Dec 13

¡Hola!

Aquí te traigo el cartel del Ciclo de Talleres “ENAMÓRATE DE TI” y te animo a escribirme contándome todas tus dudas.

Falta un mes y estoy preparando emocionada todas las sorpresas que te esperan…

Todavía quedan plazas disponibles para las tres opciones (vernos en Barcelona, vernos en Premià de Mar o vernos on-line desde cualquier parte del mundo!!)

¡Abrazos!

Cristna Romero

¡Enamórate de ti!

Nov 25

Quieres que tus hijos crezcan con una gran autoestima y sabes lo importante que es amarte sin condiciones tú primero.

Es tiempo de desaprender tantas ideas que no nos ayudan a ser felices…

Tiempo de liberarnos de todo lo que no somos para descubrir y construir quienes queremos ser…

Y aquí te traigo con alegría mi nueva propuesta!

Un CICLO DE TALLERES DE AUTOESTIMA PARA MADRES Y PADRES y toda persona que trabaje con niños.

Porque el mejor regalo para tus hijos es ser ejemplo de alguien que se ama con sus luces y sus sombras…

COMPRENDO EL ORIGEN DEL DESAMOR PROPIO. La familia patriarcal, la culpa y la mentira del amor romántico.
CUIDO DE ESE ESPEJO QUE ES MI HIJO. El arte de estar abierta a aprender a su lado y de dar lo que no recibimos.
APRENDO A MIRARME CON AMOR. Cómo quererme si soy en realidad tan imperfecta…
DESCUBRO QUIÉN SOY SIN MIEDO Y SIN MÁSCARAS. Cómo ser auténticamente yo misma…
CAMBIO EL SUFRIMIENTO POR EL PLACER.  Desaprendizaje físico, mental, emocional y recableado cerebral.
RESCATO MI CREATIVIDAD. Y recupero la fortaleza y la vitalidad perdidas…

 

Una misma propuesta en tres modalidades:

Opción 1: Un sábado por la mañana al mes en un grupo de unas 15 personas en Barcelona (junto metro Navas)

14 de  Enero –  4 de febrero –  4 de marzo – 1 de abril –  6 de mayo – 3 de junio

Opción 2: Un sábado por la mañana al mes en un grupo de unas 15 personas en Premià de Mar

21 de  Enero –  11 de febrero –  11 de marzo – 22 de abril – 13 de mayo – 10 de junio

Opción 3: Un sábado por la tarde (hora española) al mes online desde tu casa

28 de  Enero –  18 de febrero – 18 de marzo – 29 de abril –  20 de mayo – 17 de junio

 

Precio del ciclo completo de 6 talleres (presencial u online): 300 euros a ingresar para reserva de plaza

Para más información no dudes en escribirme a: cristinaromeroinfo@gmail.com

¡Será un placer compartir esta experiencia contigo!

Abrazos

Cristina Romero

 

Dec 22

Actualmente las madres y los padres quedan fuera del sistema que ha diseñado nuestra sociedad para educar a nuestros niños.

Nuestra legislación permite y fuerza la separación madre-hijo… Permite que las madres entreguen a sus hijos día tras día a una institución que les diga cómo ser.

Nuestra legislación contempla como obligatorio esta separación y nos asegura plaza dentro de este sistema. (He conocido varios casos de madres que, aun pudiéndose quedar más tiempo junto a su hijo, por no perder la plaza en determinado centro educativo, lo han llevado antes de necesitarlo para volver a trabajar)

Y luego está el miedo a ser penalizado por no llevar a tu hijo a la Escuela…

Nuestra legislación penaliza a una familia que no se ha separado…

El Sistema Educativo cobra (impuestos) y paga (a los profesionales de la educación) por cada niñito que acoge y educa y le dice a su madre…

Ahora tú también puedes volver a formar parte de este engranaje… Vuelve a trabajar, sé productiva y olvídate de tu cría hasta la hora de recogerlo-.

Yendo en contra de nosotras y de nuestros hijos, los acompañamos a la Escuela y los dejamos allí.

A menudo mañana y tarde, día tras día, año tras año, a pesar de que ambos necesitemos lo contrario.

Nuestra sociedad valora muy poco nuestro trabajo como madres y padres. Se valora de ti otro tipo de aporte a la sociedad. Como madre o padre eres menos apreciado que por tu profesión. Te dicen que vuelvas a ocupar tu lugar en el mundo laboral, que tienes menos recursos para cuidar de tus hijos que los que tienen otros… Y que estarán mejor sin ti.

Tú te ocupas de trabajar por el sistema y este ya cuida de tus hijos…

No está contemplado que los padres acompañen a sus hijos…

Esa es aparentemente tarea de personas especialmente formadas para esa labor…

Además no solo es intercambiable la figura materna por cualquier otra con titulación específica, sino que ¡Es preferible esa otra a la materna!

A mí me parece muy fuerte esta idea establecida, pero a mí alrededor contemplo como nadie la cuestiona.

Hemos hecho nuestros eslóganes como “Todos por una educación de calidad” o “Todos por una buena educación para nuestros hijos”

Pensando que lo que más les beneficia son más horas junto a los que saben sobre mí hijo, junto a los profesionales de la educación…

Pero una persona con titulación académica que crea saber lo que le conviene a mi hijo puede mostrar poca empatía, poca afectividad poco respeto por sus procesos…

Pero ahora nadie cuestiona esta idea y olvidamos que hubo una vez en que el lugar más cercano a los niños fue ocupado por su familia. Ésta que hace tiempo fue substituida por profesionales…

Ahora tan solo les acompañamos hasta la puerta de la Escuela. Por las tardes y las vacaciones.

Las madres al parecer ya no saben, ya no pueden.

La sociedad nos obliga a entregar a nuestros hijos, nosotros sus padres no podemos, no sabemos, no debemos acompañarles…

En las Escuelas de Educación Infantil normalizamos (pretendemos mostrar como lo más normal) que los hijos se separen de sus madres.

¿Pero te has planteado que la Escuela se creó como una necesidad paralela a la necesidad laboral de que madres y padres trabajen?

En algún momento histórico se consolidó la idea de que es mejor separar a los niños de sus madres para “educarlos mejor” alejados de ellas.

Poco a poco se fue instalando en nosotros la idea de que los niños aprenden más y mejor, tienen una mejor educación junto a otros que no sean sus propios padres.

“Los niños están mejor en una institución que con su familia.”

Una vez la sociedad acogió esta idea, dejó de cuestionarla y la asumió como establecida.

La sociedad que hemos creado, parece preferir niños y niñas junto a profesionales de la educación, alejados del corazón y el apoyo de sus padres y madres. Alejados del lugar donde los dragones crecen despiertos…

Eso sirvió y sirve para justificar muchísimas actitudes por parte de los profesionales de la educación.

Y a los profesionales de la educación, que erróneamente creemos poseer un conocimiento superior que las madres acerca de sus hijos, nos cuesta soltar también esta idea.

Pero la Escuela es una necesidad externa al niño. El niño no necesita a la Escuela.

