Cuando Elvis llegó no hubo flechazo a primera vista.
Le sonreí internamente y le di la bienvenida con mi boca, mi voz y mis ojos.
Pero lo que quiero contaros es que abrí mi corazón progresivamente hasta querer comérmelo de tanto amor que siento ahora.
Me di cuenta de ese cambio a los 5 días de su nacimiento.
Entonces cogí el móvil y fui a buscar las fotos del primer día.
Quizás el bebé se había vuelto infinitamente hermoso al pasar los días…
Pero entonces descubrí que Elvis no había cambiado (o no tanto)
Lo que había cambiado parecía estar en mi mirada.
Una mirada loca de amor por ese cachorrillo.
Entonces caí en la cuenta que quizás las dosis de oxitocina habían ido subiendo día tras día… Y no solamente por la lactancia…
Me di cuenta de lo bueno que había sido poder tener intimidad y piel con piel desde que nació. Algo muy animal.
Mis otros dos bebés son de invierno… y en seguida los vestimos y me vestí. Y aunque también les di la teta a demanda… ahora veo cuanto me perdí… (nunca nos perdemos nada, es solo que no tocaba vivir esa experiéncia:)
A Elvis lo he tocado y requetetocado, he reconocido cada lugar de su piel suave (que tanto me recuerda a mi yaya Kuqui) con mis manos y mi piel.
Mi piel desnuda, mi cuerpo, que tanto ha agradecido que yo misma lo tenga muy presente.
Y lo de tener infinitas horas junto al nuevo ser, sin demasiadas visitas, ni llamadas, que en cierto modo os desconectan… ha sido un gran gran regalo que tampoco tuve antes…
Me recuerda a una película que no he visto y que creo va de una camella que tuvo un parto difícil y le costó vincularse al pequeño…
Nosotros tuvimos una Amorosa cesárea que merece otro post para ella solita:) y tengo clarísimo lo importante que fue y es el piel con piel y la intimidad tras este tipo de nacimientos.
Pero lo recomiendo en TODOS…
Así que aquí quede mi experiencia, nuestra experiencia, para que otros seres cuando vengan a este mundo puedan seguir habitando a sus madres, pero por fuera.
¿Te animas a vivirlo?
Un Gran Abrazo
Cristina Romero
PD: Desde aquí GRACIAS infinitas a Imma, nuestra comadrona, que fue quien me animó a vivir esta experiencia…