Extracto del libro “Pintará los soles de su camino” de Cristina Romero, seleccionado por Lola Feliu

Desde aquí quiero AGRADECER a Lola Feliu su confianza y apoyo al mensaje del libro.

Me ha enccantado releerlo a través de su mirada  ¡GRACIAS! Os dejo con su resumen:

“Encontré una joya en la web que necesito compartir con las futuras mamás o
las recién estrenadas, o no tan recién estrenadas mamas. ¿Y porque no para
las abuelas también? ¿Y las maestras? Se trata del libro: “Pintará los Soles
de su Camino” de Cristina Romero Miralles. www.DespertarEnLaLuz.com

He seleccionado extractos de algunos de sus capítulos que me han parecido
relevantes y sobre los que pienso que una madre debería leer a menudo
durante los primeros meses de maternidad y continuar recordando hasta la
adolescencia de sus hijos. Os dejo pues con estas joyas de la educación de
un hijo del siglo XXI. Aunque ello no impida que realicéis la lectura de
todo el libro.”

Lola Feliu

EXTRACTOS DEL LIBRO “Pintará los Soles de su Camino”:

Actualmente, la Sociedad se cree muy sabia al adiestrar a los bebés:

1.   Se le da la leche sólo cada tres horas, aunque la pida antes o no la
quiera aún.

2.   Se le deja dormir solo, aunque reclame, como todo mamífero, contacto
cercano.

3.   Se le deja llorar en el cochecito o la cunita, sin cogerle en brazos
hasta que acalla cansado su voz.

Ese Ser hermoso, aprende tempranamente que debe acallar sus necesidades y su
poderosa voz interior… Pero un bebé recién nacido es muy sabio.

Acaba de nacer e instantes después es capaz de trepar hasta el pezón de su
madre que lo sostiene amorosamente sobre ella misma.

También sabe desde el primer momento administrar sabiamente la leche de los
pechos de su madre, de tal manera que se nutra tal y como necesita: sabe si
necesita succionar de uno y del otro, o sólo de un pecho, en función de si
necesita más o menos alimento graso, o más líquido si acaso sólo tienen sed.
Podemos confiar en su instinto sin necesidad de encarrilarle.

La lactancia natural “a demanda” ayuda a conservar la confianza del bebé en
sí mismo, en su madre y en la Vida.

Viene a esta Tierra, a este plano material de la existencia, con la clara
necesidad de seguir su crecimiento bien pegadito al cuerpo de la madre. Es
ella quien dispone de todo lo que necesita y es el propio bebé quien sabe
qué es lo que necesita.

Los bebés vienen con un manual de instrucciones que ellos mismos saben leer
perfectamente. Por nuestra parte, necesi­tamos abrirnos a la Escucha
verdadera.

Los bebés merecen un Gran Respeto.

Los bebés están más conectados que muchos adultos con su propio saber.

Puedes ver en su cuerpo inquieto si necesita más movimiento, si algo le
incomoda… Puedes ver en sus ojos, en sus sonrisas, en sus balbuceos si
está contento…

Cuando un bebé llora, qué importante es que su madre o quien lo materne deje
lo que está haciendo (si es posible) y le atienda. Así le muestra y le
recuerda que es importante, que es Sagrado. Al acer­cárselo y susurrarle
empáticamente palabras como: “sí, dime, estoy aquí, cuéntame…” un bebé se
sabe escuchado. En cambio, se siente acallado, limitado, si escucha:
“shhh…, ya está, no llores más…”

Olvidamos a veces explicarle qué nos sucede, sobre todo a nivel emocional.
Los bebés están fusionados con sus madres en el plano emocional, lo captan
absolutamente todo. A veces, se muestran irritables cuando es mamá la que lo
está, aunque ella misma ni se ha dado cuenta. O lloran cuando es mamá la que
necesita hacerlo. En realidad es adecuado que les expliquemos cómo nos
sentimos para que, al ponerle palabras, nos hagamos responsables de nuestras
emociones, y permitamos así a nuestro hijo, liberarse de ellas. El bebé, a
veces, con su malestar muestra a la madre algo que tiene que ver con una
desconexión. Desco­nexión consigo misma y con su bebé.