El niño no necesita una Escuela cuando cumple 3 años, pero tampoco cuando cumple 6, ni siquiera cuando cumple 12…

Los niños tienen unas necesidades, que van cambiando a medida que van creciendo, unas necesidades que a menudo no necesitan ser cubiertas en la escuela.

Bien. Y En el caso de que el niño necesitara de esa institución, no sería separadamente a sus padres.

Los padres y las madres están capacitados para acompañar con presencia, escucha y respeto las necesidades educativas de sus hijos y a buscar junto a ellos los recursos necesarios para dar respuesta a esas necesidades.

Los padres se quedan fuera por la necesidad de los equipos docentes, que así están acostumbrados a organizar, hacer y deshacer junto a los niños. Alejados de los padres. Siendo los únicos referentes.

Los padres se quedan fuera por una necesidad del sistema productivo, que así hemos precariamente organizado… Pues cuando tenemos hijos, en muchos casos, ambos progenitores necesitan incorporarse a su puesto para poder tirar adelante económicamente.

Pero que esas circunstancias no nos hagan perder de vista que si estamos separados de nuestros hijos y nos quedamos fuera de la Escuela, es por una necesidad ajena a la de nuestros hijos.

Y a este punto me gustaría tratar el tema de la autonomía, que parece estar tan ligada a los motivos por los cuales los profesionales de la educación preferimos niños sin sus padres…

No, tampoco es porque nuestra presencia interfiera negativamente en su aprendizaje o en el desarrollo de su autonomía…

Los padres no interferimos en el desarrollo de su autonomía por acompañarles en la Escuela.

En cambio quiero resaltar la importancia del vínculo afectivo, estrecho, fuerte… y lo  estrechamente ligado que está con unos hijos seguros.

Pero parece que el sistema educativo asocia la presencia de las familias a niños con dificultades para el desarrollo de su autonomía…

Como si los niños necesitan cierto desamparo afectivo para hacerse autónomos… Pero no es así. Los niños con padres que les acompañan emocionalmente, son niños autónomos.

En las Escuelas justificamos intervenciones educativas y actuaciones por el bien de la autonomía infantil. Como si a la autonomía hubiese que estirarla o empujarla desde afuera para que apareciera. Esa es la autonomía vista desde el interés adulto.

Pero si estamos atentos, como con el resto del aprendizaje, observaremos que los niños reivindican su autonomía desde bien temprano: -me lo pongo yo-… -yo solo- y somos los adultos con nuestras prisas y nuestros propios objetivos por delante los que la anulamos cuando se activa…

Más luego nos creemos que todo lo hacemos para que aparezca… Como si no fuera cosa del propio programa interno de cada niño. Al igual que en los demás animales.

Quitémonos esa idea absurda de que la afectividad crea niños dependientes y desequilibrados emocionalmente.

Unos vínculos afectivos seguros son la base firme sobre la que se construyen la inteligencia y los procesos de aprendizaje.

Es necesario y uno de los principales objetivos a marcarse, que toda la comunidad educativa vele por el bienestar emocional de los niños y jóvenes que acompañamos.

La presencia de las madres y los padres, con un papel importante y activo en el proyecto, puede ser de gran ayuda contribuyendo y sumándose a la tarea de los docentes en este objetivo.

Los niños que llamamos nuestros alumnos, necesitan de su presencia y acompañamiento mucho más que a nosotros.

Dejemos de decirles que ya no son necesarios ni importantes para el acompañamiento de sus hijos…

Vemos claramente ese mensaje por ejemplo en la llamada “Adaptación”.  Ese período primero en que se contempla una dinámica muy diferente a lo que será la realidad escolar del niño, donde tiene más cabida la familia en la Escuela y a su vez menos presencia del niño en la misma, para ir aumentando progresivamente la presencia del niño en la Escuela y disminuyendo la de la familia.

En muchas escuelas no existe ni siquiera esta posibilidad. Pero algunas Escuelas permiten cierta “adaptación” del niño y de la madre…

Y me gustaría señalar el “cierta” por considerarla escasa y bajo las consignas de la maestra o desde la  atención a las necesidades de la maestra o del sistema y no las de la madre o el niño.

En este asunto de la separación madre-hijo queda establecido como incuestionable que saben más los “especialistas”, no el niño ni la madre…

Se contempla la adaptación como un tiempo progresivo de mayor separación. Donde lo deseable es esta separación y a ser posible lo más rápido posible y lo menos llorada posible.

Yo misma me he encontrado consolando a niñitos y a madres en este “bien intencionado” proceso de adaptación.

Se presupone que es lo adecuado, lo conveniente, incluso lo necesario por el bien del niño…

Así las maestras de educación infantil podemos dormir tranquilas tras un día de llantos desconsolados de niñitos que reclaman a sus madres… Porque hemos sido capaces de convencernos a nosotras mismas de que todo era por el bien del niño.

Se siguen separando niños de madres sin vacilaciones, sin remordimientos. Porque todos siguen creyendo que los niños están mejor lejos de sus madres.

Y a nosotras las madres, desde el otro lado del muro, nos pasa lo mismo. Nacemos, crecemos y servimos en un sistema que nos hace creer que lo mejor, lo que nos conviene, es acallar nuestros apegos por los hijos, que son dañinos para ellos y para nosotras.

Pero yo era una madre que tenía el título oficial… Y pude abrir los ojos ante esta situación extraña.

Creo que estamos sirviendo a este Sistema sin cuestionarlo y sin cambiarlo por ignorancia.

La temprana separación provoca estrés emocional, bloqueo, falta de empatía, dificultad para conectar con el dolor o el placer…

¿Qué es temprano? Temprano es antes de que cada niño y su madre decidan que es el momento.

No es cuando la maestra lo decida o cuando el equipo directivo marque.

El Sistema que hemos creado prevé diferentes momentos para esta separación, que nadie discute o cuestiona.

Puede darse desde los 4 meses de vida en un Jardín de Infancia…

Puede darse al entrar a determinadas Escuelas alternativas a los 2 años…

Puede darse al entrar a la Escuela con 3 años o quizás con 6 años…

El niño llega en el seno familiar, pero tarde o temprano el sistema lo espera para educarlo.

Existe –digo yo- la idea de que las familias van a educar mal a sus niños…

Tal vez se tema que los niños en sus familias se conviertan en unos “malcriados” o que no se socialicen adecuadamente o ves a saber qué otros absurdos riesgos…

Afortunadamente ya somos muchas las familias que ya pasamos por enriquecedoras experiencias donde quienes acompañan en sus procesos a los niños, son los padres.

Pero esta idea no cabe dentro del sistema educativo actual.

