo afectivo, estrecho, fuerte… y lo  estrechamente ligado que está con unos hijos seguros.

Pero parece que el sistema educativo asocia la presencia de las familias a niños con dificultades para el desarrollo de su autonomía…

Como si los niños necesitan cierto desamparo afectivo para hacerse autónomos… Pero no es así. Los niños con padres que les acompañan emocionalmente, son niños autónomos.

En las Escuelas justificamos intervenciones educativas y actuaciones por el bien de la autonomía infantil. Como si a la autonomía hubiese que estirarla o empujarla desde afuera para que apareciera. Esa es la autonomía vista desde el interés adulto.

Pero si estamos atentos, como con el resto del aprendizaje, observaremos que los niños reivindican su autonomía desde bien temprano: -me lo pongo yo-… -yo solo- y somos los adultos con nuestras prisas y nuestros propios objetivos por delante los que la anulamos cuando se activa…

Más luego nos creemos que todo lo hacemos para que aparezca… Como si no fuera cosa del propio programa interno de cada niño. Al igual que en los demás animales.

Quitémonos esa idea absurda de que la afectividad crea niños dependientes y desequilibrados emocionalmente.

Unos vínculos afectivos seguros son la base firme sobre la que se construyen la inteligencia y los procesos de aprendizaje.

Es necesario y uno de los principales objetivos a marcarse, que toda la comunidad educativa vele por el bienestar emocional de los niños y jóvenes que acompañamos.

La presencia de las madres y los padres, con un papel importante y activo en el proyecto, puede ser de gran ayuda contribuyendo y sumándose a la tarea de los docentes en este objetivo.

Los niños que llamamos nuestros alumnos, necesitan de su presencia y acompañamiento mucho más que a nosotros.

Dejemos de decirles que ya no son necesarios ni importantes para el acompañamiento de sus hijos…

Vemos claramente ese mensaje por ejemplo en la llamada “Adaptación”.  Ese período primero en que se contempla una dinámica muy diferente a lo que será la realidad escolar del niño, donde tiene más cabida la familia en la Escuela y a su vez menos presencia del niño en la misma, para ir aumentando progresivamente la presencia del niño en la Escuela y disminuyendo la de la familia.

En muchas escuelas no existe ni siquiera esta posibilidad. Pero algunas Escuelas permiten cierta “adaptación” del niño y de la madre…

Y me gustaría señalar el “cierta” por considerarla escasa y bajo las consignas de la maestra o desde la  atención a las necesidades de la maestra o del sistema y no las de la madre o el niño.

En este asunto de la separación madre-hijo queda establecido como incuestionable que saben más los “especialistas”, no el niño ni la madre…

Se contempla la adaptación como un tiempo progresivo de mayor separación. Donde lo deseable es esta separación y a ser posible lo más rápido posible y lo menos llorada posible.

Yo misma me he encontrado consolando a niñitos y a madres en este “bien intencionado” proceso de adaptación.

Se presupone que es lo adecuado, lo conveniente, incluso lo necesario por el bien del niño…

Así las maestras de educación infantil podemos dormir tranquilas tras un día de llantos desconsolados de niñitos que reclaman a sus madres… Porque hemos sido capaces de convencernos a nosotras mismas de que todo era por el bien del niño.

Se siguen separando niños de madres sin vacilaciones, sin remordimientos. Porque todos siguen creyendo que los niños están mejor lejos de sus madres.

Y a nosotras las madres, desde el otro lado del muro, nos pasa lo mismo. Nacemos, crecemos y servimos en un sistema que nos hace creer que lo mejor, lo que nos conviene, es acallar nuestros apegos por los hijos, que son dañinos para ellos y para nosotras.

Pero yo era una madre que tenía el título oficial… Y pude abrir los ojos ante esta situación extraña.

Creo que estamos sirviendo a este Sistema sin cuestionarlo y sin cambiarlo por ignorancia.

La temprana separación provoca estrés emocional, bloqueo, falta de empatía, dificultad para conectar con el dolor o el placer…

¿Qué es temprano? Temprano es antes de que cada niño y su madre decidan que es el momento.

No es cuando la maestra lo decida o cuando el equipo directivo marque.

El Sistema que hemos creado prevé diferentes momentos para esta separación, que nadie discute o cuestiona.

