Dec 17

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Me preocupa de este mundo que no esté pensado para la infancia. Ni para las madres, ni para la vejez, ni para las personas que dejamos al margen por condiciones físicas, económicas o mentales diferentes, ni para el resto de animales.

Me preocupa que sigamos aceptando una sociedad violenta que beneficia a sólo unos cuantos y que introduce esa semilla de la violencia cada vez que nace un nuevo bebé y él y su madre son separados por protocolos y leyes, primero en el hospital y más tarde en la escuela.

Me preocupa que apoyemos y normalicemos una sociedad que nos desconecta de nosotros mismos toda una vida y nos la roba a cambio de falsas promesas futuras: ya serás feliz cuando tengas ese juguete, cuando seas mayor, cuando tengas más likes, cuando tengas una carrera, cuando tengas un máster, cuando sepas idiomas, cuando encuentres un trabajo, cuando tengas un coche, cuando tengas hijos, cuando encuentres un mejor trabajo, cuando llegue el fin de semana, cuando lleguen las vacaciones, cuando te jubiles…

Esclavos desconectados, ayudando a hacer girar un sistema que no nos sirve… que a su vez introducen tempranamente a sus propios hijos para que sirvan a ese mismo sistema.

Pero no me agobian solamente las horas que pasan pegados al ordenador, que también, creando surcos neuronales basados en recompensas, castigos, individualismo y adicción… Enganchados por falta de mejores ofertas que favorezcan el juego y la conexión reales… Me preocupa que las escuelas no están pensadas en ser habitadas por niños, ni las calles, ni las plazas, ni los parques. Aunque todos piensen que sí.

Las casas y las escuelas muy raramente son lugares para ser verdaderamente habitados y compartidos entre adultos y niños. Lugares donde cada uno pueda expresarse creativamente, donde vivir el presente apasionados.

La escuela -tal y como la conocemos- nació para adiestrar niños para este gran circo. Para parecer que son ellos los que están mal en un mundo enfermo.

Pero los niños son los más cuerdos en este mundo loco.

Y sí, siempre nos quedará volver a la Naturaleza, descalzarnos todos con humildad y reconocer que necesitamos cambiar muchas cosas aún para estar a la altura de esos árboles, esos diminutos animales y esos niños, que no tienen en sus manos la capacidad de tomar grandes
decisiones por un mundo mejor.

Cristina Romero

Dec 22

Actualmente las madres y los padres quedan fuera del sistema que ha diseñado nuestra sociedad para educar a nuestros niños.

Nuestra legislación permite y fuerza la separación madre-hijo… Permite que las madres entreguen a sus hijos día tras día a una institución que les diga cómo ser.

Nuestra legislación contempla como obligatorio esta separación y nos asegura plaza dentro de este sistema. (He conocido varios casos de madres que, aun pudiéndose quedar más tiempo junto a su hijo, por no perder la plaza en determinado centro educativo, lo han llevado antes de necesitarlo para volver a trabajar)

Y luego está el miedo a ser penalizado por no llevar a tu hijo a la Escuela…

Nuestra legislación penaliza a una familia que no se ha separado…

El Sistema Educativo cobra (impuestos) y paga (a los profesionales de la educación) por cada niñito que acoge y educa y le dice a su madre…

Ahora tú también puedes volver a formar parte de este engranaje… Vuelve a trabajar, sé productiva y olvídate de tu cría hasta la hora de recogerlo-.

Yendo en contra de nosotras y de nuestros hijos, los acompañamos a la Escuela y los dejamos allí.

A menudo mañana y tarde, día tras día, año tras año, a pesar de que ambos necesitemos lo contrario.

Nuestra sociedad valora muy poco nuestro trabajo como madres y padres. Se valora de ti otro tipo de aporte a la sociedad. Como madre o padre eres menos apreciado que por tu profesión. Te dicen que vuelvas a ocupar tu lugar en el mundo laboral, que tienes menos recursos para cuidar de tus hijos que los que tienen otros… Y que estarán mejor sin ti.

Tú te ocupas de trabajar por el sistema y este ya cuida de tus hijos…

No está contemplado que los padres acompañen a sus hijos…

Esa es aparentemente tarea de personas especialmente formadas para esa labor…

Además no solo es intercambiable la figura materna por cualquier otra con titulación específica, sino que ¡Es preferible esa otra a la materna!

A mí me parece muy fuerte esta idea establecida, pero a mí alrededor contemplo como nadie la cuestiona.

Hemos hecho nuestros eslóganes como “Todos por una educación de calidad” o “Todos por una buena educación para nuestros hijos”

Pensando que lo que más les beneficia son más horas junto a los que saben sobre mí hijo, junto a los profesionales de la educación…

Pero una persona con titulación académica que crea saber lo que le conviene a mi hijo puede mostrar poca empatía, poca afectividad poco respeto por sus procesos…

Pero ahora nadie cuestiona esta idea y olvidamos que hubo una vez en que el lugar más cercano a los niños fue ocupado por su familia. Ésta que hace tiempo fue substituida por profesionales…

Ahora tan solo les acompañamos hasta la puerta de la Escuela. Por las tardes y las vacaciones.

Las madres al parecer ya no saben, ya no pueden.

