Lo que tu hijo te invita a escuchar en ti

Los hijos nos traen el mapa

Muchos adultos piensan que los padres estamos aquí para sacar lo mejor de los hijos. Pero yo digo que los hijos vienen a INVITARNOS a sacar la mejor versión de nosotros mismos y que nuestra tarea consiste en PERMITIRLES a ellos sacar la suya…

 

Miro a mi hijo, me miro y sé que estamos juntos en este viaje para ayudarnos a poner en circulación lo mejor de ambos. Especialmente para que él me ayude a desempolvar mis viejos “yoes” oxidados. Esos con los que vine de niña y la sociedad me había hecho creer que estaban casi borrados de mi cuerpo.

 

Pero no, no lo están. Mi hijo me trae el gran mapa que seguir al estar aún tan conectado a su instinto y a su corazón.

Y yo, al acompañarle,  puedo ver por donde venía cuando me perdí siendo una niña.

 

Nadie como él para contarme lo que me perdí al perderme a mí misma…

 

Él sabe señalarme mejor que nadie todos mis interrogantes, mis incoherencias, mis miedos y mis absurdos. Lo hace para que los convierta en tierra fértil desde la que volver a nacer. Nueva, renovada. Con el corazón más expuesto.

 

Sí, porque andar por la Vida con el corazón acorazado parece muy seguro pero nos mantiene entre dormidos y muertos en vida.

 

Él está aquí, tan dentro de mi mundo… para poder derrumbar con más fuerza todos mis falsos castillos y contarme que en lo profundo solo eran prisiones.

 

Me insiste cuando yo ya quiero bajar los brazos, para contarme que la Vida siempre tiene humor para más cambios. Que la Vida son cambios que se entrelazan y se cosen formando un poso invisible (¡pero tan rico…!) en nosotros. Y que lo que de verdad importa es cómo los vivimos.

 

Desde el serio y ocupado mundo adulto nos hemos vuelto demasiado grises como para entender de colores.

 

…Pero él se acerca cuando me pierdo.

 

…Me cuenta bajito que necesita que le bañe AHORA con mi mirada. Y si no lo escucho me lo dice mucho más FUERTE.

 

A menudo los adultos nos enfadamos cuando eso ocurre.

 

Tan ocupados con nuestros propios objetivos, aún no hemos entendido de qué va el juego de ser padres…

 

Pero si mi hijo me pide presencia, atención, que le asista y le ayude con algo… nunca está haciéndolo para interrumpir mi paz. Lo está haciendo para que DE VERDAD la encontremos ambos.

 

Si mi hijo me pide mirada lo hace porque la necesita como el aire que respira, pero también para que YO recuerde que a mí me faltó esa mirada y que ES TIEMPO de dármela también. Pero paradójicamente ahora, la mirada que de verdad necesito, es la que puedo darme yo misma. Esa para la que nunca hay tiempo.

 

¡Cuanto nos cuesta a los adultos mirarnos con Amor GRANDE si nadie nos miró así primero!

 

Pero por suerte, la Vida es increíblemente sabia y tiene previstos nuevos caminos por los que llegar al AMOR: Los hijos pueden enseñarnos a amarnos incondicionalmente, porque ellos sí saben mirarnos así, con el corazón por delante. Como nos miran los demás animales o la Naturaleza. De esa manera oxidada que nosotros también podemos recuperar, si desaprendemos a mirarnos con tantos filtros.

 

Así que en presente TE MIRO hijo. Te veo, te acojo, te hago lugar en mí. Sin juzgarte. Entero… y te sonrío con mi pecho, mi cuerpo, mis manos y mi voz.

 

Y cuando estás lleno de mi mirada… Me ocupo de mí. ME MIRO. Me veo, me acojo, me hago un lugar en mí, me respiro, entera, sin juzgarme y me sonrío de pies a cabeza… con mis ojos, mis manos y mi voz… Mi piel, reseca de tanta ausencia de mi misma, pedía beber sorbos largos de contacto verdadero, habitado. Y se estremece y se eriza de placer.

 

Me escucho…

 

¿Qué más necesito?

 

Necesito romper mis miedos con un mortero. Hacerlos fino polvo con el ritmo de mis manos (extensiones de mi corazón) y transformarlos en medicina con la que curar mis heridas.

 

Necesito desilachar la gran bola de mis pensamientos negativos y convertirlos en una madeja con la que tejer una manta suave con la que cubrir mi cuerpo cansado con calor y paciencia, creando una cueva oscura desde la que restaurar mi energía.

 

Y mientras tomo mi mortero me sonrío pensando en todas las otras mujeres y todos los otros hombres, madres y padres, que van a venirse conmigo a caminar el mismo viaje.

 

Os siento cerca. Y mi corazón da un vuelco al empezar a sintonizarse con los vuestros.

 

Empezamos pronto. El primer encuentro está tan cerca…

¡Abrazos!

Cristina Romero

 

¡Enamórate de ti!

One Response

  1. Natalia Says:

    No veo bien la info de los cursos. Me interesan. Donde puedo obtenir la información?

    Gracias

    Natàlia

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