Puede darse desde los 4 meses de vida en un Jardín de Infancia…

Puede darse al entrar a determinadas Escuelas alternativas a los 2 años…

Puede darse al entrar a la Escuela con 3 años o quizás con 6 años…

El niño llega en el seno familiar, pero tarde o temprano el sistema lo espera para educarlo.

Existe –digo yo- la idea de que las familias van a educar mal a sus niños…

Tal vez se tema que los niños en sus familias se conviertan en unos “malcriados” o que no se socialicen adecuadamente o ves a saber qué otros absurdos riesgos…

Afortunadamente ya somos muchas las familias que ya pasamos por enriquecedoras experiencias donde quienes acompañan en sus procesos a los niños, son los padres.

Pero esta idea no cabe dentro del sistema educativo actual.

Como maestra ya recuerdo comprender la importancia de abrir siempre, permanentemente, las puertas a las familias, pero no ver el cómo…

Aunque muchas escuelas los tienen en cuenta, o al menos esa sensación se desprende al leer su ideario o al asistir a la primera reunión… Casi siempre las familias topan con grandes barreras y condiciones a su participación…

También les decimos a las familias (como a sus hijos) cómo, cuándo y dónde participar…

Casi siempre son bienvenidas en asuntos de gestión del comedor, el autocar, las actividades extraescolares, algunas fiestas… Asuntos considerados de menor responsabilidad educativa… O de acción más indirecta sobre la educación de los niños…

Conozco algunos proyectos que redujeron algunos de sus límites… y más allá de colaboración con el equipo docente organizando las fiestas del calendario anual, colaborando en actividades programadas puntuales, acompañando salidas y excursiones  y gestionando actividades extraescolares… también ofrecen a madres, padres u otros familiares la posibilidad de estar un tiempo acotado al principio del día acompañando a sus hijos y luego pueden permanecer -dentro de un lugar especialmente habilitado llamado “espacio familiar”- en la propia Escuela de sus hijos.

Es un pequeño paso adelante que agradezco, pero que siento insuficiente.

Somos muchos los padres que hemos elegido una crianza respetuosa, desde la escucha a sus necesidades y de repente topamos con una institución donde ya no tenemos cabida o pretenden contentarnos o satisfacernos con algunas actividades o propuestas que nos distraigan del verdadero objetivo que tiene nuestro lugar en la escuela: que acompañemos a nuestros hijos.

Hoy en día es una realidad que las familias no encuentran las puertas abiertas de par en par a su participación…

Su presencia es bien entendida dentro de unos límites establecidos por los profesionales de la educación. Más allá de esos límites se le hace ver –de diversas formas- que está de más.

Los maestros hace tiempo que hablamos de abrir más las puertas de la Escuela a las familias. Todos sabemos lo importante que es la implicación de las familias en la Escuela. Pero seguimos teniendo grandes limitaciones mentales al respecto.

Ayudemos a las familias a estar bien, acompañémosles en la crianza de sus hijos, recordémosles que sí saben, que sí pueden y contribuyamos a aumentar la confianza en su saber hacer, en ellos mismos.

Y nosotras las familias recordemos que escucharnos y escuchar a nuestros hijos nos recoloca en la adecuada dirección.

Que yendo a favor de nuestra naturaleza es ir a favor de la vida, a pesar de lo que nos diga un Sistema educativo caduco…

 

Cristina Romero

 

Aug 4

 

A veces me sorprendo escuchando en la radio o leyendo en algún medio de comunicación tan poca perspectiva crítica y constructiva hacia el mundo educativo.

Las cosas van mal y oigo que se nos reclama atornillar más a los niños, más horas en la escuela, empezar cuanto antes, que cada vez tengan menos tiempo libre… Más deberes, clases particulares…

Cuando personas con carreras universitarias no tienen trabajo ni vivienda propia, se les invita a que sigan formándose… Increíble… Nadie plantea que esta sociedad crea carriles de única dirección, como promesa de un futuro mejor, pero que una vez llegamos al final… esa promesa jamás se cumple.

Pocos apuntan que la crisis muestra claramente el engaño,  que en nuestro modelo de progreso hemos renunciado todos (niños y adultos)  a aspectos muy básicos y de vital importancia para nuestra felicidad y bienestar.