La sociedad nos obliga a entregar a nuestros hijos, nosotros sus padres no podemos, no sabemos, no debemos acompañarles…

En las Escuelas de Educación Infantil normalizamos (pretendemos mostrar como lo más normal) que los hijos se separen de sus madres.

¿Pero te has planteado que la Escuela se creó como una necesidad paralela a la necesidad laboral de que madres y padres trabajen?

En algún momento histórico se consolidó la idea de que es mejor separar a los niños de sus madres para “educarlos mejor” alejados de ellas.

Poco a poco se fue instalando en nosotros la idea de que los niños aprenden más y mejor, tienen una mejor educación junto a otros que no sean sus propios padres.

“Los niños están mejor en una institución que con su familia.”

Una vez la sociedad acogió esta idea, dejó de cuestionarla y la asumió como establecida.

La sociedad que hemos creado, parece preferir niños y niñas junto a profesionales de la educación, alejados del corazón y el apoyo de sus padres y madres. Alejados del lugar donde los dragones crecen despiertos…

Eso sirvió y sirve para justificar muchísimas actitudes por parte de los profesionales de la educación.

Y a los profesionales de la educación, que erróneamente creemos poseer un conocimiento superior que las madres acerca de sus hijos, nos cuesta soltar también esta idea.

Pero la Escuela es una necesidad externa al niño. El niño no necesita a la Escuela.

El niño no necesita una Escuela cuando cumple 3 años, pero tampoco cuando cumple 6, ni siquiera cuando cumple 12…

Los niños tienen unas necesidades, que van cambiando a medida que van creciendo, unas necesidades que a menudo no necesitan ser cubiertas en la escuela.

Bien. Y En el caso de que el niño necesitara de esa institución, no sería separadamente a sus padres.

Los padres y las madres están capacitados para acompañar con presencia, escucha y respeto las necesidades educativas de sus hijos y a buscar junto a ellos los recursos necesarios para dar respuesta a esas necesidades.

Los padres se quedan fuera por la necesidad de los equipos docentes, que así están acostumbrados a organizar, hacer y deshacer junto a los niños. Alejados de los padres. Siendo los únicos referentes.

Los padres se quedan fuera por una necesidad del sistema productivo, que así hemos precariamente organizado… Pues cuando tenemos hijos, en muchos casos, ambos progenitores necesitan incorporarse a su puesto para poder tirar adelante económicamente.

Pero que esas circunstancias no nos hagan perder de vista que si estamos separados de nuestros hijos y nos quedamos fuera de la Escuela, es por una necesidad ajena a la de nuestros hijos.

Y a este punto me gustaría tratar el tema de la autonomía, que parece estar tan ligada a los motivos por los cuales los profesionales de la educación preferimos niños sin sus padres…

No, tampoco es porque nuestra presencia interfiera negativamente en su aprendizaje o en el desarrollo de su autonomía…

Los padres no interferimos en el desarrollo de su autonomía por acompañarles en la Escuela.

En cambio quiero resaltar la importancia del vínculo afectivo, estrecho, fuerte… y lo  estrechamente ligado que está con unos hijos seguros.

Pero parece que el sistema educativo asocia la presencia de las familias a niños con dificultades para el desarrollo de su autonomía…

Como si los niños necesitan cierto desamparo afectivo para hacerse autónomos… Pero no es así. Los niños con padres que les acompañan emocionalmente, son niños autónomos.

En las Escuelas justificamos intervenciones educativas y actuaciones por el bien de la autonomía infantil. Como si a la autonomía hubiese que estirarla o empujarla desde afuera para que apareciera. Esa es la autonomía vista desde el interés adulto.

Pero si estamos atentos, como con el resto del aprendizaje, observaremos que los niños reivindican su autonomía desde bien temprano: -me lo pongo yo-… -yo solo- y somos los adultos con nuestras prisas y nuestros propios objetivos por delante los que la anulamos cuando se activa…

Más luego nos creemos que todo lo hacemos para que aparezca… Como si no fuera cosa del propio programa interno de cada niño. Al igual que en los demás animales.

Quitémonos esa idea absurda de que la afectividad crea niños dependientes y desequilibrados emocionalmente.

Unos vínculos afectivos seguros son la base firme sobre la que se construyen la inteligencia y los procesos de aprendizaje.

Es necesario y uno de los principales objetivos a marcarse, que toda la comunidad educativa vele por el bienestar emocional de los niños y jóvenes que acompañamos.

La presencia de las madres y los padres, con un papel importante y activo en el proyecto, puede ser de gran ayuda contribuyendo y sumándose a la tarea de los docentes en este objetivo.

Los niños que llamamos nuestros alumnos, necesitan de su presencia y acompañamiento mucho más que a nosotros.

Dejemos de decirles que ya no son necesarios ni importantes para el acompañamiento de sus hijos…

Vemos claramente ese mensaje por ejemplo en la llamada “Adaptación”.  Ese período primero en que se contempla una dinámica muy diferente a lo que será la realidad escolar del niño, donde tiene más cabida la familia en la Escuela y a su vez menos presencia del niño en la misma, para ir aumentando progresivamente la presencia del niño en la Escuela y disminuyendo la de la familia.