Como maestra ya recuerdo comprender la importancia de abrir siempre, permanentemente, las puertas a las familias, pero no ver el cómo…

Aunque muchas escuelas los tienen en cuenta, o al menos esa sensación se desprende al leer su ideario o al asistir a la primera reunión… Casi siempre las familias topan con grandes barreras y condiciones a su participación…

También les decimos a las familias (como a sus hijos) cómo, cuándo y dónde participar…

Casi siempre son bienvenidas en asuntos de gestión del comedor, el autocar, las actividades extraescolares, algunas fiestas… Asuntos considerados de menor responsabilidad educativa… O de acción más indirecta sobre la educación de los niños…

Conozco algunos proyectos que redujeron algunos de sus límites… y más allá de colaboración con el equipo docente organizando las fiestas del calendario anual, colaborando en actividades programadas puntuales, acompañando salidas y excursiones  y gestionando actividades extraescolares… también ofrecen a madres, padres u otros familiares la posibilidad de estar un tiempo acotado al principio del día acompañando a sus hijos y luego pueden permanecer -dentro de un lugar especialmente habilitado llamado “espacio familiar”- en la propia Escuela de sus hijos.

Es un pequeño paso adelante que agradezco, pero que siento insuficiente.

Somos muchos los padres que hemos elegido una crianza respetuosa, desde la escucha a sus necesidades y de repente topamos con una institución donde ya no tenemos cabida o pretenden contentarnos o satisfacernos con algunas actividades o propuestas que nos distraigan del verdadero objetivo que tiene nuestro lugar en la escuela: que acompañemos a nuestros hijos.

Hoy en día es una realidad que las familias no encuentran las puertas abiertas de par en par a su participación…

Su presencia es bien entendida dentro de unos límites establecidos por los profesionales de la educación. Más allá de esos límites se le hace ver –de diversas formas- que está de más.

Los maestros hace tiempo que hablamos de abrir más las puertas de la Escuela a las familias. Todos sabemos lo importante que es la implicación de las familias en la Escuela. Pero seguimos teniendo grandes limitaciones mentales al respecto.

Ayudemos a las familias a estar bien, acompañémosles en la crianza de sus hijos, recordémosles que sí saben, que sí pueden y contribuyamos a aumentar la confianza en su saber hacer, en ellos mismos.

Y nosotras las familias recordemos que escucharnos y escuchar a nuestros hijos nos recoloca en la adecuada dirección.

Que yendo a favor de nuestra naturaleza es ir a favor de la vida, a pesar de lo que nos diga un Sistema educativo caduco…

 

Cristina Romero

 

Oct 10

Hace cosa de un año que no te escribo desde mi web. Quizás hasta te hayas olvidado de que antes me acercaba a esta ventanilla al mundo para reflexionar en voz alta. Yo misma me había olvidado, como también me había olvidado de muchas otras cosas…

Cosas sencillas, cosas invisibles, cosas de esas que no sueles escribir en una lista de tareas pero que son las que van haciendo poso en tu corazón y lo alimentan como las hojas secas a la tierra.

Durante este año, desde que volví de Argentina, he dedicado muchos esfuerzos y energías en cosas que eran valiosas (no digo que no) pero que si me dan a elegir… prefiero poner como no prioritarias a partir de ahora. Y como el Universo siempre está esperando a que decidamos y nos posicionemos y nos decantemos por un lado de la balanza…

Fue elegir y todo se reorganizó solo para que yo pudiese vivir más en sintonía con lo que de veras me importa.

A veces parece que vivamos como si tuviéramos más vidas…

A veces parece que vivamos de puntillas.

A veces parece que vivamos en modo piloto automático.

A veces parece que vivamos pensando que somos eternos.

A veces parece que vivamos anestesiados.

Esperando que la vida nos de un ultimátum: O vives de verdad, en cuerpo y alma, o seguirás muerta en vida hasta que ya no haya más tiempo.

A algunos es la enfermedad (propia o ajena) la que les rescata del letargo.

A otros es un accidente o un cambio drástico ocurrido fuera de ellos.

Digamos que es la vida la que mueve ficha para que algo dentro de nosotros se despierte.

En mi caso no ha sido así.

Ha hecho falta que vea lo que sí quiero en mi vida y la de los míos y me alinee con ello.

Algo así como escuchar al fin lo que yo sí necesito y quiero.

Qué facil es para los adultos vivir vidas prestadas…

Vidas que nos van grandes, o pequeñas, o que no son realmente las nuestras, las que nuestro ser nos empuja a vivir con todo nuestro fuego.

Mi corazón se expande. Al fin he vuelto a escucharlo…

Me doy cuenta de lo difícil que es acompañar a la infancia plenamente, si los adultos vivimos a medias.

Sabemos lo importante que es que ellos sigan conectados a sus corazones y vivan en armonía con lo que para ellos es valioso e importante pero pretendemos acompañarles dando la espalda a nuestro fuero interno.

¡Será más fácil que la educación y la crianza nos cambien que que las cambiemos nosotros! 🙂

Gracias desde aqui a todos los niños del mundo (especialmente a mis tres soles Pau, Teo y Elvis) por tener tanta paciencia con los adultos y tanta confianza en que algún día, al fin, nos pondremos a su altura para volver a ver lo que de veras es importante en esta vida. Y volveremos a encontrar el camino.

Cristina Romero

 

 

 

May 5

Imagen de unos osos

La crianza respetuosa a veces nos hace perder la perspectiva. Las madres, entregadas a atender las necesidades de nuestras criaturas, nos sentimos mal, desvitalizadas, malhumoradas. Y entonces creemos que es cosa nuestra, que algo hacemos mal.

Pero me gustaría recordarnos a todas que como mamíferas que somos, estamos hechas para criar en comunidad, no aisladas.

Una madre sola, en su piso, con su hijo, o con dos (o tres!) puede pasar ratos sin otros adultos, pero qué beneficioso que es que pueda estar acompañada.

La crianza en el puerperio, por ejemplo, necesita de una gran entrega a las necesidades del bebé… Y acoplarse a esas necesidades es tarea imposible sin el sostén de otros adultos. Los otros hijos, por su parte, con el suelo removido bajo sus pies tras la llegada del más pequeño, necesitan dosis extras de mimos y atención, de miradas y brazos. La madre de un bebé necesita dormir cuando él duerme, y alimentarse bien. Delegando las tareas de la casa en otras personas para poder ocuparse en cuerpo y alma a la tarea más importante, nutrir a su cría.

Entiendo que por contraste con la sociedad en la que vivimos, con sus valores y sus prisas, las madres que eligen criar desde el respeto y el vínculo estrecho con sus hijos, se vayan alejando de la masa… Pero tampoco es beneficioso para nosotras ni nuestras criaturas el aislamiento y la soledad.

Ojalá que antes de tener un hijo, con nuestra pareja hayamos ido tejiendo esa red con la que podremos contar durante la crianza. Otras mujeres, otros hombres, otros niños… con los que compartir estrechamente nuestras vidas. Enriqueciéndolas, facilitándolas.

Pero si no ha sido así. Si estás criando y te sientes sola, es momento para ponerte en búsqueda de esas otras madres de tu zona más próxima. Los grupos de preparación al parto natural, las reuniones de apoyo a la lactancia y las escuelitas de educación libre pueden ser buenos puntos de encuentro.

Pero la necesidad de Tribu va más allá de una tarde a la semana (aunque nos puede suponer un gran soporte), necesitamos de esa familia extensa con la que antes contábamos de manera natural. Y necesitamos reponer esa falta si de veras queremos poder disfrutar de la maternidad.