Pero nos cuesta verlo… Hemos integrado este tipo de sociedad como la única posible.

Cuando los niños dan muestras de saturación y colapso, de profundo malestar, tratamos de hacerles pasar por el aro con toda clase de herramientas a nuestro alcance: castigos, chantajes, amenazas, medicaciones… Desplegamos todo tipo de profesionales ( maestros, psicólogos, psiquiatras…) que se ponen en marcha para apuntalar este sistema y que nada cambie. Que sea el niño el que -a pesar de sus protestas- acabe adaptándose…

Pero quizás llegará el día en que los propios “profesionales” de la educación, desde su propio malestar y su profunda necesidad de coherencia, digan BASTA.

Basta de ser los apuntaladores de este sistema, los transmisores de un modelo profundamente violento con las necesidades reales de niños, jóvenes y adultos.

Basta a servir a un sistema que no está al servicio del ser humano, un sistema que bajo la falsa promesa de un futuro mejor nos pide y nos roba el presente. Un sistema que busca de nosotros que seamos productivos, pero por encima de eso: que seamos consumistas. Que nuestro profundo malestar existencial sea canalizado hacia consumos varios, que poco tienen que ver con nuestras necesidades reales. Y que nos creamos libres.

Ante esta crisis recibimos mensajes con la intención de que nos quedemos paralizados, dando las gracias por el estado del bienestar en el que vivimos…

Incluso se nos amenaza sutilmente con guerras creadas en otros países y que colateralmente sirven para que justifiquemos, desde nuestras vidas robadas, un sistema basado en el miedo y el control…

Pero afortunadamente cada vez son más las voces discordantes que se alzan por un mundo mejor. A pesar de las presiones del propio sistema,  que trata de controlar que nada cambie, a través del miedo y la desesperanza…

Hablemos, dialoguemos, abrámonos a nuevas maneras de mirar y vivir la vida. Más respetuosas y conscientes. Sin aferrarnos a lo conocido como lo único válido…

Tengamos paciencia por el camino, con nosotras y nosotros mismos, cuando a pesar de nuestras ganas de hacer las cosas de manera diferente, sigamos repitiendo lo que vivimos siendo niños… Los cambios de paradigma se van trazando lentamente a través de diversas generaciones…

Si verdaderamente queremos un cambio, necesitaremos poner mucho Amor en circulación, empezando para con nosotros mismos…

Y unámosnos, necesitaremos recordar que no estamos solas y solos en el camino…

Cristina Romero

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May 5

 

De vez en cuando recibo preguntas acerca de la presencia de los padres en los Proyectos de Educación Libre. Desde mi experiencia como maestra y madre, pero sobre todo desde mi experiencia en Proyectos donde los padres siempre son bienvenidos.

Y para este tema siempre me muestro igual de radical.

Sí. yo siempre les dejaría la puerta abierta.

Nos hemos acostumbrado a la idea de que los niños y las niñas pasen horas separados de su madre y su padre pero eso es una cuestión cultural, social, pero no responde a una necesidad – ni a una demanda- de la infancia.

Que hayamos interiorizado y dejado de cuestionar el sistema educativo actual, en el que tras un periodo de “adaptación” la madre o la figura de apego ya no sea bienvenida junto al niño, no nos haga justificar lo injustificable.

Que los niños se acaben adaptando a una situación que no prioriza sus necesidades y sí las de este Sistema capitalista y adultocentrista no nos haga perder la perspectiva…

La familia es el mejor lugar para crecer.

Los niños necesitan a sus figuras de apego (su madre, su padre…) y podemos tratar de que estén lo mejor posible junto a otros adultos y así puede llegar a estar, pero su familia nunca estará de más. Siempre será una presencia beneficiosa para los niños.

Vivimos en un mundo donde se hace necesario poner más amor en circulación, cuidar de los vínculos rotos, inseguros, que tienen nuestros niños… Pero nuestra sociedad los quiere alejar precozmente de los brazos y del cuerpo de la madre, promocionando la institucionalización de la criatura humana.

Para dejar fuera a la madre o al padre de un niño, me pueden argumentar que hay falta de espacio para todos.

Que los maestros o educadores se sienten más libres y cómodos trabajando solos…

Pero que nadie nos venda la moto de que a los niños les va mejor para el desarrollo de su autonomía estar sin sus padres.