En muchas escuelas no existe ni siquiera esta posibilidad. Pero algunas Escuelas permiten cierta “adaptación” del niño y de la madre…

Y me gustaría señalar el “cierta” por considerarla escasa y bajo las consignas de la maestra o desde la  atención a las necesidades de la maestra o del sistema y no las de la madre o el niño.

En este asunto de la separación madre-hijo queda establecido como incuestionable que saben más los “especialistas”, no el niño ni la madre…

Se contempla la adaptación como un tiempo progresivo de mayor separación. Donde lo deseable es esta separación y a ser posible lo más rápido posible y lo menos llorada posible.

Yo misma me he encontrado consolando a niñitos y a madres en este “bien intencionado” proceso de adaptación.

Se presupone que es lo adecuado, lo conveniente, incluso lo necesario por el bien del niño…

Así las maestras de educación infantil podemos dormir tranquilas tras un día de llantos desconsolados de niñitos que reclaman a sus madres… Porque hemos sido capaces de convencernos a nosotras mismas de que todo era por el bien del niño.

Se siguen separando niños de madres sin vacilaciones, sin remordimientos. Porque todos siguen creyendo que los niños están mejor lejos de sus madres.

Y a nosotras las madres, desde el otro lado del muro, nos pasa lo mismo. Nacemos, crecemos y servimos en un sistema que nos hace creer que lo mejor, lo que nos conviene, es acallar nuestros apegos por los hijos, que son dañinos para ellos y para nosotras.

Pero yo era una madre que tenía el título oficial… Y pude abrir los ojos ante esta situación extraña.

Creo que estamos sirviendo a este Sistema sin cuestionarlo y sin cambiarlo por ignorancia.

La temprana separación provoca estrés emocional, bloqueo, falta de empatía, dificultad para conectar con el dolor o el placer…

¿Qué es temprano? Temprano es antes de que cada niño y su madre decidan que es el momento.

No es cuando la maestra lo decida o cuando el equipo directivo marque.

El Sistema que hemos creado prevé diferentes momentos para esta separación, que nadie discute o cuestiona.

Puede darse desde los 4 meses de vida en un Jardín de Infancia…

Puede darse al entrar a determinadas Escuelas alternativas a los 2 años…

Puede darse al entrar a la Escuela con 3 años o quizás con 6 años…

El niño llega en el seno familiar, pero tarde o temprano el sistema lo espera para educarlo.

Existe –digo yo- la idea de que las familias van a educar mal a sus niños…

Tal vez se tema que los niños en sus familias se conviertan en unos “malcriados” o que no se socialicen adecuadamente o ves a saber qué otros absurdos riesgos…

Afortunadamente ya somos muchas las familias que ya pasamos por enriquecedoras experiencias donde quienes acompañan en sus procesos a los niños, son los padres.

Pero esta idea no cabe dentro del sistema educativo actual.

Como maestra ya recuerdo comprender la importancia de abrir siempre, permanentemente, las puertas a las familias, pero no ver el cómo…

Aunque muchas escuelas los tienen en cuenta, o al menos esa sensación se desprende al leer su ideario o al asistir a la primera reunión… Casi siempre las familias topan con grandes barreras y condiciones a su participación…

También les decimos a las familias (como a sus hijos) cómo, cuándo y dónde participar…

Casi siempre son bienvenidas en asuntos de gestión del comedor, el autocar, las actividades extraescolares, algunas fiestas… Asuntos considerados de menor responsabilidad educativa… O de acción más indirecta sobre la educación de los niños…

Conozco algunos proyectos que redujeron algunos de sus límites… y más allá de colaboración con el equipo docente organizando las fiestas del calendario anual, colaborando en actividades programadas puntuales, acompañando salidas y excursiones  y gestionando actividades extraescolares… también ofrecen a madres, padres u otros familiares la posibilidad de estar un tiempo acotado al principio del día acompañando a sus hijos y luego pueden permanecer -dentro de un lugar especialmente habilitado llamado “espacio familiar”- en la propia Escuela de sus hijos.

Es un pequeño paso adelante que agradezco, pero que siento insuficiente.

Somos muchos los padres que hemos elegido una crianza respetuosa, desde la escucha a sus necesidades y de repente topamos con una institución donde ya no tenemos cabida o pretenden contentarnos o satisfacernos con algunas actividades o propuestas que nos distraigan del verdadero objetivo que tiene nuestro lugar en la escuela: que acompañemos a nuestros hijos.

Hoy en día es una realidad que las familias no encuentran las puertas abiertas de par en par a su participación…

Su presencia es bien entendida dentro de unos límites establecidos por los profesionales de la educación. Más allá de esos límites se le hace ver –de diversas formas- que está de más.

Los maestros hace tiempo que hablamos de abrir más las puertas de la Escuela a las familias. Todos sabemos lo importante que es la implicación de las familias en la Escuela. Pero seguimos teniendo grandes limitaciones mentales al respecto.

Ayudemos a las familias a estar bien, acompañémosles en la crianza de sus hijos, recordémosles que sí saben, que sí pueden y contribuyamos a aumentar la confianza en su saber hacer, en ellos mismos.

Y nosotras las familias recordemos que escucharnos y escuchar a nuestros hijos nos recoloca en la adecuada dirección.