Las doulas hacen su labor maravillosa, poniendo de manifiesto lo solas que estamos en la crianza de nuestros hijos.

Así no es extraño que tras dos o tres años de entrega absoluta, prefiramos dejar a nuestros hijos en una escuelita respetuosa o no tanto y empezar a disponer de nuestro tiempo… Atender nuestras necesidades, aunque sea trabajando.

Las madres corren sin mirar atrás y yo las entiendo.

Entregarse más allá de lo que te dieron, más allá de lo que tenías tampoco es lo más beneficioso.

Necesitamos estar cerca de otras personas que nos ayuden a atender también nuestras necesidades. Y no podemos cargar todo sobre el papá, pues él también necesita un cable…

Cada vez estoy más clara en que cuando estamos juntos adultos y niños, ellos y nosotros estamos mejor.

Está claro que no todo vale y que a veces recobra el mayor de los sentidos aquello de “más vale sola que mal acompañada” pero desde mi experiencia, si nos abrimos a recibir aquellas ayudas que nos corresponden, por resonancia, encontramos justo a aquellas personas que nos complementan.

A veces es necesario moverse, incluso mudarse, pero eso en lugar de desvitalizarnos nos reportará energía.

Sigue tu intuición, escucha tu corazón. Él te ayudará a encontrar a tu Tribu.

Cristina Romero

May 5

 

De vez en cuando recibo preguntas acerca de la presencia de los padres en los Proyectos de Educación Libre. Desde mi experiencia como maestra y madre, pero sobre todo desde mi experiencia en Proyectos donde los padres siempre son bienvenidos.

Y para este tema siempre me muestro igual de radical.

Sí. yo siempre les dejaría la puerta abierta.

Nos hemos acostumbrado a la idea de que los niños y las niñas pasen horas separados de su madre y su padre pero eso es una cuestión cultural, social, pero no responde a una necesidad – ni a una demanda- de la infancia.

Que hayamos interiorizado y dejado de cuestionar el sistema educativo actual, en el que tras un periodo de “adaptación” la madre o la figura de apego ya no sea bienvenida junto al niño, no nos haga justificar lo injustificable.

Que los niños se acaben adaptando a una situación que no prioriza sus necesidades y sí las de este Sistema capitalista y adultocentrista no nos haga perder la perspectiva…

La familia es el mejor lugar para crecer.

Los niños necesitan a sus figuras de apego (su madre, su padre…) y podemos tratar de que estén lo mejor posible junto a otros adultos y así puede llegar a estar, pero su familia nunca estará de más. Siempre será una presencia beneficiosa para los niños.

Vivimos en un mundo donde se hace necesario poner más amor en circulación, cuidar de los vínculos rotos, inseguros, que tienen nuestros niños… Pero nuestra sociedad los quiere alejar precozmente de los brazos y del cuerpo de la madre, promocionando la institucionalización de la criatura humana.

Para dejar fuera a la madre o al padre de un niño, me pueden argumentar que hay falta de espacio para todos.

Que los maestros o educadores se sienten más libres y cómodos trabajando solos…

Pero que nadie nos venda la moto de que a los niños les va mejor para el desarrollo de su autonomía estar sin sus padres.

Los niños –y ojo que hablo de cualquier edad- si pudieran decidir algo, si alguien les preguntara, preferirían que alguna de sus figuras de apego estuviera cerca. O al menos de tanto en tanto…

Es este Sistema económico el que ha organizado la vida de las personas en función de criterios de alta productividad y bajos costes. Es este Sistema Educativo el que ha organizado una modalidad “a granel” en la que varios (o muchos) niños de edad similar están acompañados por una persona adulta. Mientras así sus padres pueden volver al engranaje.

L@s maestr@s (que a su vez muchas veces han dejado a sus propios hijos en manos de otr@s compañer@s) son las personas encargadas de sostener este difícil equilibrio.

Y qué decir de lo difícil y doloroso que es empatizar con un niño y su madre que no quieren separarse, cuando tú misma no te has podido permitir seguir junto a tu hij@…

Por mucha buena voluntad que tenga esa persona y por muchas ganas que tenga de atender las necesidades de esos niños y niñas, ¡qué beneficioso resultaría el apoyo de los familiares de esos niños!

Desde mi experiencia eso siempre ha resultado enriquecedor y positivo para todos los niños.

Tanto con niños de 2 a 6 años en Moixaina, como con niños de 6 a 12 en la Escuela Liberi.

Para los niños que estaban acompañados allí por sus propios familiares y para los que no. Porque siempre hay quien me argumenta: “Es que no todas las familias podrían estar, así que lo mejor es que no esté nadie…”. Pues según mi experiencia, cuando hay un adulto disponible y con la actitud de cuidar, no solo se beneficia el niño de su familia, sino todos los demás. Y también aumenta la tranquilidad de la persona que trabaja como acompañante, pues se sabe acompañada.

Pero los educadores tenemos muchos límites mentales al respecto. Queremos trabajar con niños pero no con sus padres. Y para mí son un pack indivisible.

Es en tribu que los niños pueden crecer desarrollando su potencial para ser felices.

Las madres y los padres también tenemos que acortar distancias, sin abrumadoras expectativas en la otra persona. Quizás tenemos que aprender a sentirnos en el mismo barco, nadie mejor que nadie, todos a favor del bienestar y la felicidad de la criatura humana…

Dejando a un lado los juicios, las críticas y la falsa idea de separación.

Estar acompañados es una necesidad de los niños, pero va más allá.

Las madres (y los padres) también necesitamos otras madres con quienes compartir nuestro pesar y nuestras dudas, nuestros anhelos y nuestra alegría… Eso a su vez se une a que los niños junto a otros niños no nos demandan tanto y se sienten alegres al compartir experiencias con otros iguales…

Imagen de la Tribu

Todos necesitamos crecer en Tribu.

Ojalá que en las Escuelas haya espacio suficiente para todos, que encontremos lugares con naturaleza y donde los padres quepan desahogadamente… ¡Eso es de lo más necesario a la hora de buscar un espacio para los niños!

Espacios donde quepa la Tribu.

Pero las Escuelas nunca quieren ser espacios de crianza. Prefieren separar a los niños de sus madres y encargarse de su educación.

A mí me parece absurdo.

Es posible una convivencia armoniosa. Estoy de acuerdo en que los adultos estén enfocados y con mirada a las necesidades de los niños. En que sea claramente un espacio prioritario para los niños: conscientes de que nuestra voz y nuestro cuerpo adultos convivan respetuosamente en el espacio con los más pequeños. Pero sin rigideces y normas estrictas que anulen la naturalidad y la vitalidad de los adultos.

(Los acompañantes, sin darnos cuenta, muchas veces recortamos a los adultos en exceso para cuidar a los niños, y acabamos ofreciéndoles migajas de adultos, no adultos reales, de carne y hueso)

Es la propia Tribu la que moldea la actitud más beneficiosa para todos, por contacto directo, por ósmosis, sin demasiada necesidad de normas y charlas a los que llegan por primera vez.