Los niños –y ojo que hablo de cualquier edad- si pudieran decidir algo, si alguien les preguntara, preferirían que alguna de sus figuras de apego estuviera cerca. O al menos de tanto en tanto…

Es este Sistema económico el que ha organizado la vida de las personas en función de criterios de alta productividad y bajos costes. Es este Sistema Educativo el que ha organizado una modalidad “a granel” en la que varios (o muchos) niños de edad similar están acompañados por una persona adulta. Mientras así sus padres pueden volver al engranaje.

L@s maestr@s (que a su vez muchas veces han dejado a sus propios hijos en manos de otr@s compañer@s) son las personas encargadas de sostener este difícil equilibrio.

Y qué decir de lo difícil y doloroso que es empatizar con un niño y su madre que no quieren separarse, cuando tú misma no te has podido permitir seguir junto a tu hij@…

Por mucha buena voluntad que tenga esa persona y por muchas ganas que tenga de atender las necesidades de esos niños y niñas, ¡qué beneficioso resultaría el apoyo de los familiares de esos niños!

Desde mi experiencia eso siempre ha resultado enriquecedor y positivo para todos los niños.

Tanto con niños de 2 a 6 años en Moixaina, como con niños de 6 a 12 en la Escuela Liberi.

Para los niños que estaban acompañados allí por sus propios familiares y para los que no. Porque siempre hay quien me argumenta: “Es que no todas las familias podrían estar, así que lo mejor es que no esté nadie…”. Pues según mi experiencia, cuando hay un adulto disponible y con la actitud de cuidar, no solo se beneficia el niño de su familia, sino todos los demás. Y también aumenta la tranquilidad de la persona que trabaja como acompañante, pues se sabe acompañada.

Pero los educadores tenemos muchos límites mentales al respecto. Queremos trabajar con niños pero no con sus padres. Y para mí son un pack indivisible.

Es en tribu que los niños pueden crecer desarrollando su potencial para ser felices.

Las madres y los padres también tenemos que acortar distancias, sin abrumadoras expectativas en la otra persona. Quizás tenemos que aprender a sentirnos en el mismo barco, nadie mejor que nadie, todos a favor del bienestar y la felicidad de la criatura humana…

Dejando a un lado los juicios, las críticas y la falsa idea de separación.

Estar acompañados es una necesidad de los niños, pero va más allá.

Las madres (y los padres) también necesitamos otras madres con quienes compartir nuestro pesar y nuestras dudas, nuestros anhelos y nuestra alegría… Eso a su vez se une a que los niños junto a otros niños no nos demandan tanto y se sienten alegres al compartir experiencias con otros iguales…

Imagen de la Tribu

Todos necesitamos crecer en Tribu.

Ojalá que en las Escuelas haya espacio suficiente para todos, que encontremos lugares con naturaleza y donde los padres quepan desahogadamente… ¡Eso es de lo más necesario a la hora de buscar un espacio para los niños!

Espacios donde quepa la Tribu.

Pero las Escuelas nunca quieren ser espacios de crianza. Prefieren separar a los niños de sus madres y encargarse de su educación.

A mí me parece absurdo.

Es posible una convivencia armoniosa. Estoy de acuerdo en que los adultos estén enfocados y con mirada a las necesidades de los niños. En que sea claramente un espacio prioritario para los niños: conscientes de que nuestra voz y nuestro cuerpo adultos convivan respetuosamente en el espacio con los más pequeños. Pero sin rigideces y normas estrictas que anulen la naturalidad y la vitalidad de los adultos.

(Los acompañantes, sin darnos cuenta, muchas veces recortamos a los adultos en exceso para cuidar a los niños, y acabamos ofreciéndoles migajas de adultos, no adultos reales, de carne y hueso)

Es la propia Tribu la que moldea la actitud más beneficiosa para todos, por contacto directo, por ósmosis, sin demasiada necesidad de normas y charlas a los que llegan por primera vez.

Vienes, ves, respiras el ambiente y lo captas. Poco a poco encuentras tu lugar en un espacio donde nadie te va a juzgar y donde eres bienvenido. Para todo el horario y todos los días o cuando tú puedas, aunque sea un momentito.