Quizás el bebé llora y no encontramos el motivo ni la manera de consolarlo.
Pero entonces nos retiramos a un lugar más tranquilo con nuestro bebé y
tratamos de conectar con nosotras mismas. A través de su llanto, conectamos
con un dolor que es el nuestro. Quizás nos está hablando de un pesar oculto
en nuestro día a día. Ese bebé nos está dando la oportunidad de reenfocar
nuestra Vida.

Actualmente las mujeres son educadas y condicionadas desde niñas para negar
su verdadero e importante papel en el cuidado del Alma humana.

Vivimos en una Sociedad masculina, regida por el hemisferio iz­quierdo del
cerebro. Ese hemisferio es conocido como masculino o “yang”. Desde esa zona
observamos las cosas analíticamente, matemáticamente, clasificadamente, con
poca implicación emo­cional e intuitiva.

La mente racional todo lo organiza y ubica con cierto des­apego…

Fuimos educadas, a través de siglos de historia, para negar nuestro apego
por los hijos, para desobedecer nuestra sabiduría intuitiva de lo que
realmente nos conviene y para depender de lo que otros digan sobre nosotras
mismas.

Hemos cocreado una Sociedad desnaturalizada, donde los niños estorban hasta
que se convierten en adultos productivos, donde las mujeres no pueden
permitirse la crianza desde el corazón, pues lo que impera es que se
desapeguen de su cría lo antes po­sible y retomen cuanto antes su rol social
esperado y respetado.

Existen infinidad de teorías que te ayudarán a justificar el dolor que
sientes al alejarte de tu bebé, al cortar el hilo que os une y que te
ayudarán a volver al sistema, anestesiada. Para que nada  nos duela, ni nos
planteemos demasiadas cosas establecidas.

Encontrarás justificaciones para educar y modelar a un bebé y alejarlo de
sus necesidades afectivas y espirituales.

Existen infinidad de libros y teorías sobre “cómo hacer que tus hijos hagan
lo que tú quieres”. Libros sobre cómo hacer que los niños no molesten en el
mundo adulto.

Quizás ya descubriste que ese mundo adulto que te rodea tam­poco ayuda a la
felicidad de esos hombres y mujeres que lo de­fienden y se resisten a
cambiarlo.

Y no hablo de utopías. Aunque se quedará en eso si tu así lo de­cides para
ti.

Seguirá en cada mujer que lea este libro, el poder de tomar este mensaje
como el inicio de una auténtica transformación que cons­truya el mundo que
sueña, o bien aparcarlo y seguir recortando sus propias alas y las de sus
hijos.

Este capítulo lo dedico especialmente a nosotras, a las mujeres, porque yo
misma soy mujer y os lo debo, me lo debo. Ya es tiempo de honrar mi
feminidad y la tuya.

 

No te estoy hablando de feminismo si lo entiendes como sepa­ratismo.

Te hablo de reconectarte con lo que eres para poder así abrazar a lo que no
eres, a lo diferente a ti, pues desde esa conexión con­tigo misma observarás
que en realidad nada está separado de ti y nada deja de ser una expresión de
ti misma.

Te animo a despertar a la Mujer Consciente que eres.

Escribo también para decirte que la leche de fórmula (que pro­viene de otra
especie) ni se ha diseñado, ni evoluciona continúa y especialmente para el
bebé que habita tu vientre. La que brota de tus pechos sí.

Escribo para decirte que en ti hay tanta leche y tanto Amor como tus hijos
necesiten.

Que el lugar más beneficioso para tus crías de mamífero humano no son las
cunas ni los carritos que lo aíslan de la energía de otro Ser. Lo es el
cuerpo a cuerpo, la proximidad con su madre o la persona que lo materna…

La Sociedad trata de convencernos y convencer a los bebés de que todos los
sucedáneos y consoladores son adecuados. Creemos que nos ayudan a
sobrellevar la maternidad y no nos damos cuenta de que nos la estamos
perdiendo.

En este mundo de prisas y falta de tiempo aparente, donde las mujeres
estamos atrapadas y demasiado ocupadas, ser madre se convierte en algo
extraño y ajeno a nosotras. También lo pa­rece aceptar Ayuda sin creernos
menos, menos sabias, menos fantásticas, menos poderosas…

¡Qué equivocadas!