Vienes, ves, respiras el ambiente y lo captas. Poco a poco encuentras tu lugar en un espacio donde nadie te va a juzgar y donde eres bienvenido. Para todo el horario y todos los días o cuando tú puedas, aunque sea un momentito.

Siempre habrá madres, padres o abuelos que quieran pasar un rato junto a los niños y yo no desestimaría esa ayuda y ese regalo para los pequeños en ningún momento.

Que sean las circunstancias laborales o vitales quienes limiten esa presencia, pero no los educadores, quienes, al fin y al cabo, velan por las necesidades de alimento afectivo de la criatura humana…

Y recordemos que el mejor hábitat para crecer los niños es su familia y no la Escuela. A no ser que coincidan.

Cristina Romero

 

May 11

Me gustaría compartir mis impresiones acerca del vídeo y el debate en el que participó nuestra Escuela Liberi y aquí te las traigo…

Con respecto al vídeo, la única pregunta que les hice cuando me dijeron que ya tenían material suficiente y que se marchaban, fue si habían grabado imágenes con las familias.

Nuestra Escuela es una Escuela libre de Primaria, para niños de 6 a 12 años y para sus familias. Y lo digo  en el sentido más absoluto de la expresión, pues las puertas están literalmente abiertas durante todo el horario, todos los días del calendario escolar, para que los niños y niñas puedan estar acompañad@s también por su familia si así pueden y quieren (y eso también incluye –por supuesto- a sus hermanitos).

Los niños necesitan prioritariamente crecer y estar acompañados por su familia. Y es fruto de las circunstancias económicas y culturales que se encuentren entre “profesionales” e instituciones…

Pero la educación a granel no es nuestra opción.

La Escuela Liberi es una iniciativa privada que nace de la voluntad de un padre Manel Martínez y una madre Ana Rodrigo de ofrecerles a sus hijas la Escuela que soñaban. Pero no para dejarlas allí y marcharse.

Liberi viene de una clara convicción de la importancia de la crianza con apego…

Las maestras tampoco nos separamos de nuestros propios hijos para cuidar de otr@s niñ@s… Es una cuestión de coherencia. Yo misma voy a la Escuela junto a mis tres hijos: Pau, ¡que sale en el vídeo con su sombrero negro! (2005), Teo (2008) , Elvis (2011) y también con su padre, quien comparte conmigo el cuidado de mis hijos más pequeños en Liberi…

Es quizás otra de las cosas más insólitas de ver en Liberi: a una maestra dando la teta o sosteniendo a su pequeño de año y medio rodeada de l@s demás niñ@s. (Eso no se ve en las imágenes, quizás para la próxima ocasión…)

Nuestra experiencia, tal y como salió, ya puede servir para ampliar la mirada y ver que las cosas pueden ser de otra manera, más respetuosa.

Me gustaría destacarte del vídeo que salen niñ@s sin hacer, sin producir, tan solo mirando a la cámara o a los otros niños.

Eso real en Liberi.

Los niños y niñas jamás nos rinden cuentas de lo que hacen o no a lo largo del día… Pueden elegir entrar o no pisar ningún espacio interior y quedarse por fuera. Si te fijas verás las puertas abiertas en los espacios. Abiertas de un espacio a otro pero también hacia el formidable jardín, que es muchísimo más precioso aún de lo que cuentan las imágenes:)

Las preguntas que me hicieron y las que hubo en el debate, giraban en torno al aspecto curricular o académico, a si l@s niños saldrán preparados para la Secundaria… Pero nuestro gran objetivo, aunque somos una escuela legal que entra en las reglas del juego del sistema educativo, es que los niños y niñas sean felices.  Simplemente devolverles la infancia para que la puedan ocuparla en sus verdaderos asuntos.

“Os pido que respetéis nuestra libertad para aprender, cada uno y cada una a nuestra manera, lo que es ser y estar vivos.
¿Os hacéis una idea de lo ligado que está ese respeto por el proceso de cada uno con su felicidad?
Decidme lo que tengo que hacer y vivir, pero no me pidáis que sea feliz.
Dejadme hacer lo que necesito hacer y vivir en esta vida y me veréis feliz.”

(Del libro “Una rEVOLución en la Escuela – Despertando al Dragón Dormido” de Editorial Ob Stare)

Viendo las imágenes me doy cuenta de que la experiencia vivida y lo que ES Liberi no se puede transmitir sin vivirlo en propia piel… Aún así desde aquí me gustaría AGRADECER al equipo de La 2 su edición de las imágenes, que desprenden mucho cariño en su mirada.

Con respecto al debate, nada que decir, creo que las cosas se vieron por si mismas. Bueno tan solo añadir que el sociólogo Ramón Flecha habló de la situación de Finlandia donde destacó aspectos que yo tengo entendidos de otra manera: Desde mi modo de interpretar los altos resultados académicos yo destacaría que  los niños no van a la escuela hasta los 7 años y que luego siguen con el mismo maestro toda la Primaria.

Pero como te decía, nosotr@s no estamos ocupados ni preocupados por los resultados académicos, sino que colocamos nuestra mirada, nuestro cuerpo y nuestro corazón en otro lugar, lo más cercano posible a las necesidades de cada niñ@.

GRACIAS desde aquí a tod@s l@s madres, padres, maestr@s y personas que hacéis posible, desde lo cotidiano, esta rEVOLución del Amor y la Confianza en la infancia. Ojalá tengamos nuevas oportunidades para seguir mostrando cada un@ nuestras experiencias.

Cristina Romero

Quizás también pueda ser de tu interés:

El listado de Escuelas Libres

La web de la Escola Liberi

Dec 6

Recuerdo que una noche mientras escribía el “Pintará los soles” me quedé dormida en el sofá con el ordenador a media frase y tuve un sueño muy especial…

Yo era un dragón volador, blanco y con larga cola, que estaba también en el mismo sofá y me iba volando por el pasillo hacia la cama…

Sentí claramente un gran poder, una gran fuerza vital, una inmensa alegría…

Al llegar volando a la cama vi a mi compañero Sergio y a mis dos hijos dormidos felizmente en la cama familiar…

Fue un sueño fugaz como una estrella, pero tan real que me desperté bañada en sudor y con una energía y una alegría infinitas.

La sonrisa de aquel dragón permaneció dentro de mí por largo tiempo… y me dejó el recuerdo vibrante de su poder…

El mismo poder que habita en todo ser humano que  llega a este mundo… Y que puede que inmerso en este entorno y  este sistema acabe por olvidar… (a veces desde las primeras experiencias vitales)

Dentro de este sistema hostil se encuentra el actual modelo de Escuela tal y como la conocemos…

Y quizás pienses que no existe otra forma de “educar”… Pero de veras… ¡Existen otras experiencias, otros caminos… para acompañar en plenitud a la infancia..!