Siempre habrá madres, padres o abuelos que quieran pasar un rato junto a los niños y yo no desestimaría esa ayuda y ese regalo para los pequeños en ningún momento.

Que sean las circunstancias laborales o vitales quienes limiten esa presencia, pero no los educadores, quienes, al fin y al cabo, velan por las necesidades de alimento afectivo de la criatura humana…

Y recordemos que el mejor hábitat para crecer los niños es su familia y no la Escuela. A no ser que coincidan.

Cristina Romero

 

May 11

Me gustaría compartir mis impresiones acerca del vídeo y el debate en el que participó nuestra Escuela Liberi y aquí te las traigo…

Con respecto al vídeo, la única pregunta que les hice cuando me dijeron que ya tenían material suficiente y que se marchaban, fue si habían grabado imágenes con las familias.

Nuestra Escuela es una Escuela libre de Primaria, para niños de 6 a 12 años y para sus familias. Y lo digo  en el sentido más absoluto de la expresión, pues las puertas están literalmente abiertas durante todo el horario, todos los días del calendario escolar, para que los niños y niñas puedan estar acompañad@s también por su familia si así pueden y quieren (y eso también incluye –por supuesto- a sus hermanitos).

Los niños necesitan prioritariamente crecer y estar acompañados por su familia. Y es fruto de las circunstancias económicas y culturales que se encuentren entre “profesionales” e instituciones…

Pero la educación a granel no es nuestra opción.

La Escuela Liberi es una iniciativa privada que nace de la voluntad de un padre Manel Martínez y una madre Ana Rodrigo de ofrecerles a sus hijas la Escuela que soñaban. Pero no para dejarlas allí y marcharse.

Liberi viene de una clara convicción de la importancia de la crianza con apego…

Las maestras tampoco nos separamos de nuestros propios hijos para cuidar de otr@s niñ@s… Es una cuestión de coherencia. Yo misma voy a la Escuela junto a mis tres hijos: Pau, ¡que sale en el vídeo con su sombrero negro! (2005), Teo (2008) , Elvis (2011) y también con su padre, quien comparte conmigo el cuidado de mis hijos más pequeños en Liberi…

Es quizás otra de las cosas más insólitas de ver en Liberi: a una maestra dando la teta o sosteniendo a su pequeño de año y medio rodeada de l@s demás niñ@s. (Eso no se ve en las imágenes, quizás para la próxima ocasión…)

Nuestra experiencia, tal y como salió, ya puede servir para ampliar la mirada y ver que las cosas pueden ser de otra manera, más respetuosa.

Me gustaría destacarte del vídeo que salen niñ@s sin hacer, sin producir, tan solo mirando a la cámara o a los otros niños.

Eso real en Liberi.

Los niños y niñas jamás nos rinden cuentas de lo que hacen o no a lo largo del día… Pueden elegir entrar o no pisar ningún espacio interior y quedarse por fuera. Si te fijas verás las puertas abiertas en los espacios. Abiertas de un espacio a otro pero también hacia el formidable jardín, que es muchísimo más precioso aún de lo que cuentan las imágenes:)

Las preguntas que me hicieron y las que hubo en el debate, giraban en torno al aspecto curricular o académico, a si l@s niños saldrán preparados para la Secundaria… Pero nuestro gran objetivo, aunque somos una escuela legal que entra en las reglas del juego del sistema educativo, es que los niños y niñas sean felices.  Simplemente devolverles la infancia para que la puedan ocuparla en sus verdaderos asuntos.

“Os pido que respetéis nuestra libertad para aprender, cada uno y cada una a nuestra manera, lo que es ser y estar vivos.
¿Os hacéis una idea de lo ligado que está ese respeto por el proceso de cada uno con su felicidad?
Decidme lo que tengo que hacer y vivir, pero no me pidáis que sea feliz.
Dejadme hacer lo que necesito hacer y vivir en esta vida y me veréis feliz.”

(Del libro “Una rEVOLución en la Escuela – Despertando al Dragón Dormido” de Editorial Ob Stare)

Viendo las imágenes me doy cuenta de que la experiencia vivida y lo que ES Liberi no se puede transmitir sin vivirlo en propia piel… Aún así desde aquí me gustaría AGRADECER al equipo de La 2 su edición de las imágenes, que desprenden mucho cariño en su mirada.