Que yendo a favor de nuestra naturaleza es ir a favor de la vida, a pesar de lo que nos diga un Sistema educativo caduco…

 

Cristina Romero

 

Dec 5

De niños quizás nadie nos mostró cómo aprender a vivir haciéndonos el amor a nosotros mismos.

No solo en lo sexual, sino al escucharnos y hablarnos internamente, al no juzgarnos, al mirarnos con ternura y pasión frente al espejo o al darnos espacio para habitarnos sin meternos prisa, ni exigirnos lo que no queremos dar de nosotros (hasta quedarnos secos).

Nadie nos dijo que para ser felices necesitaríamos hacernos el amor al menos tantas veces como necesitamos comer al día, ni que sería mejor hacerlo muchas veces más…

Al levantarnos por la mañana y sonreírnos, al darnos unas palabras de aliento cuando todo parece ir de mal en en peor, al decidir que sí merecemos un descanso para salir a pasear al sol o un hueco en la agenda para eso que de veras es lo importante para nosotros. O al darnos las buenas noches y desearnos felices sueños.

Pero crecimos esperando la felicidad y el amor fuera de nosotros. Y aún andamos dando vueltas por la vida sin pararnos a generarlos desde adentro.

Lo sabes. Lo sé. Pero cuánto nos cuesta dejar de sabotearnos cuando se trata de amarnos a nosotros mismos… La posibilidad está ahí todo el tiempo pero preferimos dejarlo para mañana o para el año que viene…

Una vez más pasamos de año y la puerta al cambio está de nuevo frente a ti.
A lo largo de tu vida has franqueado ya numerosas puertas, te has transformado desde que empezaste tu viaje siendo una pequeña célula dividida en dos y llevas en ti la huella de todos esos cambios.
La Vida en toda su plenitud no te ha olvidado. Eres tú quien a veces olvidas esa conexión que tienes con todo lo que te rodea. Es muy fácil quedar atrapados por el engranaje del día a día. Muertos en vida, viviendo vidas prestadas que nos quedan grandes o pequeñas, pero que no son las nuestras. Las que querríamos vivir “si pudiéramos”.
Nos pasamos la vida esperando algo que nunca está aquí. En un mundo como el nuestro hay una parte de ti en ansiedad perpetua. Tienes tan en mente el futuro y el pasado que te dejas a ti mismo siempre colgado en presente. Algo en ti está buscando el minuto siguiente e ignorando el que tiene entre las manos. Así día tras día, año tras año.
¿Resuena en ti hacer YA un gran cambio?
Entonces detente.
Imagina que estás ya en tu lugar de poder, en tu “tierra Santa”, que no necesitas seguir luchando por conseguir más nada.
Quizás prefieras tumbar tu cuerpo dolorido para sentir el abrazo de la tierra, sentarte cómodamente a meditar o meterte dentro de una cueva calentita y oscura bajo tus mantas.
Sea donde sea, siente que estás en un refugio de paz y ternura infinitas donde puedes al fin descansar y renovar fuerzas. Donde respirar a tu manera, donde ser plenamente tú mismo.
Donde hacerte el Amor.
Desde este remanso de paz puedes volver a conectar contigo y lo que de veras te importa.
Dándote todo el tiempo. No te vaya a entrar otra vez la prisa…
Después de todo este tiempo invertido en mil y una batallas, quizás no sea pedir tanto el dedicarte a escuchar lo que tú de verdad necesitas para ser feliz. Lo que tú tienes que decirte.
Y entonces, cuando al fin puedas mirarte de frente a los ojos del alma, pregúntate:
¿Qué haría con mi vida si tuviera la libertad de cambiarla?
¿Qué me diría mi corazón si mi miedo no me impidiera escucharlo?
¿Cual sería la música que querría tocar mi alma a su paso por esta vida?
En realidad son una misma pregunta.
Luego vendría otra:
¿Qué cambios necesito hacer para estar bien?
¿Qué ingredientes nuevos necesito incorporar en mi vida?
Para vivir el cambio que te aguarda, necesitas dejar atrás viejos hábitos que no pueden coexistir con tu nueva realidad y poder dar la bienvenida a lo nuevo que te llama y que lo hace desde muy adentro, si te abres a escucharlo.
Pero no te agobies. El cambio es más sencillo que lo que tu mente racional te dice.
Te pueden servir de referencia esos grandes maestros que son los niños si quieres volverte un poco más sabio en el arte de amarte y ser feliz.
Ellos repiten y repiten algo hasta que todas sus células lo incorporen como aprendido, como incorporado. Imítalos.
Sé como un animal sencillo, poniendo toda su energía y su amor en cada acto.
Disfruta. Sin mirar adelante. Deleitándote en cada instante.
Agradece. Sintiendo como todo, TODO, puede ser un regalo, si sabes apreciarlo.
Y comparte. Caminar juntos forma parte de los entresijos de esta Vida misteriosa. Nunca estás solo, si sabes abrirte y abrir tu burbuja a los que están a tu lado.
¿Quieres retomar esa conexión, ese encuentro, contigo mismo?
Tan sólo necesitas dejar que aflore un silencio, una escucha profunda a ti mismo.
Y cuando escuches las palabras o las imágenes de tu alma, puedes contestarle con una simple y amorosa sonrisa.
Feliz cambio dentro de ti
Cristina Romero
Jun 22

Tenemos un hijo y nos preocupamos por su futuro.