Es necesario que recuperemos la importancia de abrirnos a la ayuda, porque
en el juego de equilibrios del Universo, para seguir nutriendo, primero
debemos alimentarnos también nosotras.

Me parece importante saber que no estamos solas, que también contamos con la
ayuda de otras mujeres y de otros hombres en el camino. Y que si nos
perdemos, nuestros hijos también se pierden…

Las mujeres somos invencibles y poderosas. Somos una perfecta creación
divina. Y está en nosotras manejar equilibradamente el Dar, pero también el
Recibir.

Observemos lo que ocurre al amamantar y extrapolémoslo a todas las otras
etapas de nuestras vidas: para poder permitir que otros coman de ti, es
adecuado que antes hayas comido tú.

Volvamos la mirada amorosamente hacia nosotras, dejemos que el Universo nos
nutra en sus múltiples formas, sólo así la energía del Amor podrá seguir
fluyendo infinita e inagotable hacia nues­tros hijos.

Al abrirnos a la Ayuda, sabiendo que la merecemos, ésta llega. El  universo
es rico y abundante si nos abrimos y extendemos nues­tras manos al cielo y a
la tierra. Al padre y a la madre.

Del mismo modo que nuestros pechos generan tanta leche como nuestros hijos
demandan con su succión, el Universo nos nutre tanto como queramos y
necesitemos recibir. Tan sólo hace falta darnos cuenta de que la diferencia
con nuestros hijos es que ellos se saben merecedores de ese néctar de vida y
nosotras aún du­damos…

Al contemplar enamoradas a nuestros hijos, aprendemos a Amarnos, pues somos
lo mismo, somos UNO con ellos

Tus hijos vienen a ser felices. Y en ellos está la llave de acceso.

Trata de no proyectar en ellos tus propios deseos o anhelos sobre cómo
quieres que sean.

Recuerda que ellos crean su realidad, tú creas la tuya. Permíteles descubrir
todo su potencial, alejados de nuestros condicionantes o límites.

Creemos ser más sabios por ser adultos y nos creemos en el derecho de
decirles a nuestros hijos/as: “si sigues ese camino de ahí, encontrarás tal
cosa, mientras que si sigues ese otro de ahí, encontrarás esa otra”.

¿Qué sabemos nosotros de la infinidad de posibilidades que les brinda el
Universo con cada camino elegido, con cada elección?

“Elige el camino que tu desees, hijo. Yo te apoyo incondicional­mente”.

Eso lo dice Dios.

Eso lo puedes también decir tú, si así lo eliges.

A veces cuando un niño dibuja y un adulto lo alaba, éste enreda al niño en
un contentamiento que lo limita y aleja de la experiencia en sí de dibujar.
Puede que entonces trate de lograr alabanzas a través de sus creaciones
futuras o se frustre si no las consigue, o se juzgue…

Cuando un niño dibuja, se está expresando, está creando y eso Es.

Ese niño viene y me muestra su dibujo, entonces puedo decirle que lo veo y
realmente contemplarlo con detenimiento. O incluso puedo describir lo que
veo, sin ponerle adjetivos. Se trata de corresponderle con mi mirada y mi
presencia. Es lo mismo que cuando un niño salta y pide que le miremos: que
le correspon­damos con un expresivo “ya veo como saltas” es lo que necesita,
no hace falta que juzguemos si salta muy bien, muy alto o cual­quier otra
cosa relativa.

Y si ha dibujado un garabato redondo no le decimos “qué sol más bonito” y
menos aún “mira, para que sea un sol de verdad lo pintas de amarillo y le
haces unos rayitos por aquí”, como dice José Miguel Castro en su curso
“Educación Creadora”.

Podemos jugar, si él quiere, a buscar todo lo que vemos en su dibujo, si lo
contemplamos de diferentes formas: puede ser una tortuga si lo miro así, o
un dragón si le doy la vuelta… o también una…

Tampoco nos autolimitemos como espectadores neutros… Si algún día algo que
realiza mi hijo me encanta y se lo quiero decir, puedo decirle: “me encanta
mirar tu pintura” o “me encanta verte lo feliz que estás con tu pintura”.