Con respecto al debate, nada que decir, creo que las cosas se vieron por si mismas. Bueno tan solo añadir que el sociólogo Ramón Flecha habló de la situación de Finlandia donde destacó aspectos que yo tengo entendidos de otra manera: Desde mi modo de interpretar los altos resultados académicos yo destacaría que  los niños no van a la escuela hasta los 7 años y que luego siguen con el mismo maestro toda la Primaria.

Pero como te decía, nosotr@s no estamos ocupados ni preocupados por los resultados académicos, sino que colocamos nuestra mirada, nuestro cuerpo y nuestro corazón en otro lugar, lo más cercano posible a las necesidades de cada niñ@.

GRACIAS desde aquí a tod@s l@s madres, padres, maestr@s y personas que hacéis posible, desde lo cotidiano, esta rEVOLución del Amor y la Confianza en la infancia. Ojalá tengamos nuevas oportunidades para seguir mostrando cada un@ nuestras experiencias.

Cristina Romero

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La web de la Escola Liberi

Dec 6

Recuerdo que una noche mientras escribía el “Pintará los soles” me quedé dormida en el sofá con el ordenador a media frase y tuve un sueño muy especial…

Yo era un dragón volador, blanco y con larga cola, que estaba también en el mismo sofá y me iba volando por el pasillo hacia la cama…

Sentí claramente un gran poder, una gran fuerza vital, una inmensa alegría…

Al llegar volando a la cama vi a mi compañero Sergio y a mis dos hijos dormidos felizmente en la cama familiar…

Fue un sueño fugaz como una estrella, pero tan real que me desperté bañada en sudor y con una energía y una alegría infinitas.

La sonrisa de aquel dragón permaneció dentro de mí por largo tiempo… y me dejó el recuerdo vibrante de su poder…

El mismo poder que habita en todo ser humano que  llega a este mundo… Y que puede que inmerso en este entorno y  este sistema acabe por olvidar… (a veces desde las primeras experiencias vitales)

Dentro de este sistema hostil se encuentra el actual modelo de Escuela tal y como la conocemos…

Y quizás pienses que no existe otra forma de “educar”… Pero de veras… ¡Existen otras experiencias, otros caminos… para acompañar en plenitud a la infancia..!

Y es mi intención compartir esa otra mirada contigo, desde mi nuevo libro:

Imagen de la portada del libro "Una rEVOLución en la escuela - Despetando al Dragón Dormido" "

Un libro para toda aquella persona que acompaña a la infancia… para recordar  a cada oveja su gran poder como Dragón… (Si el entorno y el Sistema le han hecho olvidar)

El libro ya está disponible en pre venta desde la web de la Editorial OB STARE

Y desde la página del libro en facebook te invito al sorteo de dos ejemplares:)

Es mi deseo que este libro contribuya al cambio que ya está latente y que nuestros niños tanto necesitan… (y que como adultos que les acompañamos  anhelamos tan profundamente…)

Es tiempo de revoluciones… internas y externas… Y la Escuela, inmersa en el Sistema Educativo actual, está haciendo la suya… Desde cada niñ@, desde cada maestr@, desde cada padre, desde cada madre…

¡Gracias por tu propia rEVOLución!

Aquí te dejo la CONTRAPORTADA, el Indice y el Primer Capítulo:

Contraportada del libro “Una Revolución en la Escuela”

ÍNDICE
Introducción
Interrogantes y peticiones infantiles antes de entrar en la escuela
Capítulo 1: El programa de aprendizaje interno
Capítulo 2: Aprender desligado de enseñar
Capítulo 3: La libertad de aprendizaje
Capítulo 4: Una mirada histórica
Capítulo 5: El Amor en la escuela
Capítulo 6: El lugar de la familia
Capítulo 7: De maestros a acompañantes
Capítulo 8: Los dragones dormidos
Capítulo 9: Sobre estrategias escolares invisibles adormilantes
Capítulo 10: El despertar
Capítulo 11: Qué esperar de un Dragón