Las cosas no pintan nada bien en los tiempos que corren así que -sin ser muy conscientes de ello- hacemos nuestra la publicidad engañosa del sistema capitalista e interiorizamos que lo mejor para nuestros hijos es que estudien y se esfuercen mucho, que obtengan “una buena formación” y así tendrán un futuro mejor.

 

¿Un futuro mejor como adultos y para ello invierten su infancia?

 

En mi cabeza las movilizaciones de maestros y familias por la sexta hora perdida en la escuela pública… Reclamando más tiempo, más clases, más horas de refuerzo…

 

En mi cabeza las escuelas y las familias que se enorgullecen de empezar con la lecto-escritura con los niños de 3 años…

 

Cada vez presionamos más a los niños.

Cada vez les robamos más sus necesidades infantiles.

 

¡Si el futuro está negro, que estudien más!

 

Pero esa es la trampa del sistema: que confiemos en que la escalerita trazada y la promesa de los títulos nos van a garantizar una buena vida…

Que invirtamos nuestro presente con la promesa de un futuro mejor…

 

Así los niños son domesticados a granel desde edades bien tempranas, en casa y en la escuela.

 

Así la infancia reduce a la mínima expresión su tiempo para jugar en libertad.

(¿Jugar? ¡Menuda pérdida de tiempo! Piensan los preocupados por su futuro…)

 

Todo a cambio de la promesa de una vida mejor cuando sean adultos.
Pero estamos ante una farsa y una gran estafa.
Los niños no necesitan que les separen de sus madres para aprender nada junto a especialistas.
Los niños no necesitan aprender todas esas cosas que desde los despachos alguien considera importantes.
Los niños podrían aprender otras. Cosas que realmente estuvieran vinculadas con su felicidad presente y futura.
Y en el momento que así lo desearan-sintieran-necesitaran.
Cada niño posee su propio programa interno de aprendizaje, vivo, vinculado a cada instante con la vida y vinculado con su propio corazón.
En las escuelas substituimos este programa interno por uno externo, consensuado por la comunidad educativa de turno.
No tiene sentido que andemos empujando-obligando-agobiando y amargando la vida de niños y jóvenes para que aprendan nada.
¿Acaso pensamos que si no dedicásemos esa gran energía en dirigirlos no aprenderían?
Aprender es algo emocionante, estimulante, para lo que venimos especialmente dotados todos los seres humanos, desde antes de nacer y hasta el último suspiro de vida.
Y en las escuelas nos dedicamos a robar estas ganas de aprender a costa de obligar a aprender lo que decidamos nosotros los adultos y no cada cual. A costa de valorar las cualificaciones en lugar de las ganas de aprender.
Los niños no tienen huecos para atender sus propios programas internos de aprendizaje…
Poco tiempo tienen para aventurarse por la Vida.
Todos les empujan -en casa y en la escuela- a seguir caminos ya trazados.
Y al sistema económico, productivo, ya le va bien.
Necesita muchos sumisos, inhabilitados desde temprana edad para ser críticos con la autoridad.
El capitalismo necesita una gran masa de ovejas que mantengamos este sistema adultocentrista y violento en marcha, donde las necesidades de la infancia no serán tenidas en cuenta.
Donde lo importante es el mercado.
Niños formados a granel para reproducir este sistema cuando lleguen a adultos, con grandes necesidades insatisfechas y por ello, grandes consumidores.
Nadie quiere niños atentos a sus propias y verdaderas necesidades.
Nadie quiere ciudadanos críticos con el sistema prefijado.
Nadie quiere personas que expresen y escuchen sus necesidades.
Por eso las escuelas libres son cosa de locos.
Pero es lo normal.
Nadie se siente cómodo confiando en la infancia.
¿Qué sería del mañana (y de este sistema) en manos de esos niños capaces de respetarse a sí mismos?
Cristina Romero
PD: Si te ha interesado este artículo quizás también sea de tu interés:
¡Gracias por compatir!

 

Dec 6

Recuerdo que una noche mientras escribía el “Pintará los soles” me quedé dormida en el sofá con el ordenador a media frase y tuve un sueño muy especial…

Yo era un dragón volador, blanco y con larga cola, que estaba también en el mismo sofá y me iba volando por el pasillo hacia la cama…

Sentí claramente un gran poder, una gran fuerza vital, una inmensa alegría…

Al llegar volando a la cama vi a mi compañero Sergio y a mis dos hijos dormidos felizmente en la cama familiar…

Fue un sueño fugaz como una estrella, pero tan real que me desperté bañada en sudor y con una energía y una alegría infinitas.

La sonrisa de aquel dragón permaneció dentro de mí por largo tiempo… y me dejó el recuerdo vibrante de su poder…

El mismo poder que habita en todo ser humano que  llega a este mundo… Y que puede que inmerso en este entorno y  este sistema acabe por olvidar… (a veces desde las primeras experiencias vitales)

Dentro de este sistema hostil se encuentra el actual modelo de Escuela tal y como la conocemos…

Y quizás pienses que no existe otra forma de “educar”… Pero de veras… ¡Existen otras experiencias, otros caminos… para acompañar en plenitud a la infancia..!