Y es mi intención compartir esa otra mirada contigo, desde mi nuevo libro:

Imagen de la portada del libro "Una rEVOLución en la escuela - Despetando al Dragón Dormido" "

Un libro para toda aquella persona que acompaña a la infancia… para recordar  a cada oveja su gran poder como Dragón… (Si el entorno y el Sistema le han hecho olvidar)

El libro ya está disponible en pre venta desde la web de la Editorial OB STARE

Y desde la página del libro en facebook te invito al sorteo de dos ejemplares:)

Es mi deseo que este libro contribuya al cambio que ya está latente y que nuestros niños tanto necesitan… (y que como adultos que les acompañamos  anhelamos tan profundamente…)

Es tiempo de revoluciones… internas y externas… Y la Escuela, inmersa en el Sistema Educativo actual, está haciendo la suya… Desde cada niñ@, desde cada maestr@, desde cada padre, desde cada madre…

¡Gracias por tu propia rEVOLución!

Aquí te dejo la CONTRAPORTADA, el Indice y el Primer Capítulo:

Contraportada del libro “Una Revolución en la Escuela”

ÍNDICE
Introducción
Interrogantes y peticiones infantiles antes de entrar en la escuela
Capítulo 1: El programa de aprendizaje interno
Capítulo 2: Aprender desligado de enseñar
Capítulo 3: La libertad de aprendizaje
Capítulo 4: Una mirada histórica
Capítulo 5: El Amor en la escuela
Capítulo 6: El lugar de la familia
Capítulo 7: De maestros a acompañantes
Capítulo 8: Los dragones dormidos
Capítulo 9: Sobre estrategias escolares invisibles adormilantes
Capítulo 10: El despertar
Capítulo 11: Qué esperar de un Dragón

Capítulo 1: El programa de aprendizaje interno

Lo único que interfiere en mi aprendizaje
es mi Educación, Albert Einstein.
Los adultos estamos tan acostumbrados a dirigir y guiar a los niños que incluso creemos que les estamos ayudando. Con toda la buena intención, buscamos cómo rellenarles su día a día con nuestras propuestas y actividades de lo más interesantes y estimulantes para que no se aburran, para que aprendan mucho, para que tengan una buena educación…
Desconocemos que les estamos distrayendo y alejando de su propio programa interno de aprendizaje. Y que cada vez esperarán más que les entretenga desde afuera en lugar de conectar con su escucha interna. Pero los niños vienen capacitados para guiar óptimamente su aprendizaje desde adentro. Si los adultos que los acompañamos así se lo permitimos…
Cuando un niño empieza a ser guiado en lo que «le conviene» aprender, pospone su propio programa interno de aprendizaje y delega el desarrollo de su potencial de su plan de ruta en manos de los adultos. Los adultos se convierten entonces en «quienes saben», y tienen la responsabilidad sobre el propio aprendizaje.
Un niño que desde siempre ha sido respetado en su libertad de aprendizaje es sencillamente capaz de escucharse y seguir los dictados de su corazón. Cuando un niño ha sido continuamente motivado desde el exterior, dirigido desde afuera, aprende a acallar su corazón y esperar indicaciones ajenas.
Pero eso sucede desde la desconfianza de los adultos, según los cuales los niños vienen a perder su tiempo jugando y haciendo cosas que no les convienen. Como si jugar no se correspondiese con un sofisticado mecanismo evolutivo desarrollado por nuestra especie que permite elaborar y comprender el mundo de una manera sencilla y fascinante para los niños…
Los adultos, desde los despachos, elaboramos «currículums» y «programaciones» y pensamos «qué, cómo y cuándo» tenemos que «enseñar» a los niños para que aprendan. Creemos que si no decidimos todo eso, los niños no aprenderán «lo que tienen que aprender».
Nuestras intervenciones educativas están basadas en la desconfianza o el miedo: hacia los niños, hacia nosotros, hacia la vida. El Sistema Educativo que conocemos es un modelo que en su esencia desconfía de la humanidad y de su capacidad de aprendizaje. Es un sistema que limita, modela, dirige, estira y recorta a los niños.
Los adultos dirigimos y pretendemos controlar la vida de los más pequeños. Les decimos qué hacer, qué aprender, por una inconsciente falta de respeto a ellos, a la humanidad, a la vida.
Desvalorizamos todo el gran potencial que llevan dentro para construirse a sí mismos. Desconocemos u olvidamos que cada ser humano dispone de un programa de aprendizaje propio, interno, valioso, único, vivo, legítimo… que necesita ser protegido. Estamos demasiado ocupados y preocupados con nuestros propios objetivos y proyectos para los niños como para permitir y concebir que existan los suyos. Y mucho menos que sus propios deseos o inquietudes sean más adecuados que los que podamos proponerles nosotros…
Pero vayamos poco a poco…
¿Qué es aprender?

¡Gracias y feliz lectura!

Cristina Romero

Jul 8

 

En un taller de “Acompañando Conflictos Infantiles” una mamá preguntó por los daños que ya están hechos y si pueden ser reparados…

Ella hablaba de que sentía cada empujón, cada apretón, cada grito dado por ella… como muesquitas que hacía al tronco que era su hijo. Y se preguntaba si podía repararlas…

Era como si preguntara si existen cremas para el Alma… como el Arnidol que ayuda con árnica al cuerpo físico… y que usamos las mamás cuando se caen o se dan un golpe.

Hoy retomo aquella pregunta y con ella me gustaría reflexionar acerca de la culpa o su otra cara: la responsabilidad. Pero antes vayamos al miedo, al dolor y sobretodo al cuerpo…

Los golpes que nos dieron (y otras formas de violencia más o menos sutiles también) quedaron, mezclados con nuestras emociones, en algún lugar de nuestro cuerpo.

Y el cuerpo, que es muy sabio, tiene sus mecanismos de defensa (o mejor dicho de alivio) y entre otros está el aparente olvido.

Y digo aparente porque en tu cuerpo están almacenadas todas las emociones vividas, desde la primera hasta la última… En ti guardas las miradas adultas que te dejaron petrificada siendo niña, aunque ahora no las recuerdes.

Y todo eso vivido, almacenado en ti, es lo que te mueve ahora hacia reaccionar de un modo parecido junto a tu hijo…

Del mismo modo que todas y cada una de las experiencias que has vivido te hace ser justo como eres.

Pero a pesar de lo vivido, existe a cada instante de vida la posibilidad de elegir nuestras siguientes experiencias.

Si tú fuiste a la Escuela del Miedo y quieres llevar a tu hijo a la Escuela del Amor, es probable que encuentres algunas trabas en el camino. Pero no te asustes, sigue caminando hacia allí…

Como nunca fuiste a la Escuela del Amor, puede que pienses (por desconocimiento) que allí todos se aman y son perfectos.

Y por eso piensas en tu hijo allí y no en ti…

Pero lo que ocurre es que allí aprenden a Amarse a pesar de sus (aparentes) imperfecciones.

Y que allí los errores son oportunidades para el crecimiento.

Y que en esa Escuela no se promueve la uniformidad, sino la diversidad que cada uno aporta, que es valorada como una riqueza.

Y que no hay “culpables”,  en su lugar todos son responsables.

Tampoco hay “víctimas” pero se mira con empatía  y comprensión el dolor ajeno. Y se da espacio y tiempo para los que vienen de la otra Escuela…

Esa otra Escuela que nos hizo olvidar que éramos seres únicos, valiosos y  poderosos.