Capítulo 1: El programa de aprendizaje interno

Lo único que interfiere en mi aprendizaje
es mi Educación, Albert Einstein.
Los adultos estamos tan acostumbrados a dirigir y guiar a los niños que incluso creemos que les estamos ayudando. Con toda la buena intención, buscamos cómo rellenarles su día a día con nuestras propuestas y actividades de lo más interesantes y estimulantes para que no se aburran, para que aprendan mucho, para que tengan una buena educación…
Desconocemos que les estamos distrayendo y alejando de su propio programa interno de aprendizaje. Y que cada vez esperarán más que les entretenga desde afuera en lugar de conectar con su escucha interna. Pero los niños vienen capacitados para guiar óptimamente su aprendizaje desde adentro. Si los adultos que los acompañamos así se lo permitimos…
Cuando un niño empieza a ser guiado en lo que «le conviene» aprender, pospone su propio programa interno de aprendizaje y delega el desarrollo de su potencial de su plan de ruta en manos de los adultos. Los adultos se convierten entonces en «quienes saben», y tienen la responsabilidad sobre el propio aprendizaje.
Un niño que desde siempre ha sido respetado en su libertad de aprendizaje es sencillamente capaz de escucharse y seguir los dictados de su corazón. Cuando un niño ha sido continuamente motivado desde el exterior, dirigido desde afuera, aprende a acallar su corazón y esperar indicaciones ajenas.
Pero eso sucede desde la desconfianza de los adultos, según los cuales los niños vienen a perder su tiempo jugando y haciendo cosas que no les convienen. Como si jugar no se correspondiese con un sofisticado mecanismo evolutivo desarrollado por nuestra especie que permite elaborar y comprender el mundo de una manera sencilla y fascinante para los niños…
Los adultos, desde los despachos, elaboramos «currículums» y «programaciones» y pensamos «qué, cómo y cuándo» tenemos que «enseñar» a los niños para que aprendan. Creemos que si no decidimos todo eso, los niños no aprenderán «lo que tienen que aprender».
Nuestras intervenciones educativas están basadas en la desconfianza o el miedo: hacia los niños, hacia nosotros, hacia la vida. El Sistema Educativo que conocemos es un modelo que en su esencia desconfía de la humanidad y de su capacidad de aprendizaje. Es un sistema que limita, modela, dirige, estira y recorta a los niños.
Los adultos dirigimos y pretendemos controlar la vida de los más pequeños. Les decimos qué hacer, qué aprender, por una inconsciente falta de respeto a ellos, a la humanidad, a la vida.
Desvalorizamos todo el gran potencial que llevan dentro para construirse a sí mismos. Desconocemos u olvidamos que cada ser humano dispone de un programa de aprendizaje propio, interno, valioso, único, vivo, legítimo… que necesita ser protegido. Estamos demasiado ocupados y preocupados con nuestros propios objetivos y proyectos para los niños como para permitir y concebir que existan los suyos. Y mucho menos que sus propios deseos o inquietudes sean más adecuados que los que podamos proponerles nosotros…
Pero vayamos poco a poco…
¿Qué es aprender?

¡Gracias y feliz lectura!

Cristina Romero

Dec 1

Me compartes que un niño se muestra agresivo en la Escuela
Aunque comprendo tu falta de recursos, de medios a tu alcance para cuidar de la AFECTIVIDAD de tod@s y cada un@ tus alumnos…

Para mi la situación se reduce a formularte una pregunta…

Podemos enjaular a ese niño todo lo posible para sentirnos todos más seguros…
Podemos tratar de anularlo y hasta intentar que se vaya…

Pero también podemos apostar por él… y acompañar su dolor… y mirarlo a los ojos…

Alguien llega a nuestras vidas que nos mueve algo especial…
como ese niño herido que siente que el mundo le da la espalda y contiene tanta rabia y dolor…

Cada Ser que se cruza en tu camino es un regalo, una oportunidad…

Nada está escrito… ni estás obligad@ a nada…

Pero en cada relación existe la misma pregunta:
¿Cuanto Amor estás dispuest@ a poner en circulación?

¿Cuanto de ti estás dispuesto a exponer para que aunque duela… sane?

Seguramente crees que es más cómoda una Escuela sin ese niño…

Una Vida sin nadie que te recuerde tu propio desamparo…

Ese niñito está justo ante ti para preguntarte si crees en él o si lo das por perdido.

Si crees que vale tu tiempo-energía-atención-afecto o si prefieres hacerlo desaparecer de tu Vida… (como tantos han decidido antes que tú)

Parece una decisión intrascendente…

Pero si supieras lo muchísimo que vale ese regalo que puedes hacer a ese Ser…

… Ni siquiera es necesario que le cuentes nada, él sabrá lo que elegiste.