Y es mi intención compartir esa otra mirada contigo, desde mi nuevo libro:

Imagen de la portada del libro "Una rEVOLución en la escuela - Despetando al Dragón Dormido" "

Un libro para toda aquella persona que acompaña a la infancia… para recordar  a cada oveja su gran poder como Dragón… (Si el entorno y el Sistema le han hecho olvidar)

El libro ya está disponible en pre venta desde la web de la Editorial OB STARE

Y desde la página del libro en facebook te invito al sorteo de dos ejemplares:)

Es mi deseo que este libro contribuya al cambio que ya está latente y que nuestros niños tanto necesitan… (y que como adultos que les acompañamos  anhelamos tan profundamente…)

Es tiempo de revoluciones… internas y externas… Y la Escuela, inmersa en el Sistema Educativo actual, está haciendo la suya… Desde cada niñ@, desde cada maestr@, desde cada padre, desde cada madre…

¡Gracias por tu propia rEVOLución!

Aquí te dejo la CONTRAPORTADA, el Indice y el Primer Capítulo:

Contraportada del libro “Una Revolución en la Escuela”

ÍNDICE
Introducción
Interrogantes y peticiones infantiles antes de entrar en la escuela
Capítulo 1: El programa de aprendizaje interno
Capítulo 2: Aprender desligado de enseñar
Capítulo 3: La libertad de aprendizaje
Capítulo 4: Una mirada histórica
Capítulo 5: El Amor en la escuela
Capítulo 6: El lugar de la familia
Capítulo 7: De maestros a acompañantes
Capítulo 8: Los dragones dormidos
Capítulo 9: Sobre estrategias escolares invisibles adormilantes
Capítulo 10: El despertar
Capítulo 11: Qué esperar de un Dragón

Capítulo 1: El programa de aprendizaje interno

Lo único que interfiere en mi aprendizaje
es mi Educación, Albert Einstein.
Los adultos estamos tan acostumbrados a dirigir y guiar a los niños que incluso creemos que les estamos ayudando. Con toda la buena intención, buscamos cómo rellenarles su día a día con nuestras propuestas y actividades de lo más interesantes y estimulantes para que no se aburran, para que aprendan mucho, para que tengan una buena educación…
Desconocemos que les estamos distrayendo y alejando de su propio programa interno de aprendizaje. Y que cada vez esperarán más que les entretenga desde afuera en lugar de conectar con su escucha interna. Pero los niños vienen capacitados para guiar óptimamente su aprendizaje desde adentro. Si los adultos que los acompañamos así se lo permitimos…
Cuando un niño empieza a ser guiado en lo que «le conviene» aprender, pospone su propio programa interno de aprendizaje y delega el desarrollo de su potencial de su plan de ruta en manos de los adultos. Los adultos se convierten entonces en «quienes saben», y tienen la responsabilidad sobre el propio aprendizaje.
Un niño que desde siempre ha sido respetado en su libertad de aprendizaje es sencillamente capaz de escucharse y seguir los dictados de su corazón. Cuando un niño ha sido continuamente motivado desde el exterior, dirigido desde afuera, aprende a acallar su corazón y esperar indicaciones ajenas.
Pero eso sucede desde la desconfianza de los adultos, según los cuales los niños vienen a perder su tiempo jugando y haciendo cosas que no les convienen. Como si jugar no se correspondiese con un sofisticado mecanismo evolutivo desarrollado por nuestra especie que permite elaborar y comprender el mundo de una manera sencilla y fascinante para los niños…
Los adultos, desde los despachos, elaboramos «currículums» y «programaciones» y pensamos «qué, cómo y cuándo» tenemos que «enseñar» a los niños para que aprendan. Creemos que si no decidimos todo eso, los niños no aprenderán «lo que tienen que aprender».
Nuestras intervenciones educativas están basadas en la desconfianza o el miedo: hacia los niños, hacia nosotros, hacia la vida. El Sistema Educativo que conocemos es un modelo que en su esencia desconfía de la humanidad y de su capacidad de aprendizaje. Es un sistema que limita, modela, dirige, estira y recorta a los niños.
Los adultos dirigimos y pretendemos controlar la vida de los más pequeños. Les decimos qué hacer, qué aprender, por una inconsciente falta de respeto a ellos, a la humanidad, a la vida.
Desvalorizamos todo el gran potencial que llevan dentro para construirse a sí mismos. Desconocemos u olvidamos que cada ser humano dispone de un programa de aprendizaje propio, interno, valioso, único, vivo, legítimo… que necesita ser protegido. Estamos demasiado ocupados y preocupados con nuestros propios objetivos y proyectos para los niños como para permitir y concebir que existan los suyos. Y mucho menos que sus propios deseos o inquietudes sean más adecuados que los que podamos proponerles nosotros…
Pero vayamos poco a poco…
¿Qué es aprender?

¡Gracias y feliz lectura!

Cristina Romero

Jun 29

Ilustración de Colecho para el Dia Mundial del Sueño Feliz creada por Amor Maternal

Hoy 29 de junio se celebra el Día mundial del Sueño Feliz y con esta nota me sumo a una importante revolución a favor del colecho (dícese de dormir junto a nuestros hijos).