Observa si proteges excesivamente algo a causa de pensamientos de que te lo
van a substraer y dite a cambio que Confías.

Observa si proteges excesivamente a tus hijos: demasiada ropa encima cuando
hace frío les hace sudar, el sudor les moja y luego les enfría. Una sencilla
metáfora para elogiar el equilibrio en tu protección.

Cuando tus hijos salgan de casa recuérdales que Confías en la Vida. Les
ayudarás más que con pensamientos o frases de preocupación. Cuando te
sientas preocupado, envíales mejor un pensamiento del tipo “te rodeo de amor
y protección”.

Como madre o padre suyo que eres, su Confianza en ti es de vital
importancia.

No le engañes diciéndole, por ejemplo, que hoy no le van a pin­char, y entre
confiado en la consulta del médico de donde saldrá dolorido con una vacuna.

El dolor que siente es de su Alma.

Tampoco le digas a tu hijo pequeño que esté tranquilo, que no te irás, y
entonces desaparezcas, justo cuando juega confiado y despistado, sin
despedirte. Por ahorrarte ver sus lágrimas siem­bras en su seno la
desconfianza.

Desconfiar de una madre o de un padre es algo terrible para ese Ser.

Cuando te descubras pensando que algo va a ir mal, tómate tu tiempo en
transformar esa sensación.

Los miedos de los padres pueden interferir y condicionar la rea­lidad de un
hijo. Mientras que la Confianza y la CERTEZA de que todo va a ir bien
también interfieren y condicionan la realidad.

La desconfianza y el miedo nos hacen tener pensamientos des­confiados que a
su vez atraen situaciones negativas que los ali­mentan.

No le mientas ni hagas que te mienta (al ejercer una fuerza en su contra,
puede elegir mentirte para liberarse de tu presión). Y si llegáis uno o
ambos a tal situación. No le juzgues. No te juz­gues. Déjale experimentarse
y experimentarte también en esa situación.

Los niños aprenden muy pronto a devolverte frases que tú usas y saben que
ayudan: “Mami, no pasa nada, no te preocupes… yo estoy aquí” o “tú sí
puedes, Mami, yo te acompaño” o “¡imagínate que sí va, que sí funciona y así
será!” (esta última frase se la digo yo y me la dice también mi hijo, cuando
me ve ofuscada por algún aparato que se me resiste).

Muchas madres tenemos una tendencia claramente invasiva y entrometida con
los más pequeños.

En el parque por ejemplo, los subimos y bajamos donde que­remos. Colocamos
su cuerpecito allí donde sea, o allí donde nos piden, independientemente de
si ya pueden acceder solos a ese lugar…

Es mucho más adecuado y recomendable dejar que sean ellos mismos quienes
intenten subir o hacer por ellos mismos aquello que les interese. Nosotros
permaneceremos a su lado, animando o simplemente estando. Podemos ofrecer
nuestro cuerpo para que lo usen de apoyo, o de puente, colocándonos entre el
suelo y un lugar alto por ejemplo. Mas evitaremos resolver o hacer por
ellos. También podemos guiarles con palabras: decirle donde puede poner un
pie o si le falta desplazar el cuerpo un poco hacia delante…

La autonomía, la independencia, la conquista del espacio, el do­minio del
propio cuerpo, favorecen su confianza en sí mismo.

Confía en que mantendrá el equilibrio aunque por un momento pensaste que se
iba a caer. Aléjate de comentarios como: “¡cui­dado, te puedes caer!”, o
“¿no ves que te vas a caer?”.

Y luego encima decimos : “ves, si ya te lo decía yo…”

Desconocemos que fue justamente ese comentario nuestro, esa desconfianza en
él, lo que hizo que se viniera abajo, pues se creyó nuestras palabras…

A veces los miedos vienen de los cuentos o de las películas pero, a veces,
vienen de las amenazas de los adultos.

Cuando los miedos aparecen se necesita del apoyo y la confianza de unos
padres para que desaparezcan.

Recuerda: si él cree que los monstruos están en su armario, para su realidad
así es.

Ayúdale creativamente a convivir junto a ellos, a conocerlos mejor, a
integrarlos amistosamente o también a decirles que se vayan si le molestan.