Todo su Ser lo sabrá…

Siéntete libre para no obligarte -ni juzgarte- si eliges reducirlo en tu Vida a su mínima expresión…

Tú  eres un cúmulo de experiencias que te han llevado a esa elección…

Dejar brotar el Amor no es sencillo cuando con ese otro actualizamos nuestros propios miedos…

Pero aunque te parezca difícil quiero contarte un secreto…

Apostar por ese niño herido es apostar por ti mism@

Y creer en ti y en tu capacidad infinita para AMAR y SANARTE… por dolor acumulado que arrastres…

… Gracias hermoso SER por traerme el regalo de tu experiencia…

Nov 12

A veces es difícil estar junto a nuestros hijos con la receptividad y la escucha del que simplemente acompaña, sin pasarnos el rato dirigiendo sus intereses o atiborrándoles de explicaciones que no pueden digerir y que ni siquiera se ajustan a lo que preguntaron.
Cuando un niño desde siempre ha sido respetado, es sencillamente capaz de escucharse y seguir los dictados de su corazón. Cuando un niño ha sido manipulado, chantajeado, dirigido desde afuera… aprende a acallar su corazón y esperar indicaciones desde afuera.
Un bebé tratado sin respeto por sus propios intereses, como por ejemplo cuando los adultos corregían o limitaban sus movimientos al aprender a desplazarse a su ritmo y según su propio interés… va aprendiendo que no es del todo responsabilidad suya el lograr un desarrollo óptimo motriz, y que no se confía en sus propias habilidades…
Cuando más tarde ese niñito empieza a ser guiado verbalmente en lo que “le conviene” aprender, pospone de nuevo su propio programa interno de aprendizaje, y delega el desarrollo de su potencial, de su plan de ruta, en manos de los adultos…
Los adultos se convierten en “quienes saben” y tienen la responsabilidad sobre el propio aprendizaje…
Pero esa idea parte de la concepción desconfiada de los adultos… Según los cuales los niños vienen a perder su tiempo jugando y haciendo cosas que no les convienen… Como si jugar no se correspondiese con un sofisticado mecanismo evolutivo que permite elaborar y comprender el mundo de una manera sencilla y fascinante para los niños…
Los adultos desde los despachos elaboran “Currículums” y piensan “qué, cómo y cuándo” tienen que “enseñar” a los niños para que aprendan.
Creen que si ellos no deciden todo eso… los niños no aprenden “lo que tienen que aprender”…
También invertimos tiempo en “enseñar” creatividad… Pero eso es como enseñar a una chimpancé del zoo a cuidar de su cría…
¿No será mejor permitir el desarrollo natural sin interferir? Así no tendremos que recuperar artificialmente lo que venía “de serie” de una manera genial.
Cada vez somos más los que Confiamos en que todo niño, rodeado de un ambiente rico en experiencias y nutrido de Amor y Respeto es capaz de aprender todo aquello que necesita para ser feliz en este mundo.
Cada vez descubro más iniciativas silenciosas o escandalosas, individuales o grupales, que apuestan por esta CONFIANZA…
¡Confianza en el corazoncito humano! tenga la edad que tenga, pues si nos dejamos guiar por él… vivimos empujados internamente a experimentar aquello que necesitamos realmente, auténticamente…

El corazón –lo dicen estudios científicos- es quien decide.
Cuando decidimos internamente algo, el cerebro espera al corazón.

Pero algún adulto entre los lectores dirá – ¡Ufff… con lo que me cuesta a mí decidirme…!-
Ya decía al principio que si cuando somos niños acallan nuestras propias decisiones, llegamos a adultos esperando indicaciones ajenas…
¡Pero los niños vienen con el tambor de su corazón hablando claro y alto!
Está en nuestra mano acompañarles en este camino respetando sus propios y singulares matices. Aunque nos parezcan absurdos, o aunque no sean como nos gustaría, o aunque parezca que no les llevarán a ninguna parte…
¡Cuánto cuesta amar incondicionalmente…! Pero tal vez si acallamos indicaciones ajenas… todos nuestros corazones coincidan en que es por ahí…

Abrazos