Escribo estas palabras desde nuestra cama familiar y me dan ganas de hacerles una foto a mis tres hijos y a mi compañero que duermen felizmente todos juntos para ilustrar sin necesidad de palabras los grandes beneficios del colecho…

Sí, dormimos los cinco en la misma cama. Cada noche, desde siempre.

Bueno desde hace ya casi siete años  (los años de mi hijo mayor Pau), que primero éramos dos, pero desde la primera noche de vida de cada uno de mis hijos, la hemos dormido juntos.

Dormir con mis hijos es un acto de afectividad natural que brotó desde la confianza más absoluta en que eso era lo que necesitaban ellos y necesitaba yo para poder descansar tranquilos y confiadamente… Sabiéndonos cerca.

Dormir con mis hijos también es un acto casero y silencioso pero muy revolucionario a favor de un mundo mejor, más amoroso, confiable y feliz.

Menos violento…

Pues algo dentro de mí sabía como profundamente violento ese adiestramiento infantil que obliga a dormir solo, desconsolado y aterrado que promueve Estivill en sus libros…

Imagen "Somos mamíferos: los mamíferos duermen en manada"

Y para sumarme a la gran y poderosa iniciativa de madres y padres que en el día de hoy quieren revolucionar las redes sociales, pero especialmente twitter con el hashtag #DesmontandoaEstivill, me gustaría sumarme con unas palabras del libro Pintará los soles de su camino” (Editorial Círculo Rojo):

Actualmente, la Sociedad se cree muy sabia al adiestrar a los bebés…

Se le da la leche sólo cada tres horas, aunque la pida antes o no la
quiera aún.

Se le deja dormir solo, aunque reclame, como todo mamífero, contacto
cercano.

Se le deja llorar en el cochecito o la cunita, sin cogerle en brazos
hasta que acalla cansado su voz.

Ese Ser hermoso, aprende tempranamente que debe acallar sus necesidades y su poderosa voz interior… Pero un bebé recién nacido es muy sabio.

Acaba de nacer e instantes después es capaz de trepar hasta el pezón de su
madre que lo sostiene amorosamente sobre ella misma.

También sabe desde el primer momento administrar sabiamente la leche de los pechos de su madre, de tal manera que se nutra tal y como necesita: sabe si
necesita succionar de uno y del otro, o sólo de un pecho, en función de si
necesita más o menos alimento graso, o más líquido si acaso sólo tienen sed.
Podemos confiar en su instinto sin necesidad de encarrilarle.

La lactancia natural “a demanda” ayuda a conservar la confianza del bebé en
sí mismo, en su madre y en la Vida.

Viene a esta Tierra, a este plano material de la existencia, con la clara
necesidad de seguir su crecimiento bien pegadito al cuerpo de la madre. Es
ella quien dispone de todo lo que necesita y es el propio bebé quien sabe
qué es lo que necesita.

Los bebés vienen con un manual de instrucciones que ellos mismos saben leer
perfectamente. Por nuestra parte, necesi­tamos abrirnos a la Escucha
verdadera.

Los bebés merecen un Gran Respeto.

Los bebés están más conectados que muchos adultos con su propio saber.

Puedes ver en su cuerpo inquieto si necesita más movimiento, si algo le
incomoda… Puedes ver en sus ojos, en sus sonrisas, en sus balbuceos si
está contento…

Cuando un bebé llora, qué importante es que su madre o quien lo materne deje lo que está haciendo (si es posible) y le atienda. Así le muestra y le
recuerda que es importante, que es Sagrado
. Al acer­cárselo y susurrarle
empáticamente palabras como: “sí, dime, estoy aquí, cuéntame…” un bebé se
sabe escuchado. En cambio, se siente acallado, limitado, si escucha:
“shhh…, ya está, no llores más…”

Actualmente las mujeres son educadas y condicionadas desde niñas para negar su verdadero e importante papel en el cuidado del Alma humana.

Vivimos en una Sociedad masculina, regida por el hemisferio iz­quierdo del
cerebro. Ese hemisferio es conocido como masculino o “yang”. Desde esa zona observamos las cosas analíticamente, matemáticamente, clasificadamente, con poca implicación emo­cional e intuitiva.

La mente racional todo lo organiza y ubica con cierto des­apego…

Fuimos educadas, a través de siglos de historia, para negar nuestro apego
por los hijos, para desobedecer nuestra sabiduría intuitiva de lo que
realmente nos conviene y para depender de lo que otros digan sobre nosotras
mismas.

Hemos cocreado una Sociedad desnaturalizada, donde los niños estorban hasta que se convierten en adultos productivos, donde las mujeres no pueden
permitirse la crianza desde el corazón, pues lo que impera es que se
desapeguen de su cría lo antes po­sible y retomen cuanto antes su rol social
esperado y respetado.

Existen infinidad de teorías que te ayudarán a justificar el dolor que
sientes al alejarte de tu bebé, al cortar el hilo que os une y que te
ayudarán a volver al sistema, anestesiada. Para que nada  nos duela, ni nos
planteemos demasiadas cosas establecidas.

Encontrarás justificaciones para educar y modelar a un bebé y alejarlo de
sus necesidades afectivas y espirituales.