Pero sin embargo en nuestros hijos reconocimos todo eso desde el primer instante…

Curiosamente, pareciera que queremos llevar a nuestros hijos a la Escuela del Amor pero para quedarnos nosotras en la puerta, sin acompañarles, sin entrar también.

Amamos a nuestros hijos pero a nosotras nos juzgamos duramente, sin tregua.

Aquí viene la culpa de la que quería hablarte…

Ubicarte por la Vida como culpable o ubicarte como responsable de algo… pareciera una diferencia sutil, pero marca una gran diferencia dentro y fuera de ti.

Sentirte culpable te desconecta de tus raíces, de tus ancestros, de la cadena de dolor a la que perteneces, de esa larga lista de licenciados en la Escuela del Miedo de la que formas parte…

Mientras que sentirte responsable te hace consciente del dolor que hay tras todo acto de violencia. Sentirte responsable te hace conocedora de a  donde van tus actos y donde quedaron  en ti los actos de los que te precedieron… Y es desde ahí que somos más Conscientes y ponemos nuestro empeño en  ser respetuosas.

Respetuosas con nuestros hijos. Respetuosas con nosotras…

Es maravilloso que quieras llevar a tu hijo a la Escuela del Amor, pero sabes… Tú misma también mereces entrar.

Y sabes que si no lo hacéis juntos… simplemente no tendrá sentido que trates de Amarle incondicionalmente.

Imagen de la floreada puerta de la Escuela del Amor

Ahora tu mente te lo impide, pero cuando te acerques a esa Escuela, es posible que tu niña interior se active y cuando te pregunten por el nombre, digas el tuyo en lugar del de tu hijo.

-Sí, por supuesto, también hay un lugar para ti…-

Y entonces comprendas (o recuerdes) que tu deseo de acompañar por la Vida a tu hijo con Amor, es una oportunidad y un regalo para ti misma.

Tú también necesitas aprender a Amarte, con toda tu historia de abandonos, desencuentros, dolores, miedos y diversas formas de violencia.

Violencia hacia dentro o hacia afuera de ti misma…´

¿Que si es posible reparar el daño ajeno?

Aún a riesgo de equivocarme, me da que ese no es el enfoque… Que esa  no es la perspectiva que nos permite abrir la puerta…

Para mi es imposible restablecer el equilibrio en el otro, como lo es curar a otro u obligar a vivir a quien no desea.

No es el otro, es uno mismo quien obra el milagro…

Tendemos a poner la atención en el médico o en la medicina en lugar de en el propio cuerpo que se cura…

La medicina es necesaria en muchos casos y la agradezco. Los médicos desempeñan una importantísima labor de ayuda al cuerpo humano, pero vayan dedicadas estas palabras al poder que tiene el cuerpo de cada niño (y de todo ser humano) para volver al equilibrio.

No son las cremitas que ponemos a nuestros hijos en la piel quienes los curan. Ni nosotros al aplicarlas… Son sus cuerpecitos los que restablecen el equilibrio, ayudados, animados por nuestro mimo y los efectos de los principios activos que contengan las pomadas…

A veces se les dice: -Esta cremita te cura- o –El médico te cura- o –Esta tirita curará tu herida-

Pero sabemos que las cremas, las medicinas y los médicos contribuyen a que el propio cuerpo restablezca su orden, su propio equilibrio…

Una tirita no repara un tejido roto, tapa la zona para que el cuerpo pueda hacer su importante trabajo…

O una medicina a veces sirve para disminuir el dolor o bajar la fiebre… pero el cuerpo seguirá atravesando su proceso… El cuerpo pondrá en marcha todo su gran potencial curativo: mucosidad y fiebre para poner en marcha nuestro potente sistema inmunitario… Costras para cerrar agujeros, dolor para llamar nuestra atención y pedirnos reposo y recogimiento…

-“Tu cuerpo es sabio. Te estás curando.”- Podríamos decirles…

Pero volviendo al doloroso asunto de si podemos hacer algo más por reparar el daño ya causado en otros…

El Amor todo lo cura… Pero verdaderamente solo el Amor por si mismo curará esas heridas.

El Amor por tu hijo contribuirá a SU propia estima y Amor propio, capaces de poner en marcha SU poderosa capacidad de resiliencia…

Lo mismo que el Amor por ti misma curará las heridas de tu piel y de tu Alma…

Podemos hacer mucho, sí… por restablecer su autoestima, por permitirle que se exprese y por poner palabras a lo vivido.

Me gustaría poner el énfasis en  el poder curativo de expresar lo ocurrido…

Hemos hecho daño a esa criatura y tenemos la posibilidad de acercarnos de nuevo y expresar lo sucedido y cómo nos sentimos ahora al respecto… Poniendo palabras, poniendo fuera del cuerpo también lo sucedido…

Contribuyendo a que el dolor que siente el niño sea validado fuera y que al expresar nuestra empatía ante su dolor hagamos que la carga pese menos… Pues nuestra indiferencia ante su dolor lo hace menos soportable aún.

Las tensiones siguen en uno, aunque cambien las circunstancias, y es expresarlas que de veras las libera.

Como veíamos, el cuerpo almacena todo lo vivido en algún recóndito lugar, por tiempo que pase, pero lo que más le pesa es aquello que pasó y no pudo ser expresado…

Nuestro hijo llora tras ser violentado con nuestros gritos…

O quizás llora ahora que se ha caído o algo le ha hecho sentirse frustrado y –si se lo permites- aprovechará para conectar con aquel dolor de antes…

Y a pesar de las lágrimas verá en tus ojos y olerá en tu cuerpo tu Amor, tu aceptación y tu empatía mientras llora.

En lugar de tu enojo, tu indiferencia, tu rabia de entonces…

Se ha caído y está viviendo una situación-oportunidad que le permite parar y re establecer un equilibrio perdido. Físico, pero también emocional y anímico (del Alma) que le permite que mamá lo acoja ahora entre sus brazos, su pecho o  en su regazo con una mirada y con una voz suaves, disponibles…

Y entonces llorará por eso y ya de paso por la tensión que pasó esta mañana contigo, empujado  en una carrera sin sentido para él, con esos gritos…

Y tu Amor por él ayudará a su Amor por si mismo, que es el que verdaderamente todo lo cura.

Pero no te olvides de la importancia de Amarte a ti misma, de abrazarte con “tus errores” y tus días más descentrados… Para dejar de luchar contra lo que fuiste o lo que eres… y empezar a Amarte…

Recuerda que tienes un lugar en la Escuela del Amor, junto a tu hijo.

Imagen de el abrazo a un árbol

Nota patrocinada por Arnidol

¡Gracias!

Cristina Romero

Jun 14

Hoy me gustaría compartiros una gran experiencia de mi trabajo junto a las familias. Participo desde hace varios años en un proyecto llamado “Anima’t, juga amb ells!” (¡Anímate, juega con ellos!) donde madres, padres e hijos comparten el juego en un espacio escolar junto a dos psicomotricistas.