Muéstrale que el Amor protege e invade cualquier ser o lugar por terrible
que parezca. Visualizarse recibiendo y enviando Amor es de infinita ayuda.

Donde hay Luz, no cabe la oscuridad.

Tu visión de las cosas, confiada, le ayudará a ver que puede rees­cribir su
propia visión de las cosas.

Y si tu hijo necesita dormir a tu lado, olvídate de ideas precon­cebidas
sobre lo que necesitan los niños. Pues muchas veces hablan egoístamente sólo
de lo que necesitan los adultos.

¿Acaso no es adecuado dormir con tus hijos como mamíferos que son?

La especie humana ha sobrevivido durante mucho tiempo usando  el contacto
directo para asegurar el cuidando de las crías. Pregúntate si obligarlo a
dormir sólo, cuando insiste en no querer, colabora con ese sentir miedo…

Cuando hablamos de limitar ciertas acciones del niño a la hora de expresar
su rabia o frustración, no nos referimos a que mo­leste o no guste con ello
a otros. Evidentemente a algunos de los adultos que nos rodean en el parque
o en la tienda, les disgustará esa expresión. Pero si acallamos a un niño
por ese desconocido, seamos al menos conscientes de ello. Y ocupémonos de
nuestro hijo empáticamente, permitiéndole un espacio y un tiempo de
Es­cucha, donde sí nos sintamos a gusto, alejados de adultos que según
nuestra idea temamos que nos enjuicien.

Pero cuídate de pensar que otros te van a juzgar, pues en tu rea­lidad así
será…

Cuando te animo a permitir que se exprese, siempre que ello no cause daño a
sí mismo ni a otros, me refiero a que no golpee o lastime a ningún ser vivo.

Tampoco puede romper o destruir algo de alguien que no le per­tenezca.

Pero sí podemos permitirle y acompañarle a golpear o destruir otros objetos
como papel, torres de cojines, torres de arena, lanzar piedras hacia un
lugar permitido…

Cuando un niño golpea con patadas un material o tira al suelo objetos de una
manera violenta, qué necesario es acercarse a preguntarle si se siente
enfadado y ayudarle a encontrar una ma­nera de expresarse: “¿quieres tirar
cosas?, ¿quieres dar patadas a algo?, pues si quieres eso tienes que
encontrar un material que se pueda usar para ello… Si quieres te acompaño
a buscar pie­dras para tirar, o cojines para golpear… “

Me alejo de la censura, la crítica y el juicio. Me acerco a ese niño
empáticamente y le ayudo a encontrar un camino de expresión  y liberación.
Pues si coloco un falso tapón, y no atiendo esa lla­mada, mi acompañamiento
está desatendiendo a esa Alma.

Los niños necesitan saber que todos nos enfadamos, sentimos rabia o
frustración y que es un bienvenido sentimiento a expresar, no a reprimir.

¿Qué es ser bueno o portarse bien?

En el mundo que pisamos, muchas veces eso es sinónimo de vivir de acuerdo al
sistema, complacer a tus padres, traicionar tus de­seos, rechazar una parte
de ti que no es aceptada por los otros…

¿Y qué es ser malo o portarse mal?

Para otros eres malo si no haces caso de lo que te dicen o si no le quieres
dar hoy un beso a la señora de la tienda que te dio un caramelo o si
protestas cuando estás harto de algo, o si tocas con curiosidad objetos
extraños o si te tocas los genitales sólo por placer…

E internamente te acabas creyendo malo… Igualmente terrible es
identificarse sólo con ser bueno… Porque así tu mismo coges las tijeras,
desde niño y te recortas tus propias alas o las de tus compañeros… Te
limitas a vivir la vida de un personaje con el que acabas identificado y que
con suerte se cuestionará un día por qué no es feliz, a pesar de ser tan
bueno…

Creer que te has portado bien o has sido muy bueno te acerca a la falsa
necesidad de no defraudar a los demás. Muy a pesar de lo que te diga tu
corazón enjaulado.

Creer que te has portado mal te acerca al sentimiento de culpa. La culpa te
hace creer que no mereces lo mejor. Atraes así a tu Vida poca felicidad,
pues consideras que vivir en plenitud y atraer las mejores cosas y
situaciones es demasiado para ti.

