Aug 18

Hay tanto ruido fuera y dentro de ti, que no te escuchas…

Paras.

Silencio.

¿A dónde ibas?

Toneladas de Amor caen sobre ti a cada instante…

¿Las notas ahora?

Pesan sobre tu cuerpo.

Penetran tus células más externas, las de tu piel.

Poco a poco van penetrando cada tejido que te conforma.

Lo hacen porque tú te abres y las dejas pasar.

Como un óvulo que se abre ante un espermatozoide.

Tu pasado ahora no ocupa tu atención ni tu energía.

Tu futuro tampoco.

Solo te deleitas en ti y en esa saliva dulce que inunda tu boca.

Este instante es solo un pequeño alto en tu camino.

Un recurso que atraes a ti misma para recordarte que no necesitas seguir buscando nada… ni conseguir más nada.

Que todo ya está bien, que estás completa.

Que este instante forma parte de ti y de tu conexión con TODO.

Tú eres ese ruido de fondo en tu ambiente.

Tú eres estas palabras, escritas solo para ti.

Tú eres esa duda que aparece en tu mente.

Y ese parpadeo también…

Respiras…

Y te permites cerrar los ojos (símbolo de nuestra mente racional) para atender a tu corazón.

Pones tus manos sobre él y le dices bajito:

“Corazón, te escucho. 

Eres mi guía.

Gracias por tu gran sabiduría, que es mía.

Gracias por permitirme conectar, a través de ti,

con la sabiduría infinita del Universo”

 

Gracias

Y si te resonó, gracias por compartirlo…

Cristina Romero

 

 

 

¡Puede que también te interese conocer mi agenda de propuestas!

Te la dejo aquí ¡Gracias!

May 7

Aquí y ahora decreto en mi interior dejar de perseguir el Dorado.

Ya lo tengo en mis manos, tan solo soy capaz de verlo cuando al fin me detengo.

Entonces solo soy capaz de dar las Gracias por cada uno de los hijos que han venido a caer a este mundo tan cerquita mío, en mi cama, en mis brazos, en mis pechos, en mi boca, en mis manos. Ellos, junto a su padre, son los soles que iluminan mi día.

No necesito más nada. Pero también sigo dando las Gracias por el hermoso lugar que habito, cerca del bosque, en el musgo, en el campo, cerca del fuego, cerca del pozo, cerca de la vida vibrante bajo mis pies descalzos…

Y junto mis manos y las llevo al pecho, a la altura de mi corazón y me estremezco por dentro y mi piel desnuda al sol se eriza por fuera. Gracias susurro al viento…

Siempre –desde todas mis vidas- tuve esta misma posibilidad para ser feliz. Los rostros que me acompañaron entonces eran distintos por fuera y mi vestido y el paisaje tampoco eran los mismos… Pero no es que ahora tenga más suerte en la Vida. Simplemente ahora estoy más dispuesta a darme cuenta de los grandes regalos que me da…

Y aquí y ahora se y me digo, que no necesito más nada.

Que estoy llena.

Agradecida.

Con los ojos húmedos de emoción. Y la nariz mocosa.

Respiro y lo vuelvo a decir en voz más alta: “Gracias, aquí y ahora decreto en mi interior dejar de perseguir el Dorado”.

Ese Dorado que me mantenía en búsqueda, preocupada y ocupada, sin acabar de valorar y apreciar lo que ya ES, con un vaso medio vacío en la mente y un fuego por apagar…

Los días se sucedían en una carrera interminable hacia el mañana. Nunca enraizada en el presente…

Pero ahora el reloj se detiene dentro de mí.

¡Qué gran descanso!

Con cada inspiración me lleno del momento presente, que todo lo contiene.

Ahora me parece extraño no vivir así.

¿A dónde iba yo con tanta prisa? ¿Por qué aquella insatisfacción? Andando por la vida desconectada de mi misma, del cielo y la Tierra…

Me río. Tiene gracia: me invade cierta ternura  por mí misma.

Ahora la emoción me sacude de nuevo al amarme a mí misma. Acaricio mi cara con las manos. Miro mis manos y también me hace gracia y me emociona darme cuenta que les he tomado verdadero cariño… Abrazaría a todo este cuerpo con el que tanto tiempo me he  peleado… y que tanto, tantísimo me ha dado…

Gracias…

El viento sopla y una idea llega con él.

Pase lo que pase luego o mañana, esto no va a cambiar: el Dorado ya está dentro de mí.

Gracias…

Cristina Romero