Se trata de una actividad extraescolar donde no dejas a tu hijo, sino que te apuntas para vivirla junto a él.

Es un regalo para esos niños poder disponer de un tiempo de juego libre junto a sus padres, donde los protagonistas son ellos, su cuerpo, sus emociones, sus necesidades y sus demandas… Dentro de su propia escuela. Todos sin zapatos, con colchonetas, cojines, telas, algunas estructuras de madera, pelotas y poco más.

Imagen padre e hijo en un Anima't

Los padres muchas veces no tenemos tiempo para jugar disponibles con nuestros hijos… Les llevamos al parque para que jueguen con otros niños y en casa nos persiguen con ganas de jugar mientras nosotras vamos haciendo otras cosas…

Nunca parece llegar el momento en que acabemos de hacer todo lo pendiente y al fin tengamos tiempo para dedicarles…

Pero esta actividad extraescolar es como un momento sagrado en la agenda semanal para nuestros hijos. Sin atender al móvil ni otros asuntos…

Para los niños es un espacio de descarga de tensiones acumuladas durante el día, de llenarse de la mirada de mamá o papá (¡o incluso ambos!) y un espacio-tiempo donde  poder escucharse y expresar todo aquello que llevan dentro: a veces enfado, a veces tensión, a veces inseguridad y necesidad de afecto o atención… pero también ganas de construir y crecer con el otro, ganas de saltar obstáculos o volar más lejos…

Cada niño es el protagonista y sus padres están allí para acompañarlo en el juego que él o ella libremente proponga…

Hay familias que construyen casitas, otras juegan a piratas, o a hadas… Hay quien decide saltar hoy de más alto o quien pide que su madre le lleve en tren arrastrándole en una tela…

Hay niños que prefieren colgarse del techo dentro de  esas mismas telas y a modo de crisálida, volver a evocar la sensación que recuerdan de su vivencia en el vientre materno…

Imagen madre e hijo participando en un Anima't

La experiencia dura aproximadamente una hora y media durante unas 6 o 12 sesiones.

Yo he tenido la gran fortuna de participar durante años en muchos “Anima’t” como psicomotricista y en alguno también como madre… y me siguen pareciendo un regalo…

Para cada sesión, en la mochila llevo unos calcetines y mucha confianza en cada niño y en cada madre, grandes dosis de escucha y respeto por el momento vital de cada uno y también la atención puesta en mis propios límites, en los del espacio y en los de cada uno para cuidar de la seguridad de todos los participantes. Bueno y también una barrita de Arnidol (un práctico aplicador de árnica y harpagocitos) que ayuda a que cuando ocurre algún accidente, cada pequeño pueda recibir el mimo mágico de su madre o su padre y seguir jugando –cuando él o ella lo considere-…

Cuando un niño se cae o se golpea, le presto toda mi atención y procuro no usar ningún tipo de estrategia desconectora de la situación, sin invitarle a que deje de llorar con indicaciones más o menos sutiles diciéndole que “ya está, si no es para tanto, si no ha sido nada…” ni ”shhh”… “ya” o ”venga vamos a jugar, que se nos acaba el tiempo”…

Me he dado cuenta de lo poderosos que son esos momentos si son respetados, donde puedan llorar tranquilamente, con la excusa de un golpe, por toda la tensión acumulada durante horas, días, meses y hasta años…

El golpe a menudo es una excusa, sí, como una válvula abierta en la olla exprés.

Y si como madre, padre o psicomotricista, tenemos la paciencia para acoger ese dolor y mimarlo con un masajito de árnica y sostenerlo, sin juicios, comprendiendo la importancia de ese tiempo… ocurre el gran milagro. Y tras la inesperada lluvia todo luego más brillante en ese niño… Que surge de la experiencia con más equilibrio y más confianza, con una sensación colmada de bienestar y cuidado.

Las psicomotricistas estamos allí de apoyo. Como esa mirada que te permite ser y vivir aquello que necesitas, sin juicios. Sin juicios para con los niños, pero sobretodo sin juicios para con sus padres…

Como psicomotricista es vital ese momento en que tienes la oportunidad de transmitir lo importante  que es la confianza en SU saber hacer, en escucharse a si mismos… Tanto los hijos, como los padres…

“Tú eres la especialista”, parecen decirte con su mirada el primer día las madres y los padres cuando llegan. Pero es un objetivo de mi acompañamiento devolver ese poder a la familia, como grandes especialistas en su propio hijo. “Las madres y los padres saben, son los especialistas en acompañar a su hijo”.

Y ese objetivo va de la mano del otro, del de valorar que quien sabe lo que más le conviene hacer y experimentar es cada niño. El adulto está disponible para sus propuestas, pues son esas las que le llevan directamente a donde necesita pasar para seguir creciendo según su propio programa interno… “El niño sabe, y si se lo permitimos, se va convirtiendo en el mejor especialista sobre si mismo”.

Matizaría que en realidad ya nace siendo el mejor especialista sobre si mismo, pero a menudo desde afuera le han dicho tanto “lo que le conviene” y “lo que toca” que ha ido mirando hacia fuera en lugar de hacia si mismo…

Imagen niñito y familias al fondo en la sala de trabajo psicomotriz

Venir al “Anima’t” no es necesario para ningún niño, ni ninguna madre, pero sin duda ha contribuido a fortalecer vínculos afectivos y ha ayudado a proporcionar más bienestar en el día a día de muchas familias…

Esta sociedad se olvida de lo importante por parecer tan simple: Los hijos necesitan a sus padres.

Si esta experiencia te parece interesante, puedes solicitar una parecida –o la misma- allí donde te encuentras, pero sobretodo recuerda que lo más importante YA está a tu alcance: un tiempo SAGRADO de disponibilidad para jugar con tus hijos, a lo que ellos quieran. A poder ser desde el cuerpo, sin demasiados objetos intermedios.

Descalzarse, tumbarse o revolcarse por el suelo, unos cojines, algún colchón y una sonrisa pueden ser ingredientes útiles. (¡Ah! Y la barrita de Arnidol junto a tu disponibilidad para acompañar el llanto y el dolor de tu hijo)

Si lo que deseas es más información sobre el Proyecto  “Anima’t, juga amb ells!” contarte que fue creado por Montse Castellà, maestra y psicomotricista, pionera en creer en la importancia del trabajo como psicomotricistas de apoyo a las familias y no únicamente en el trabajo con niños…

Este programa destinado a familias con hijos desde meses hasta los 6 años de edad, se ha llevado a cabo en Jardines infantiles (0-2) y Escuelas de Educación Infantil (públicas, concertadas y privadas) gracias a varios Ayuntamientos y Escuelas de Cataluña como el Ayuntamiento de Montcada i Reixac, el Ayuntamiento de Sabadell o el Ayuntamiento de Barcelona.

Desde aquí mi agradecimiento a Montse, a mis compañeras psicomotricistas Txell, Sandra y Dolors y sobretodo a todas las madres, padres, abuelas, niños y niñas que todos estos años se han animado a jugar conmigo…

¡Ha sido un gran placer!

Cristina Romero

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