-¿Es bueno tu hermanito o llora mucho?- le dicen ante mí.

Entonces mi hijo de tres años tendría que quedarse con la idea de que el
bebé es malo por llorar o llorar “mucho”…

Mientras subimos en el ascensor, tras dejar a la vecina que le ha hecho ese
comentario a mi hijo, le comento a Pau que un bebé se comunica de muchos
modos y uno es llorando y que mucha gente piensa que eso es portarse mal.
Pero que para el bebé se trata de su voz interior y le recuerdo que es muy
importante para el bebé sentirse escuchado y no acallado.

-¿Te has portado bien? Si no has sido bueno, los Reyes no te traerán nada.
Sólo carbón…- le dice cualquier familiar o cualquier desconocido con toda
libertad a un niño.

Esos comentarios violentan el fuero interno de muchos niños.

¿Es necesario que los Reyes pregunten si te has portado bien?

Eso significa ir en contra de tus deseos y en favor de los de los demás.
¿Eso es ser “bueno”?

Nadie es malo, nadie es bueno.

Todos somos a veces buenos ante los ojos de alguien. Todos somos malos a
veces ante los ojos de alguien. En nosotros está TODO. Aprendamos a
desprendernos como padres de los juicios de valor y liberemos de una vez por
todas a las nuevas genera­ciones.

Cada vez que nos juzgamos nos violentamos con nuestra Alma.

Cada vez que juzgamos a cualquiera ejercemos violencia.

Nuestra visión de las cosas es una visión influida por la historia de la
humanidad, que es nuestra historia propia.

Los Castigos alejan al niño de Dios. Y del dios que él y ella misma Es.

El Alma del niño recibe y graba esa información.

Los castigos son métodos represores dentro de un sistema que no funciona y
chirría por todas partes.

Los padres de hoy echan mano de lo que recibieron ellos mismos en su
momento. Cuando uno se enfrenta a la paternidad o la ma­ternidad con
creencias antiguas y erróneas sobre lo que se debe o no hacer como padre o
madre es fácil que surjan los castigos físicos o de otro tipo.

Los castigos de cualquier tipo no son necesarios, de hecho son totalmente
perjudiciales para el Alma Infantil.

Es importante que nos deshagamos de la culpa si hemos casti­gado a nuestros
hijos. Pero más importante es aún que dejemos de castigarlos.

En el seno de una familia que Sabe del Amor Incondicional de Dios y del Amor
Incondicional de todos los miembros que la ha­bitan, no cabe ningún tipo de
castigo, físico o no.

Los castigos para el Alma del niño son muestras de no Amor.

“Entonces, ¿como respetarán lo importante?, ¿cómo me harán caso?” –pregunta
alguien.

Si eliges el camino del miedo, la represión, el control y la descon­fianza
en tus hijos, aparentemente te harán caso, mas en el fondo aprenderán a
esconderse de ti, de ellos mismos. Y plantarás la semilla de la mentira, el
odio, el rencor, la culpa…

Cuando un niño realiza una acción que su padre o madre deciden castigar, es
preferible observar la acción dentro de su contexto: ¿qué ha llevado a ese
niño a emprender esa aventura?, ¿sabía que eso sería desaprobado por sus
padres?, ¿cómo se sentía para llegar a preferir realizar algo prohibido?

Muchas veces esas acciones infantiles esconden enfados, tris­tezas…

Un niño feliz, en una familia feliz, no es un niño que necesite cas­tigos.

Un niño infeliz, en una familia desdichada, no es un niño que en­cima
necesite castigos.

Todos los niños del mundo necesitan lo mismo: AMOR, Respeto profundo por lo
que fueron, son y serán.

Cuando suena la alarma del “mal comportamiento” de un niño, conectemos la
alarma que nos indica cómo se encuentra el Alma de ese niño y el Alma de la
Familia entera.

Como padre o madre conecta contigo, con cómo estás tú y per­mítete darte
cuenta de que tus hijos son sabios. Confía en ellos, respétalos. Pero eso es
sólo una parte… La otra es confiar en ti mismo, en ti misma y respetarte.

Respeto en lo más profundo.

Respeto desde ese adulto capaz de conectarse con su vivencia

A priori, según una idea limitante, unos padres deben mostrar e inculcar a
su hijo cómo son las cosas de esta vida.