Existen infinidad de libros y teorías sobre “cómo hacer que tus hijos hagan
lo que tú quieres”. Libros sobre cómo hacer que los niños no molesten en el
mundo adulto.

Quizás ya descubriste que ese mundo adulto que te rodea tam­poco ayuda a la
felicidad de esos hombres y mujeres que lo de­fienden y se resisten a
cambiarlo.

Y no hablo de utopías. Aunque se quedará en eso si tu así lo de­cides para ti.

 Seguirá en cada mujer que lea este libro, el poder de tomar este mensaje
como el inicio de una auténtica transformación que cons­truya el mundo que
sueña, o bien aparcarlo y seguir recortando sus propias alas y las de sus
hijos.

Este capítulo lo dedico especialmente a nosotras, a las mujeres, porque yo
misma soy mujer y os lo debo, me lo debo. Ya es tiempo de honrar mi
feminidad y la tuya.

No te estoy hablando de feminismo si lo entiendes como sepa­ratismo.

Te hablo de reconectarte con lo que eres para poder así abrazar a lo que no eres, a lo diferente a ti, pues desde esa conexión con­tigo misma observarás
que en realidad nada está separado de ti y nada deja de ser una expresión de
ti misma.

Te animo a despertar a la Mujer Consciente que eres.

Escribo también para decirte que la leche de fórmula (que pro­viene de otra
especie) ni se ha diseñado, ni evoluciona continúa y especialmente para el
bebé que habita tu vientre. La que brota de tus pechos sí.

Escribo para decirte que en ti hay tanta leche y tanto Amor como tus hijos
necesiten.

Que el lugar más beneficioso para tus crías de mamífero humano no son las
cunas ni los carritos que lo aíslan de la energía de otro Ser. Lo es el
cuerpo a cuerpo, la proximidad con su madre o la persona que lo materna…

La Sociedad trata de convencernos y convencer a los bebés de que todos los
sucedáneos y consoladores son adecuados. Creemos que nos ayudan a
sobrellevar la maternidad y no nos damos cuenta de que nos la estamos
perdiendo.

Me parece importante saber que no estamos solas, que también contamos con la ayuda de otras mujeres y de otros hombres en el camino. Y que si nos
perdemos, nuestros hijos también se pierden…”

 

Ilustración de colecho realizada por César Caballud para el libro Pintará los soles de su camino

Gracias desde aquí a todas las personas que apoyan esta gran causa, sabiendo la importancia y trascendencia del colecho por un mundo más amoroso.

#DesmontandoaEstivill

Cristina Romero




Apr 28

 

Durante la infancia, coincidiendo con los dientes de leche, estamos muy conectados con la Magia. Nuestra poderosa imaginación y la cercanía a la escucha de nuestro corazón, nos hacen poderosos practicantes de sueños.

En mi propia historia, pero también en la de mis hijos, he podido comprobar cuan poderosa es la fuerza del que desea algo sin el condicionante de que eso no es posible… ni demasiado para él…
Pero es probable que los adultos que nos acompañaron insistieran en decirnos que “dejáramos de ser niños” y que nos adentráramos de una vez en un mundo adulto.
Un mundo adulto donde “la vida es dura”,” todo cuesta muchísimo esfuerzo”, y por supuesto “la Magia no existe” más allá de trucos en espectáculos.
Haciendo así que desconectáramos de un gran potencial que llevamos dentro como seres practicantes (que llevan a la práctica) de sueños (aquello que anhelan y desean vivir desde lo profundo de su corazón).
Pero ahora que tus dientes de leche han caído y ya estás en un mundo responsable y sensato, quiero decirte que no te equivocabas cuando eras niño. Dentro de tu mundo también existe la Magia, si abres tu corazón para poder mirarla.
Por una cuestión de genética familiar, yo a mis 34 años, como mi abuela, aún poseo muchos de mis dientes de leche. Durante un tiempo me molestó y no pude comprender el regalo que me traía esa característica.
Ahora sé que gracias a ello tengo la oportunidad de hacer de puente entre madres, padres e hijos en este asunto.
Sí, puedo vivir la Magia y explicársela a quienes ya no saben verla, para que así acompañen a sus hijos de otra manera, permitiéndoles seguir toda la vida conectados con lo no visible, con su gran poder para crear la vida que ellos deseen.
En mi casa y en la tuya la Magia puede ser algo corriente y útil. Como lo era antes en las casas donde habitaba una mujer sabia, una mujer consciente de su poder al jugar con los elementos de la naturaleza.


Pero puede que ya hayas echo tuyas las restricciones de este mundo, cerrado a la alegría y la confianza de estar vivos y cerrado a celebrar el poder creativo con el que venimos dotados a esta existencia…
Yo seguiré agradeciendo a mis dientes de leche cada día la oportunidad que me brindan para compartir la Magia con aquellos adultos que quieren despertarla en si mismos…
Es una gran satisfacción para mí colaborar en que adultos y niños puedan seguir conectados con el infinito poder con el que venimos dotados.


El próximo taller PRACTICANTES DE SUEÑOS es en Madrid el 19 de Mayo.
Será un gran placer compartir esta experiencia, en su quinta edición, contigo.

Abrazos
Cristina Romero