La idea de que “unos padres deben educar a su hijo” permítete dejarla en
interrogante, al menos hasta después de la lectura de este libro. Pues
quizás necesites revisar esta idea para ser feliz como padre o madre y para
permitir que tu hijo lo sea.

A veces ocurre que unos padres, capaces de abrirse realmente a la
experiencia de acompañar a ese Ser que les ha elegido como compañeros de
viaje, se permiten ampliar su propia visión de las cosas.

La paternidad y la maternidad son experiencias únicas para trans­formarnos,
reescribirnos y realinearnos con nuestra Alma.

A veces llega un hijo y se abre una puerta hacia lo desconocido. Podemos
ofrecer nuestras resistencias a lo que ahora las cosas son, o bien, podemos
elegir reinventarnos y reinventar nuestra Vida.

Puede que antes de la llegada de tu hijo ya tuvieras muchas ideas sobre lo
que necesita un niño o una niña de sus padres. Puede que incluso te hubieras
especializado universitariamente en pe­dagogía o psicología infantil. Pero
ante tu hijo te das cuenta de que esas ideas no ayudan a vuestra felicidad.

A mayores ideas preconcebidas de los niños, más necesidad de revisarlas e
incluso a veces de desaprenderlas.

Este libro te habla de permitir que tu hijo se construya a su manera su
felicidad. Y también de que tú reconstruyas la tuya.

Aunque a lo mejor es necesario tirar al suelo alguna torre (pen­samientos,
actitudes, decisiones) que hiciste en otro tiempo con esmero y dedicación.
Esa torre no te sirve. La llegada de tu hijo te permitirá quedarte con los
cimientos de lo que realmente es útil aquí y ahora.

Sobre esos cimientos, si tú quieres, construirás tu nueva vida.

Una vida rebosante de felicidad, si tú lo permites.

Ante la maternidad y la paternidad:

Flexibilidad cuando corresponda…

Firmeza cuando sea necesaria…

Adaptación ante los cambios…

Aflojarse ante las resistencias (propias o ajenas)…

Que nuestros egos cedan primero…

Abrirse a ideas ilimitadas…

Es una Gran Oportunidad para crecer, como lo son otras crisis vitales.

La Vida es cambio continuo y lo que te dio la felicidad ayer es diferente a
lo que te la dará mañana. Tu mismo/a eres diferente. ¿Acaso tus células no
se van regenerando continuamente?

Desapegarse de una idea inamovible sobre nosotros mismos nos ayuda y ayudará
a nuestros hijos.

Extracto del libro “Pintará los soles de su camino” de Cristina Romero, publicado por Editorial Círculo Rojo,
seleccionado por Lola Feliu

Para conseguir el libro en formato físico por 15,95€ clica AQUÍ

Para descargártelo gratuitamente en formato pdf… clica AQUí

¡GRACIAS!

Cristina Romero

www.DespertarEnLaLuz.com

6 Responses

  1. Blogs de papás y mamás (LXVIII) | tubesalud.com Says:

    […] Despertar en la Luz es el blog de Cristina Miralles, que es también autora de un libro que ya os recomendamos en su momento, “Pintará los soles de su camino”, del que ofrece un extenso fragmento precioso. […]

  2. Blogs de papás y mamás (LXVIII) | Deporte a Full Says:

    […] Despertar en la Luz es el blog de Cristina Miralles, que es también autora de un libro que ya os recomendamos en su momento, “Pintará los soles de su camino”, del que ofrece un extenso fragmento precioso. […]

  3. MaGiA dEl mOmEntO Says:

    ¡has desempolvado mis alas!
    de todo corazón gracias por este libro.
    Compartiré este hallazgo con mis contactos.
    Abrazossss

  4. admin Says:

    🙂 Gracias!!! A mi me encantó descubrir tu página Crianza Corporal!!!!!!!!!! Abrazos;))))

  5. Edgar Chacón Says:

    Por favor como puedo comprar el libro de “Pintará los Soles de su camino” dese Ciudad Bolívar?

  6. Edgar Chacón Says:

    Por facvor como puedo comprar el libro “Pintará los Soles de su Camino” dese CIudad Bolívar.

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